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Obama desata la diplomacia

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En las relaciones con Irán, 'la Administración Bush nos obligaba a negociar con una mano atada a la espalda', reconocía hace poco en privado un alto diplomático europeo encargado del dossier iraní.

El anterior presidente de Estados Unidos no sólo colocó a Teherán en el Eje del Mal, sino que su lenguaje se limitó a hablar de 'palos y zanahorias', algo que ofendía profundamente a los dirigentes iraníes. Como replicó el presidente del Majlis (Parlamento), Ali Larijani, 'eso es lo que se utiliza con los asnos'.

Es idiota esperar que las sanciones dobleguen a un régimen con ingentes ingresos petrolíferos

Lo que sí era una auténtica burrada era pretender retorcer el brazo de la República Islámica para obligarla a renunciar a su programa nuclear, a cambio de vagas promesas de intercambios comerciales. Igual que es idiota esperar que las sanciones económicas vayan a doblegar a un régimen religioso cuyos ingresos petrolíferos en los últimos cuatro años han superado los 200.000 millones de euros, más de todo lo que ganó por ventas de crudo en las cuatro décadas anteriores.

Ahora, la caída de los precios de los carburantes y el fracaso de la doctrinaria gestión económica del presidente iraní, Mahmud Ahmadineyad, facilitarán la negociación con el Gobierno iraní. Pero para abrir un diálogo hay que empezar por hablar sin ofender, y eso es lo que acaba de hacer Barack Obama al ofrecer 'un nuevo comienzo' fundamentado en 'el respeto mutuo'.

Bien ha dicho que 'ese proceso no avanzará con amenazas', porque Teherán entenderá perfectamente que se pone fin a la amenaza de acciones militares como la que Israel estuvo a punto de desencadenar a finales del año pasado (y que Bush detuvo, asustado de hasta dónde estaba conduciendo su propia temeridad) pero que también significa que Irán debe dejar de intimidar a sus vecinos.

Para abrir un diálogo hay que empezar por hablar sin ofender, y eso acaba de hacer Obama

En Teherán, Obama provoca una auténtica fascinación (aparte de que es imposible sobrevalorar la antipatía personal que despierta Bush entre los iraníes) porque es totalmente diferente de los presidentes con los que se ha enfrentado en los últimos 30 años.

Aunque eso también implica que el nuevo inquilino de la Casa Blanca preocupa al régimen iraní, puesto que se teme todo lo que no se conoce. A la mentalidad defensiva y aislacionista de una gran civilización, invadida una y otra vez durante 2.500 años, se suma el espíritu rebelde del chiismo, plasmado en el curioso eslogan de la República Islámica: '¡Que los oprimidos derroten a los opresores!'

Bajo esa perspectiva, el Gran Satán era hasta ahora el opresor universal, el paradigma de lo que había que derrotar. Pero, al mismo tiempo, los negociadores europeos se encontraban en Teherán con que 'los iraníes con quien de verdad querían establecer buenas relaciones era con Estados Unidos, no con Europa', según confesaba aquel diplomático europeo.

En Teherán, Obama provoca fascinación porque es diferente de todos los presidentes

Con eso en mente hay que juzgar la rápida respuesta a Obama de que 'Irán puede olvidar el comportamiento precipitado de Estados Unidos', aunque 'está esperando que de pasos prácticos' para restaurar las relaciones.

Si tan importante es para los iraníes el lenguaje, también lo es que Obama se aparte tan claramente de la línea militarista de los halcones israelíes, cuyo sangriento fracaso en Gaza parece no haberles hecho entrar en razón y pretenden mantener contra Irán la misma política de cañoneras con la que Bush se estrelló en Irak.

Los que conocen personalmente al líder supremo, el ayatolá Ali Jamenei, que es quien de verdad manda en Irán, sostienen que está abierto a alcanzar un acomodo con Estados Unidos que permita a Irán seguir enriqueciendo uranio a cambio de proporcionar 'garantías objetivas' de que no lo empleará para producir armas atómicas.

Pero para que se pueda concretar un pacto así es primero indispensable que se mitigue la tremenda desconfianza mutua que enfrenta a los dos países. Y probablemente sea Obama el único capaz de tener éxito en tan ardua conciliación.

Si fracasa, estaremos abocados al espanto de otra guerra.