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Nkunda arremete contra las tropas extranjeras mientras se busca una negociación

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El líder rebelde tutsi Laurent Nkunda arremetió hoy contra la presencia de tropas extranjeras en el Congo, en el primer mitin político organizado por la guerrilla tras cuatro meses de combates, mientras las partes enfrentadas en el conflicto estudian una posible negociación promovida por la ONU.

Ante miles de seguidores congregados en Rutshuru, la mayor de las poblaciones de la provincia oriental de Kivu Norte ocupada por la guerrilla a finales de octubre, Nkunda criticó a los "cascos azules" de la Misión de la ONU en el Congo (MONUC) que, con 17.000 soldados, que se ampliarán a 20.000, es la mayor de este tipo en el mundo.

Para Nkunda, el refuerzo de la misión no supondrá mayor seguridad para la República Democrática del Congo (RDC), con cuyas fuerzas Armadas combaten sus guerrilleros, sino que resulta "inaceptable".

"Mandan 3.000 'cascos azules' más y ustedes aplauden. Se están engañando", dijo el líder de la rebelión, quien considera que las fuerzas extranjeras no pueden garantizar la seguridad de Kivu Norte.

"Debemos unirnos y trabajar por nuestra propia seguridad", agregó Nkunda, quien dijo que hay dos posibilidades para los congoleños: "Apoyar la rebelión para realizar la revolución o callarse con la MONUC".

También acusó al Gobierno de Kinshasa, que preside Joseph Kabila, de gastar el dinero de los congoleños en armar milicias y guerrillas para combatir a su grupo, el Congreso Nacional para la Defensa del Pueblo (CNDP), en lugar de dedicarlo a pagar salarios a los profesores o médicos.

"Hay gente organizada (por el Gobierno) para combatir a Nkunda", señaló, en referencia a las milicias locales pro gubernamentales mai-mai y el Frente Democrático para la Liberación de Ruanda (FDLR), formado por hutus hostiles al Gobierno de Kigali y acusados de haber participado en el genocidio ruandés de 1994.

Esos grupos pasaron a la RDC y desde entonces Kigali ha acusado a Kinshasa de apoyarlos para formar el FDLR, algunos de cuyos miembros se considera que participaron en la matanza de 800.000 tutsis y hutus moderados que se produjo en Ruanda en cien días de 1994.

Sin embargo, afirmó que el Gobierno "no paga el sueldo a los profesores y, para que curen a sus niños ustedes deben recurrir a las organizaciones humanitarias".

Las tropas de la MONUC han sido acusadas por la mayor parte de organizaciones humanitarias de ineficacia en la defensa de la población civil y actúan en defensa de las tropas del Gobierno legal de Kabila, con apoyo logístico e incluso militar, en contra del CNDP, lo que les ha valido la hostilidad de este grupo.

En una carta difundida hoy, veinte organizaciones no gubernamentales pidieron al primer ministro británico, Gordon Brown, que apoye un despliegue de fuerzas europeas para proteger a los civiles en la RDC, ante la falta de eficacia de la MONUC.

Oxfam, Human Rights Watch y Christian Aid, entre otras ONG, señalaron que dejar que la crisis empeore puede ser "desastroso", puesto que 5,4 millones de personas han muerto por el conflicto en ese país desde 1998, la gran mayoría hasta el año 2003, en un lustro en que en el país se libro una guerra abierta especialmente cruel.

"Le pedimos que asuma el liderazgo internacional necesario para asegurar un despliegue de la UE rápido y a corto plazo y que el Reino Unido asuma la labor que sea necesaria para el despliegue de la fuerza, a fin de cumplir con la promesa del Gobierno británico de proteger a los civiles", indicaron en su misiva.

Por su parte, Kabila, tras reunirse ayer con el presidente de Angola, José Eduardo dos Santos, para tratar del conflicto, también tiene previsto entrevistarse con los gobernantes de Congo Brazaville y Gabón, antes de un encuentro de líderes de la Comunidad de Países del Golfo de Guinea previsto para esta semana.

El representante de la ONU para este conflicto, el ex presidente nigeriano Olusegun Obasanjo, también prosigue sus esfuerzos para reunir a representantes de Kabila y Nkunda, que puedan llegar a acuerdos para dar por cerrada la crisis y favorecer el desarme de las diversas guerrillas que actúan en el este congolés.

Sólo desde agosto, cuando el CNDP reanudó los combates, 250.000 personas han tenido que abandonar sus hogares en el este del Congo y se han unido a cerca de un millón que ya estaban desplazadas en la región.