Publicado: 01.11.2014 18:13 |Actualizado: 01.11.2014 18:13

"Se puede conseguir un planeta sostenible sin abolir el capitalismo"

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Monica Frassoni es una política italiana de orientación ecologista que ha pertenecido a diversos partidos. Desde 1990 ha sido consultora experta en asuntos institucionales del grupo verde europeo. Ha sido europarlamentaria en dos ocasiones. En 1999 fue elegida como representante para la eurocámara por el partido belga Ecolo. En 2004 es elegida de nuevo, aunque esta vez en Italia junto a la Federación de los Verdes. En diciembre de 2010, fue incluida entre los 100 mejores 'pensadores globales' por la influyente revista Foreing Policy

Ahora preside el Partido Verde Europeo y defiende las ideas del Green New Deal como estrategia global para poner fin a las crisis que afectan a la economía, el clima, el medio ambiente y la justicia social.

¿En qué consiste el Green New Deal?

El Green New Deal es un programa de reconversión económica y social muy ambicioso que tiene como principal premisa ser válido para toda Europa. No estamos de acuerdo en que la Unión Europea tenga que mantener una división de pobres y ricos entre norte y sur. El proyecto es válido para finlandeses y españoles por igual.

Este plan se hace cargo de problemas importantes como el cambio climático y el impacto que este tiene sobre nuestro modelo económico. Con el Green New Deal podemos frenarlo y buscar nuevas pautas de desarrollo económico y social. Podemos hacernos cargo del problema de la falta de recursos y hacer fuerza para ir hacia un futuro diferente. Un futuro más positivo.

No pertenecemos a los ecologistas tristes, no creemos que reducir nuestro consumo sea necesariamente ser más infelices o regresar a las cavernas. Pensamos en la innovación y en hacer cosas diferentes y mejores. Es importante resaltar que todo lo que proponemos es posible. No estamos hablando de una utopía. Esto existe y dónde se ha hecho, funciona.

¿Dónde se ha hecho?

Este tipo de pautas se han seguido en muchos lugares de Europa. No sólo en el norte cómo previsiblemente se podría pensar. En regiones del sur de Italia se ha hecho del cambio de las lógicas de la agricultura industrial a la ecológica un factor de desarrollo.

En Cerdeña, que es una de las regiones más pobres del continente y que tiene un nivel de contaminación muy importante debido a un desarrollo industrial totalmente equivocado, ahora se está haciendo una gran inversión en química verde.

En la ciudad sueca de Malmö el cambio ha comenzado por la remodelación de un puerto que era bastante insalubre. Ahora es una ciudad muy bonita y sus ciudadanos han aprendido a convivir con un sistema de residuos ecológico y un transporte público sostenible.

La belleza es un muy importante en nuestra política como elemento de atracción cultural Las ciudades ecológicas son más bonitas que las tenemos ahora, sobre todo que las que se hicieron en los años 60 y 70 y que convirtieron nuestras periferias en un horror. En nuestro modelo de ciudad, la gente coge un autobús y renuncia de manera feliz al dogma de ir siempre en coche contribuyendo a tener una ciudad más limpia. El tema de la belleza es un muy importante en nuestra política como elemento de atracción cultural.

En Italia ha habido recientemente una movilización ciudadana muy fuerte alrededor de la decisión de la empresa alemana metalúrgica Thyssenkrupp de despedir a 600 trabajadores. El poder político y sindical les forzó a anular esta medida al darse cuenta de que con los 10 millones de euros que se había ahorrado la empresa gracias a medidas de eficacia energética podían evitarse tres cuartas partes de los despidos.

Estos ejemplos demuestran que todo esto es posible, pero que todavía no existe un modelo de transformación económico social y establecido. Todavía existe un modelo industrial muy negativo. El gobierno italiano destinó recientemente una gran cantidad de dinero a construir autopistas completamente inútiles en las que no pasa ningún coche. Los ecologistas organizaron un partido de futbol sobre la carretera para demostrar que allí no había tráfico.

El Green New Deal defiende que incentivando políticas de desarrollo medio ambiental se fomenta el espíritu empresarial y se crea empleo. ¿Cree que estos ejemplos que acaba de nombrar prueban que realmente es así?

Sí. Teniendo un plan coherente y un marco de reglas se puede generar mucho empleo con el Green New Deal. Por ejemplo, si cambias las reglas del juego en energía y propicias que la remodelación de una casa según criterios ecológicos sea rentable, el propietario no sólo tendrá como resultado una reducción en su factura de la luz, sino que estará generando nuevos puestos de trabajo. Esto está más que probado.

El hecho de que muchos de nuestros gobiernos hayan querido machacar este tipo de negocios demuestra que tienen capacidad de competir con los grandes grupos industriales contaminantes. Estas intervenciones suponen un grave problema. El poder político que tienen estos grupos, sobre todo los energéticos, reduce los planes de remodelación de las ciudades porque después van a sufrir en sus negocios.

Los gobiernos mienten cuando dicen que no apuestan por ser muy caras

Los gobiernos mienten cuando dicen que no se apuesta por las renovables porque valen demasiado dinero. Fomentar las nucleares y seguir apostando por gas, petróleo y carbón cuesta a la sociedad mucho más que las nuevas energías. Ahí es donde chochan las soluciones que proponemos y la capacidad de nuestras políticas de tener impacto.

Dentro de sus propuestas está que en 2050 toda la energía generada en Europa sea renovable. Si los gobiernos ‘machacan' a este tipo de energía para no perjudicar a las grandes compañías, ¿es posible llegar a cumplir ese objetivo?

Sí, creo que es posible, pero es necesario ganar el gobierno. Hay que cambiar a las personas que están gobernando. Hay que aprovecharse de los movimientos sociales que existen para hacer una ‘operación verdad'.

El debate energético es cautivo de una situación de mentira horrorosa. Todo es propaganda y no se dicen las cosas como son. La urgencia del Gobierno de España de mantenerse atado a viejos poderes se hace palpable aquí.

¿Se puede conseguir un planeta sostenible sin abolir el capitalismo?

Yo nunca he sido comunista ni socialista. Yo pertenezco más bien bajo el punto de vista ideológico a lo que podría considerarse una corriente de izquierda y progresista pero más liberal y libertaria. Mi respuesta es que sí. Las reglas, la democracia radical y la discusión sobre quién decide qué son para mí elementos más importantes que la lucha de clases. Así que sí, se puede.

¿Qué opinión le merece el tratado de libre comercio?

Nosotros pensamos que el tratado de libre comercio no es un elemento negativo en sí. No somos antiamericanos. Estamos de acuerdo en que hay que negociar con los americanos para tener productos agrícolas orgánicos, para revisar al alza las reglas financieras, o para mejorar la privacidad en internet.

En lo que no estamos de acuerdo es en que ese tratado reduzca de manera brutal nuestro derecho a escoger el tipo de modelo que queremos comercial que queremos. Este tratado no busca unificar criterios para igualar por lo alto aquello que ambas partes tienen bueno, busca igualar por lo bajo.

Consideramos que lo más peligroso de este tratado reside en lo que se refiere al poder de algunas multinacionales de imponer a los estados sus condiciones si ellos consideran que sus intereses han sido perjudicados. Esto son cosas que no pueden ser aceptadas. No se puede poner a las empresas por encima de los estados. Esperamos que no llegue a aplicarse, nos pondría muy difícil aplicar las políticas ecologistas que queremos llevar a cabo. La cláusula de protección de inversión está tambaleándose y podría ser redireccionada gracias a la presión ejercida por los movimientos civiles.

No sabemos qué se está negociando. La posibilidad de saber cuál es el mandato que la comisión ha recibido por los estados miembros es clave. Los pequeñísimos pasos de transparencia que se han dado hasta ahora no son suficientes. La sociedad civil tiene que saber qué es lo que se está negociando.

¿Cómo valora el nombramiento de Cañete como Comisario Europeo de Energía y Clima después de toda la polémica generada por las críticas a su gestión al frente del Ministerio de Agricultura en España y los conflictos de intereses con las petroleras?

El nombramiento de Cañete es un problema no solamente porque la persona en sí ha sido Ministro de Agricultura y ha ido en una dirección que nos disgusta profundamente. Es un individuo que no es creíble para llevar a cabo un papel de liderazgo en la Unión Europea. Representa una opción política completamente diferente a la que nosotros defendemos.

Juncker nos ha dicho que ha nombrado a personas muy controvertidas como comisarios en ciertos campos para hacer una demostración de que esas personas pueden ser independientes de las políticas negativas de sus Gobiernos. Por eso ha designado a Cañete en Energía o al húngaro Tibor Navracsics en Ciudadanía y Democracia. El problema no es que dudemos de la independencia de esa persona, dudamos de las decisiones que políticas que pueda tomar.

Alguien que tiene unos conflictos de intereses tan grandes y unas convicciones políticas tan profundas en contra de la libertad energética no puede representar a Europa en estos temas. Estamos muy preocupados. Las conversiones y los milagros siempre son posibles, le damos el beneficio de la duda, pero a priori consideramos que Cañete no era una opción adecuada.