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El nuevo primer europeo de Atapuerca

El pasado evolutivo se pone al día

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En 2007 el yacimiento arqueológico de la sierra de Atapuerca sacó a la luz la parte inferior de una mandíbula asociada a la especie Homo Antecessor, habitantes de esa sierra hace mucho tiempo: entre 1,2 millones y 800.000 años. El pasado mes de abril, José María Bermúdez de Castro, codirector del yacimiento, hizo públicas las conclusiones del estudio en profundidad de ese fragmento. Arroja más incertidumbres que respuestas, pero sobre todo abre un nuevo marco en el que desarrollar las investigaciones. La mandíbula, de 1,3 millones de años, no pertenece a un Homo Antecessor.

La pieza muestra rasgos más primitivos que los del Antecessor, lo que le emparenta con los restos aparecidos en Georgia en 2002 y catalogados como Homo Georgicus, habitante del Cáucaso hace 1,8 millones de años aproximadamente. La cara interna, por contra, muestra rasgos mucho más desarrollados muy similares a los de los homí-nidos más modernos. El individuo encontrado, que fue devorado, probablemente, por una tribu rival, muestra un escaso refinamiento en su masticación, que, de hecho, es catalogada por los expertos como agresiva. Consecuencia de ese hábito, los dientes giraban dentro de los alveolos, el espacio en el que los dientes están insertados, y para compensarlo generaban más cemento dental y crecían durante toda su vida para evitar el desgaste. El estudio del estado dental también muestra que la comida que ingería nuestro antepasado no estaba cocinada, lo que indica que no conocía el uso del fuego. El hecho más curioso que se desprende del primer análisis es el uso de un primitivo palillo de dientes que se observa en las marcas de desgaste consecuencia de su uso.

La mandíbula encontrada en 2007 y analizada desde entonces hasta el pasado abril podría pertenecer a una nueva especie, la más antigua de Europa

Estos datos avivan la necesidad de seguir leyendo el libro de la evolución humana que es Atapuerca. Confirmar la existencia de una nueva especie en la sierra burgalesa podría mostrar a los primeros habitantes de Europa, e incluso reconfigurar los conocimientos actuales sobre el origen de estos, cambiando su lugar de origen de África a algún otro punto de Asia desde donde emigraron hacia Europa. El hallazgo de Atapuerca abre, por tanto, más incógnitas que las que cierra, pero ser capaces de intuir los datos que pueden arrojar las próximas campañas de excavación ya supone un gran avance en el conocimiento de nuestro pasado más remoto.

La investigación lleva en marcha desde 1978, cuando Trino Torres comenzó las excavaciones en la sierra de Atapuerca. Treinta años de trabajo ininterrumpido han convertido el yacimiento burgalés, considerado como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, en un referente mundial en el campo de la paleontología. En el recinto de la Gran Dolina han aparecido los restos de los homínidos más antiguos de la Península Ibérica, el Homo Antecessor, mientras que en el recinto de la Sima de los Huesos otro antepasado, el llamado Homo Heidelbergensis, realizaba actividades cotidianas, por tanto, allí ha aparecido una mayor cantidad de datos. La parte inferior de la mandíbula, hallada en 2007, apareció en el recinto denominado Sima del Elefante, uno de los espacios menos trabajados hasta la fecha.