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Planeta Auschwitz

La edición por primera vez de los Cuentos completos de Primo Levi incluye varios inéditos póstumos

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Leer a Primo Levi (1919-1987) es una actividad extraña: parece que sólo se puede hacer mientras uno carga una pesa mochila a la espalda. Y el zurrón viene lleno hasta los topes: que si Levi estuvo en un campo de concentración nazi, que si sobrevivió para contarlo, que si es un referente ético

Razones que deberían invitar a la lectura pero que, por una serie de motivos difusos, relacionados quizás con cierto exceso de productos culturales sobre el Holocausto, acaban echando para atrás. Visto lo visto, no parece mala idea entrar en la cabeza del hombre que escribió los testimonios definitivos sobre el Lager, del titán cuya grandeza moral amenaza con aplastarnos contra el sofá, usando la puerta de atrás de sus relatos, reunidos por primera vez en el volumen Cuentos completos, que el Aleph publicará en septiembre.

Y que conste que no se trata de tomar un atajo o seguir una ruta turística literaria hacia las cámaras de gas: Auschwitz también está en sus cuentos, aunque en ocasiones no lo parezca.

El propio Levi debía estar cansado de ir por la vida cargando con el peso de ser el propietario del testimonio crucial sobre los campos de exterminio porque, en 1966, tras escribir Si esto es un hombre (1947), donde contaba su cautiverio, y La tregua (1963), sobre su azaroso retorno a Italia tras ser liberado, publicó su primer libro de relatos, Historias naturales (1966), bajo el seudónimo de Damiano Malabaila.

Publicar sin seudónimo en aquel momento 'hubiera sido escandaloso', explicó Levi años después. 'No hubiera podido, yo, el escritor de Si esto es un hombre, ponerme a contar anécdotas e historias fantásticas. Propuse entonces un seudónimo al editor, que aceptó con entusiasmo pensando tal vez en inventar conmigo un caso literario. Después no sucedió nada y retomé mi nombre real'.

¡Acabáramos! El honorable superviviente judío de la maquinaria nazi de exterminio perdiendo el tiempo con relatillos de medio pelo ¡Dónde vamos a ir a parar! Pero Levi lo tenía claro: no eran relatos de ciencia ficción en sentido estricto, 'si por ciencia ficción se entiende futurismo, la fantasía futurista barata. Estas historias son más posibles que muchas otras', explicaba.

Y lo posible no era otra cosa que, por poner algunos ejemplos de sus relatos, los programas de manipulación genética (Mariposa angelical); los sistemas de censura controlados por una máquina que manda a un historiador militar al patíbulo tras confundir retén con sostén (Censura en Bitinia), el descubrimiento de un parásito específico de los coches que puede llegar a afectar al funcionamiento del vehículo... y al propio conductor (Cladonia Rapida), o el invento de una sustancia que convierte el dolor en placer y que, paradójicamente, acaba provocando la muerte de toda aquella persona o animal que se la inyecte, que se entregan a una dolorosa experiencia placentera:

'Se hería las patas y la cola con insensata ferocidad, pues parecía que no tuviera otra misión que la de destruirse. Tuve que meterle en la boca un tapón de goma, y lo alimentaba a base de inyecciones. Entonces aprendió a correr por la jaula y a pegarse golpes contra los barrotes con todas sus fuerzas. Tuve que atarle incluso las patas, pero no se quejaba; al contrario, meneaba la cola apaciblemente todo el día y toda la noche, porque no dormía nunca', escribe en Versamina.

Es decir, que lo posible en Levi no es otra cosa que el horror de lo posible 'experimentado en el universo trastornado de Auschwitz, donde la racionalidad y la irracionalidad han intercambiado sus papeles y dado lugar a una realidad horrenda', explica Marco Belpoliti, autor del prólogo a sus Cuentos completos. En efecto, los relatos del escritor, independientemente del género (fantástico, jocoso, autobiografía, pastiche) o del tema a tratar, aluden de un modo u otro al siniestro experimento biológico y social del nazismo.

Pese a los recelos primeros de un Levi disfrazado de Malabaila, no hubo necesidad de que el autor diera muchas más explicaciones a su deriva fantástica: 'Los críticos más atentos comprendieron inmediatamente que entre sus cuentos de ciencia ficción, incluidas las bromas que aparecen en ellos, y las páginas dedicadas al Lager existía un estrecho parentesco', cuenta Belpoliti.

Porque después de pasar por el campo de exterminio 'el problema de Levi ya no es qué contar sino cómo hacerlo. Se vio obligado a convertirse en un escritor experimental. Utilizó todos o casi todos los géneros a su disposición en los que verter su propio material incandescente. Por eso, cada relato de Levi posee un carácter paródico: no pone en duda la realidad, como hace la ficción, sino que la cuenta mediante un esto es demasiado', añade Belpoliti.

Y el brutal contraste entre la exageración de lo que cuenta y la serenidad y el distanciamiento con el que lo hace vuelve a recordarnos el compromiso ético del autor, que renunció a jugar las cartas del victimismo o del sionismo más histriónico ('Me han convertido en un judío. Antes de Hitler era un chico burgués italiano') para apuntarse a las causas de la razón ('Haber presenciado el naufragio de la razón, no debe llevar a una rendición') y la lucha:

'La indignación sí persiste, pero digamos que ahora está ramificada. Sería estúpido hoy continuar viendo el enemigo sólo ahí, como el nazi, aunque para mí siga siendo el principal. No eran buenos tiempos los de mi juventud, pero tenían la gran ventaja de que eran nítidos. La alternativa amigo/enemigo era muy nítida y la elección no era difícil. Hoy las cosas cambiaron. Por eso, también la indignación persiste pero erga omnes. Contra muchos, no sólo contra aquellos', zanjó Levi.