Publicado: 20.11.2013 09:36 |Actualizado: 20.11.2013 09:36

Las nuevas apuestas de Cristina Fernández

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Esteban De Gori @edegori
Doctor en Sociología, Centro Estratégico Latinoamericano Geopolítico
Alfredo Serrano Mancilla @alfreserramanci
Doctor en Economía, Centro Estratégico Latinoamericano Geopolítico 

En su primer día de aparición —después de un mes de reposo— la presidenta Cristina Fernandez de Kirchner realizó dos cambios fundamentales en su gabinete. Primero, designó como Jefe de Gabinete al Gobernador de Chaco, Jorge Capitanich, y luego hizo lo propio en el ministerio de Economía, donde nombró a Axel Kiciloff. Ambas designaciones obedecen a la lectura que la presidenta y el kirchnerismo realizaron de los últimos resultados electorales, donde —sin duda— la inflación y otros aspectos relevantes de lo económico (como la intervención en el mercado de divisas) tuvieron un peso relativo a la hora de votar.

El nombramiento de Capitanich obedece a otorgar más poder de interlocución y de acceso a las decisiones del poder ejecutivo a los gobernadores peronistas, con un propósito claro, recuperar el territorio y ampliar una base electoral que ha sufrido cierta dispersión en la última contienda electoral. A su vez, esta designación coloca en un lugar central a un gobernador con poder propio y con capacidad para reconstruir el Partido Justicialista y los vínculos con los demás gobernadores. De esta manera, "entran" al Gabinete Nacional los gobernadores peronistas, sus demandas e intereses, sobre todo, aquellos que les permitiría mantener o renovar sus gobernaciones en el año 2015 en que se eligen mandatarios provinciales. En otras palabras, con esta movida ministerial, Cristina Fernández de Kirchner vincula el futuro electoral de los gobernadores a su gestión presidencial logrando un mayor compromiso de estos mandatarios y una articulación de intereses y voluntades que puede resultar eficaz.

En el caso de Kiciloff, existe, por un lado, una apuesta a una mayor integración de los grupos juveniles —La Cámpora— a la dirección de los asuntos públicos y, por otro, una reafirmación y profundización de una mirada heterodoxa, incluyente y mercado-internista del proyecto económico. La Presidenta está optando así por un espacio económico que impulsó la nacionalización de YPF, que reguló el mercado de divisas y que eligió la expansión del mercado interno como forma de redistribución los ingresos y de control de las tasas de empleo. Es una apuesta a más keynesianismo redistributivo acompañado de políticas de reindustrialización para satisfacer la creciente demanda interna; un nuevo impulso a favor un modelo de desarrollo endógeno bien integrado productivamente y comercialmente a nivel regional, con políticas sociales redistributivas e inclusivas que hagan sostenible este reacomodado patrón de acumulación.

A todo esto se le añade, al día siguiente, la sorpresiva renuncia de Guillermo Moreno, Secretario de Comercio Interior, una suerte de dueño del sistema de importaciones, con un poder real en la relación económica de Argentina con el resto del mundo. Ha sido, sin duda, el enemigo número uno tanto de las corporaciones importadoras como de aquellas transnacionales que no podían sortear con facilidad las barreras para arancelarias (a lo Guillermo Moreno). El antagonismo al dogma del libre comercio era él; el Señor Guillermo Moreno. Esta renuncia parece responder a dos grandes razones: el rechazo electoral que supo construir la oposición así como el pedido de ciertas corporaciones empresariales. De esta manera, en una misma renuncia, el Gobierno Nacional complace a ambos sectores y desplaza a una figura que no había logrado grandes avances en problemas económicos como la inflación, pero sí en avanzar en modelo de desarrollo más endógeno aunque fuera con prácticas todas ellas sancionadas por el CIADI, y otros organismos internacionales. Esto no debe suponer mecánicamente un cambio de rumbo económico sino el desplazamiento de un funcionario cuestionado por la oposición que tuvo cierto impacto negativo en las últimas elecciones. Tal vez, su renuncia es el gesto más contundente de la última derrota electoral. Para usar una metáfora ajedrecista, el jugador entregó el "peón" pero no la partida.

Las nuevas designaciones —la cuales siguieron otras en otros espacios económicos, como la jefatura del Banco Nación y en la inaugurada Unidad Ejecutora de Reestructuración de Deuda— y la mencionada renuncia intentan articular una estrategia para el 2015: recuperación del poder territorial [obstaculizando cualquier "fuga" de lealtades por parte de los gobernadores e intendentes], profundización de medidas económicas inclusivas y redistributivas y un intento de pacto light para rebajar cierto clima de confrontación. Éstas constituyen el "signo demostrativo" de la lectura postelectoral de un oficialismo que está tratando de transformar una derrota en un plataforma política que le permita seleccionar un sucesor a Cristina sin grandes erosiones a su conducción. En principio, aparece una fórmula política —un gobernador con experiencia, miembro de la estructura del partido justicialista y con poder propio como Capitanich y un Kicillof representante de los espacios juveniles y de una visión económica que busca ampliar los horizontes neokeynesianos—, la cual si ésta tuviera éxito en estos dos últimos años podría establecerse como "modelo" para organizar una sucesión presidencial. Entonces, podemos observar en las decisiones de Cristina Fernández de Kirchner la búsqueda de un "equilibrio" o un mix político que combine "peso territorial y electoral" de los gobernadores y el surgimiento y avance de nuevos sectores juveniles en la estructura estatal. Ampliación del "poder territorial y de la interlocución con los gobernadores" más reconducción económica parecen ser las claves de un kirchnerismo que ha decidido llegar a 2015 con una estructura política y con una opción electoral para continuar en el gobierno nacional.

A todo esto, cabe sumarle que Cristina Fernández de Kirchner, a su vez, introdujo algunas dimensiones simbólicas a destacar. Primero, se "sacó" el luto, lo que podría entenderse como el inicio de una "nueva etapa" personal y política. Segundo, presentó varios regalos que recibió mientras mantenía reposo, tal vez, el más significativo fue un perro que recibió de Adán Chávez, por pedido del ex presidente Hugo Chávez. La presentación del perro "Simón" sirvió para reafirmar la estrecha relación que el gobierno argentino mantiene con el proyecto bolivariano y con un bloque de poder regional. Con este gesto y con las felicitaciones de Cristina Fernández de Kirchner al triunfo electoral de Bachelet se reafirma la voluntad de consolidar el MERCOSUR y la UNASUR, sobre todo, en momentos de tensiones políticas entre Argentina y Uruguay, y ante la posibilidad de que algunos países de la región amplíen sus estrategias de firma de tratados de libre comercio.