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Obradovic, el ajedrez que idolatra el Madrid

Radiografía, según los jugadores con los que ganó la Euroliga en 1994

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En la memoria del Madrid, tiene asegurado el respeto. Incluso la idolatría. 'Desde el primer día que conoces a Zeljko (Obradovic) te cautiva', asegura Arvydas Sabonis. 'Tiene una especie de don que te convence para seguirle a donde te diga'. En su día, en la Final Four de Zaragoza en 1994, aquel grupo compuesto por el propio Sabonis, Arlauckas, Antúnez, García Coll, Antonio Martín, Isma Santos, Lasa y Cargol se comprometió con la exigencia del técnico balcánico para firmar la última Euroliga del Madrid. 'Ese título fue el objetivo que nos marcamos a principios de año', reitera el lituano.

Un compromiso que vuelve a unificar los destinos del Madrid y Obradovic. Pero el escudo que les separa esta noche (20:45 h) en Vistalegre sólo aumenta la admiración de su antiguo grupo hacia el técnico de las siete euroligas. 'Tres años con él, como yo los viví', recuerda José Miguel Antúnez, 'son como seis años con otro técnico'. 'No distinguía los entrenamientos de los partidos. Siempre nos exigía lo máximo a cada uno como vía de llegar a la optimización del rendimiento colectivo', explica Javier García Coll. Él, el Rata, fue uno de los jugadores que mejor feed back construyó con esa filosofía de esfuerzo. A pesar de sus limitaciones técnicas frente a otros jugadores de aquella plantilla, Obradovic le llenó de protagonismo en el quinteto titular de la final del 94 ante Panathinaikos.

'Zeljko es así. Muy justo con quienes se sacrifican'

'Zeljko es así. Muy justo con quienes se sacrifican. Es el peaje que impone para ganarse su confianza', asegura Antúnez, quien sólo pudo salirse de la disciplina táctica del técnico serbio reiterándole su complicidad a diario. 'Cuando él se fía de ti, te deja que empieces a dialogar sobre los sistemas y las soluciones. A Zeljko le encantan esas negociaciones', ahonda el ex base. Spanoulis, Tepic y Diamantidis son los protagonistas de esos diálogos actualmente en Panathinaikos. Estos tres jugadores son quienes sufren, en mayor medida, la máxima que Antúnez tiene grabada a fuego tras su etapa con Obradovic. 'Recuerdo que siempre nos decía que debíamos acabar un partido doliéndonos tanto la cabeza de pensar como las piernas de correr'.

Porque en el entrenador serbio lo individual es el único exponente para llegar al todo. 'Pocos técnicos saben cómo unificar en una idea la diversidad de los jugadores. Ese ha sido siempre su secreto', dice Sabonis, 'saber crear equipos, equipos ganadores'. Un concepto que debe equilibrar estrategias y matices constantemente. 'Para él, el baloncesto es como una partida de ajedrez, que cada movimiento tiene su sentido. Por eso, todos los detalles cobran mucha importancia', ahonda Antúnez. 'Por eso', prosigue el base, 'si no estás a lo que tienes que estar, te castiga duramente llevándote al banquillo y después te echa una buena bronca'. 'Pero hasta en eso', relata García Coll, 'es un técnico diferente a otros. En mi época, sabía medir mucho los momentos en los que apretar a la gente y levantar la voz'.

Una personalidad que, junto al carácter, desprende el mismo margen de suficiencia que Messina. 'Los dos se han ganado con títulos y fracasos esa prominencia. Y los jugadores, lo sabemos. Cuando les tienes en el banquillo', sostiene Antúnez, 'estás convencido de que te van a sacar de los peligros'. Una infalibilidad que hoy debe hacer su elección.