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PSOE y UPyD aprovechan el desplome electoral del PP

El bloque nacionalista cae hasta los niveles de 1994, antes del Pacto de Lizarra

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El PP va a ser decisivo en el País Vasco. Los socialistas, vencedores morales de las elecciones, dependen de sus votos para poner en marcha el cambio propugnado por el candidato Patxi López y la dulce derrota del domingo multiplica la capacidad de influencia de Basagoiti. La aritmética electoral, sin embargo, no puede esconder el desplome que el PP ha sufrido en Euskadi. En cuatro años, se ha dejado más del 30% de sus votos. Concretamente, confiaron en su proyecto 63.764 vascos menos que en 2009.

Los principales beneficiados del tropezón de Basagoiti son, sin lugar a dudas, el PSE y UPyD. En cada una de las tres provincias, ambos partidos ganan prácticamente los mismos votos que pierde el PP. En total, la cuenta de los partidos constitucionalistas apenas se modifica. Más que crecer, su granero electoral se limita a redistribuirse.

Los nacionalistas, en casa

La razón del despegue de los partidos estatales, por tanto, no hay que buscarla en un incremento significativo de sus votos, sino en un descenso importante de los apoyos nacionalistas. Incluso contando con el 8,8% de voto nulo en el que se refugió parte de la izquierda abertzale, la suma queda muy lejos de los resultados de 2005. Ni siquiera el buen balance del PNV puede compensar la debacle de EA, su socio en las pasada elecciones. Entre ambos, perdieron casi 30.000 papeletas.

En su conjunto, el bloque nacionalista perdió más de 77.000 votos. La cifra se acerca mucho a la de quienes en 2005 acudieron a las urnas y esta vez se quedaron en casa. Votaron 72.517 vascos menos que hace cuatro años.

La abstención de los votantes nacionalistas ha variado claramente la correlación de fuerzas entre los dos bloques. Después de tres legislaturas por encima del 58% de los sufragios, el voto soberanista cae hasta el 55,5%, a niveles del 1994, antes de que se fraguase el Pacto de Lizarra. Es el segundo peor resultado de la democracia a sólo unas décimas del primero. Además, el bloque constitucionalista mejora sus resultados y marca un máximo histórico. La retirada de un buen número de votantes nacionalistas permitió a los partidos estatales sumar el 43,42% de las papeletas.

El descenso de los apoyos nacionalistas va acompañado de un reequilibrio de las fuerzas. Una parte importante de la izquierda abertzale abandona la clandestinidad. Más del 30% de los votantes de EHAK, 53.294 exactamente, ignoraron la consigna de llenar las urnas con votos nulos. La gran beneficiada fue la izquierda abertzale legal. Aralar recogió, en gran medida procedentes del granero electoral de Batasuna, 34.000 votos más que en 2005. Este transvase no basta, sin embargo, para explicar el retroceso de la base electoral de EHAK. Muchos de sus votantes también pudieron optar en este caso por la abstención.

Descalabro del tripartito

También el tripartito sufrió. El descalabro de la aventura en solitario de EA le relegó al peor resultado de su historia. También Ezker Batua, tercer socio de Gobierno, tuvo que afrontar un descenso brutal de sus apoyos. Un 44% de sus votantes, casi 30.000, decidieron darle la espalda a la marca de IU en Euskadi. Los de Madrazo cayeron especialmente en Álava, donde se dejaron algo más de 16.000 votos.

Independientemente del caso de cada partido, un mensaje queda claro. En términos totales, no aumenta el respaldo a los constitucionalistas, sino que decrece y bastante el de los nacionalistas a causa de la abstención.