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Pasión por el poeta José Emilio Pacheco en la Feria del Libro de Guadalajara

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A sus 70 años, el poeta mexicano José Emilio Pacheco cuenta con una cadena interminable de premios y agasajos, a los que ayer añadió el cálido homenaje de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL).

"Ese poema no es mío, es de Jaime Sabines, pero no importa", le dijo el maestro a una señora que le pidió que recitara.

Como si se tratara de un cantautor a quien el público pide canciones, los asistentes le pedían que los deleitase con sus poemas predilectos. Con más calma que en el concierto de un artista de moda, pero con idéntica pasión

Así acababa un abrazo de dos horas comenzado con ovación y batir de palmas. La explosión se registró nada más entrar el poeta en la sala central de la FIL, reservada a los eventos troncales de la feria, la mayor cita editorial del mundo hispano (500 escritores, casi 2.000 editoriales, 600.000 asistentes en 2008).

"¿Cómo se puede identificar una muchacha de 2009 con un poema que narra cosas de los 50?", se maravilló Pacheco ante la petición formulada por una madre para que le diera una firma a su hija de 14 años, casi enamorada de un poema.

El autor tuvo a su lado en el estrado a uno de sus editores de siempre, Marcelo Uribe, así como a varios compañeros de profesión como Darío Jaramillo y Vicente Quirarte, quienes leyeron composiciones escogidas del homenajeado.

Éste no dejaba de asombrarse por las elecciones: "ese poema es de mayo del 58, ni siquiera había cumplido los 19, había hecho antes cientos de intentos malísimos que afortunadamente nadie publicó", dijo ante uno de los textos recitados.

"Casi todos los que han elegido son poemas en los que nadie se había fijado, esa es la maravilla de la poesía, cada persona escoge sus propios poemas", dijo el escritor, nacido en Ciudad de México en 1939.

Entre sus galardones están el Reina Sofía de Poesía, el Xavier Villaurrutia, el Nacional de Periodismo Cultural, el Ariel cinematográfico y bastantes más, coronados en este 2009 con un homenaje nacional en México.

Ironizó sobre el tamaño de su obra poética recopilada, 838 páginas: "no es fecundidad, son los muchos años transcurridos, dividiéndolo entre 50 años es bastante mínima y perezosa".

A la salida del acto, en la pequeña mesa donde siempre se venden los libros presentados, los poemas de Pacheco desaparecían como acciones en alza en el mercado de valores.

La pequeña marabunta de lectores potenciales manoseaba los volúmenes, al estilo del que juzga la fruta en el mercado para escoger la más jugosa, y animados por la excelente relación genialidad-precio, se iban con él para casa.

Para Pacheco -poeta, ensayista, guionista, narrador, traductor- escribir un buen texto es algo "casi imposible".

"Cada vez que uno se pone a escribir es absolutamente la primera, de nada sirve la práctica", dijo. La lección la aprendió con los años, ya que antes pensaba que, a los 40, o a los 50, el bagaje acumulado le ayudaría a mejorar una técnica.

Sus amigos poetas leyeron sus líneas magistrales -no por clásicas- y el homenajeado, casi con rubor interno por el bombardeo nuclear de admiración enriquecida que le llegaba del patio de butacas al fin de cada poema, se esforzaba en sacarse fallos.

"Hay una rima interna que no debería estar ahí: puertos, desiertos...", intentó tras un poema, pero no funcionó: volvieron a aplaudirle como locos.

"José Emilio, te queremos mucho y estamos muy felices de que estés aquí". Se lo había dicho al principio la directora de la FIL, Nubia Macías, mirándolo cariñosamente; y al final del homenaje, el autor había podido comprobar perfectamente que en verdad era así.

Juan Ramón Peña