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La Policía iraní vuelve a dispersar manifestaciones de protesta en Teherán

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Pese a las advertencias de la Policía y el amplio dispositivo de seguridad, varios miles de iraníes protestaron hoy en los alrededores de la Universidad de Teherán, escenario hace diez años de la primera gran sacudida al régimen nacido de la Revolución Islámica.

Llegados en coche, a pie o en motocicleta a través de nueve rutas diferentes, desafiaron al Gobierno y trataron de concentrarse cerca de la plaza de Enguelab, en el centro de la ciudad, tomada por la policía antidisturbios y grupos de voluntarios islámicos "Basij".

La manifestación había sido prohibida por las autoridades, que habían advertido que las Fuerzas de Seguridad mostrarían la misma contundencia que han empleado para impedir las recientes protestas contra la polémica reelección del actual presidente, Mahmud Ahmadineyad.

Las autoridades ya habían advertido hace dos semanas que estas marchas eran ilegales y que por tanto la prensa extranjera tenía prohibido informar desde la calle.

Aún así, un gran número de personas se acercaron este jueves a la plaza de Valy-e Asr, el parque Laleh y las avenidas que desembocan en la simbólica calle Enquelab.

Testigos indicaron que en algunos lugares la Policía lanzó gases lacrimógenos y practicó numerosas detenciones.

También arrebató los teléfonos móviles a aquellos que grababan las protestas.

La mayoría caminaba en la zona, y aunque tenía dificultades para reunirse en un solo punto, hacían ver cual era el objetivo de su presencia allí, agregaron los testigos.

La manifestación había sido convocada a través de internet para rememorar el asalto policial a la residencia de estudiantes la madrugada del 9 de junio de 1999.

Hace una década, miles de estudiantes se habían concentrado en el campus para protestar contra el cierre del diario reformista "Salaam" y contra una ley aprobada por el Parlamento que restringía la libertad de opinión.

La represión policial concluyó con una persona muerta, cientos de heridos y miles de detenidos.

"Creo que aquella movilización fue importante porque por primera vez (desde la revolución) nos dimos cuenta de que podíamos salir a protestar", recordaba días atrás un estudiante que participó en las movilizaciones.

En los últimos días, muchos han trazado paralelismos entre aquel llamado "Tiananmen iraní", y la oleada de protestas que ha sacudido el país desde que se anunciara la victoria de Ahmadineyad, que la oposición considera fraudulenta.

Nada más conocerse el controvertido resultado, cientos de miles de personas se lanzaron a la calle, en marchas que fueron reprimidas con crudeza.

Según cifras oficiales, en las últimas tres semanas de protestas han muerto al menos una veintena de personas, cientos han resultado heridas y varios miles han sido detenidas.

"La gran diferencia con la situación actual es que entonces la población se mostraba distante. Simplemente miraba, ahora ha decidido participar", explica el universitario, que prefirió no ser identificado.

Expertos coinciden en apuntar que ambas movilizaciones, separadas por una década, nacen de un sentimiento común: la frustración de la población, y en especial de los jóvenes iraníes.

En 1997, una ola de esperanza había aupado al reformista Mohamad Jatamí a la presidencia del país.

Pero las numerosas trabas colocadas por los conservadores, unidas a la falta de progresos tangibles cocinaron un desengaño que estalló apenas dos años más tarde en el campus.

Diez años después, la misma corriente de esperanza se había concitado en torno a la candidatura del ex primer ministro Mir Husein Musaví, apoyado por el propio Jatamí y otros líderes reformistas.

Sin embargo, la sorprendente victoria de Ahmadineyad -apoyado por las fuerzas conservadoras del régimen- ha desatado un desencanto similar.

"Creo que ahora que el sentimiento ha calado más. La gente ha perdido el miedo y mantendrá el desafío", afirma el estudiante.

Musaví anunció esta semana que proseguirá con sus protestas "por la vía legal" e insistió en que el futuro gobierno de Ahmadineyad, "carece de legitimidad".

Un día antes, clérigos y políticos reformistas iraníes instaron al ex primer ministro a liderar una plataforma política desde la que continuar la protesta.

Sin embargo, las fuerzas conservadoras no parecen dispuestas a ceder y han pedido al Poder Judicial que emprenda acciones legales contra Musaví y contra los reformistas por haber creado inseguridad y disturbios.

El líder supremo de la revolución, ayatolá Ali Jameneí, que ha defendido el triunfo de Ahmadineyad, admitió el lunes las diferencias pero instó a los iraníes a mantener la unidad y a saber distinguir quienes son los amigos y quienes los enemigos.