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El Papa, satisfecho por la entrada en vigor de la prohibición de bombas de racimo

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El papa Benedicto XVI expresó hoy su satisfacción por la entrada en vigor este domingo de la Convención de Oslo que prohíbe el uso y almacenamiento de las bombas de racimo, armas que causan, según el Pontífice, "daños inaceptables" a los civiles.

"Deseo expresar mi total satisfacción por la entrada en vigor, justo hoy, de la Convención sobre la prohibición de las bombas de racimo, que provocan daños inaceptables a los civiles", dijo Benedicto XVI desde la residencia de Castel Gandolfo, al sur de Roma, durante el rezo del Ángelus dominical.

"Mi primer pensamiento va hacia las numerosas víctimas que han sufrido y siguen sufriendo graves daños físicos y morales, incluso la pérdida de la vida, a causa de estos insidiosos explosivos, cuya presencia en el terreno a menudo obstaculiza durante mucho tiempo la recuperación de la actividad cotidiana de comunidades enteras", añadió.

La Convención sobre las Municiones de Racimo, firmada en Oslo en diciembre de 2008 y que no ha entrado en vigor hasta que no ha sido ratificada por, al menos, 30 países, fue uno de los temas que el Pontífice abordó este domingo desde la residencia papal en la que pasa el verano.

"Con la entrada en vigor de la nueva Convención, a cuya adhesión exhorto a todos los Estados, la comunidad internacional ha demostrado sabiduría, amplitud de miras y capacidad de perseguir un resultado significativo en el terreno del desarme y del derecho humanitario internacional", afirmó el Papa.

"Mi deseo y ánimo -agregó- es para que se prosiga, siempre con mayor fuerza, por este camino, por la defensa de la dignidad y de la vida humana, por la promoción del desarrollo humano integral, por el establecimiento de un orden internacional pacífico y por la realización del bien común para todas las personas y pueblos".

El Pontífice saludó también en español a los peregrinos que se desplazaron hasta Castel Gandolfo para rezar el Ángelus e invitó a moderar el afán por los bienes materiales, que "no lo son todo en la vida".

"El hombre necio en la Biblia es quien no quiere darse cuenta, desde la experiencia de las cosas visibles, que nada dura para siempre, sino que todo pasa: la juventud y la fuerza física, las comodidades y el poder", incidió el Obispo de Roma.

"Hacer depender la propia vida de realidades tan pasajeras es, por tanto, necedad. El hombre que confía en el Señor, sin embargo, no teme las adversidades de la vida, ni siquiera la realidad ineludible de la muerte", agregó.