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La pantera rosa ataca de nuevo

Zapatero y Rajoy y las medidas "antipáticas" e "impopulares"

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Sostiene Alberto Ruiz-Gallardón, en referencia al traspié de Esperanza Aguirre, que los micrófonos indiscretos registran la 'autenticidad de los sentimientos'. Y afirma que él se fía de Mariano Rajoy porque el líder del PP siempre le ha dicho en privado lo que declara en público. Y cuando Rajoy habla de Zapatero, en público o en privado, es coherente. Uno tiene la impresión de que está hablando del célebre inspector Clouseau (Peter Sellers) de la Sureté francesa, aquel que enfundado en su gabardina y sus extravagantes disfraces sobrevive no se sabe cómo a sus inefables torpezas para desesperación de su superior, el inspector jefe Dreyfuss. (Herbert Lom). Todo se va derrumbando alrededor de Clouseau, pero el inspector logra salir ileso.

Una de las películas más desopilantes de la saga de Blake Edwards es La pantera rosa ataca de nuevo. Dreyfuss ha enloquecido y con varios tics, entre ellos el de los ojos que se le cruzan, se recupera en un hospital psiquiátrico, a causa de las torpezas de Clouseau. Allí toda su obsesión es acabar con Clouseau. Hay escenas desternillantes, como aquella en que confunde una pistola auténtica con un mechero. Y si Zapatero es el inspector Clouseau, Rajoy es la viva imagen de Dreyfuss, incluso, con el gag de la pistola y el mechero. Es lo que supone esgrimir como arma la recomendación que hizo Rajoy en el debate económico al grupo parlamentario socialista de apartar a Zapatero como presidente del Gobierno.

Zapatero extendió la red que finalmente ha bloqueado a Rajoy a partir de su audiencia con el rey el martes 9 de febrero. Allí, le explicó que la crisis griega y la alta volatilidad de los mercados exigían una defensa de la solvencia y la capacidad de la economía española para cumplir con sus compromisos y exigían un pacto de Estado de partidos e instituciones. El rey ya había hecho referencia a la necesidad de acuerdos por encima de las diferencias políticas. Don Juan Carlos acogió la idea con entusiasmo. Y en la primera de cambio, el jueves 11, dos días después de su encuentro con Zapatero, se lanzó al ruedo. En varios contactos posteriores el rey insistió en un acuerdo.

La táctica del pacto busca cubrir uno de los frentes más frágiles que Zapatero teme. Y es el aprovechamiento de las crecientes necesidades de financiación internacional del déficit público de la economía española por parte de los mercados financieros. O, como dijo el portavoz del PNV Josu Erkoreka en el debate, el riesgo de que España sea una 'Grecia dos'. Y de paso aislar al PP.

Rajoy acudió al debate en un ambiente estropeado, pero nunca pensó que una táctica ensayada por enésima vez desde la Moncloa cobraría semejante vuelo. Prefirió, pues, posponer su recetario de medidas económicas de alternativa, según fuentes fidedignas, ante la certeza de que Zapatero le llamará en algún momento. Por eso, se limitó a atacar.

Tanto el presidente como el líder de la oposición han hablado de la necesidad de adoptar medidas 'antipáticas' e 'impopulares'. Hay un pequeño gran problema: ¿haber pasado de una tasa de desempleo del 8% a casi el 20% en dos años, es decir, 4,3 millones de parados, no les parece a ambos líderes un plan de ajuste y estabilización antipático e impopular?