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Rajoy fulmina al 'clan de Valladolid' y asienta al de Pontevedra

El entorno de Aznar se va extinguiendo mientras los amigos gallegos del presidente hacen gala de su influencia. Mat

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'Á cabra que tira ó monte, non hai cabrero ca garde'. El refrán popular gallego es fácilmente aplicable a la relación de Mariano Rajoy con su núcleo duro y personal, ése del que los presidentes del Gobierno tiran para desahogarse -moderamente, en el caso del introvertido presidente- y, sobre todo, relajarse en la confianza que dan las auténticas lealtades. Porque tal núcleo no está en Madrid, sino en Galicia, aunque alguno de sus integrantes ocupe cargos en la capital. El clan de Pontevedra, formado por compañeros políticos y amigos personales desde que Rajoy empezó en política -y responsables de empujarlo a ella-, es el refugio del presidente y éste encuentra tiempo para cuidarlo y mimarlo, incluso, en los momentos de mayor ocupación. 

Al clan de Pontevedra pertenecen en la esencia que dan los muchos años de amistad y trayectoria compartida la ministra de Fomento, Ana Pastor; el presidente de la Diputación y del PP de Pontevedra -reelegido ayer en el Congreso provincial por una mayoría del 97% de los votos-, Rafael Louzán; Benito Suárez, presidente de la Autoridad Portuaria de Marín y Ría de Pontevedra (casado con Ana Pastor), Pilar Rojo (presidenta del Parlamento gallego y casada con Alfredo Díaz-Grande, arquitecto gallego también muy amigo de Rajoy), el eurodiputado del PP Francisco Millán-Mon (casado con una hermana del presidente) o Diego Murillo, ginecólogo, presidente de la mutua sanitaria AMA y miembro del consejo asesor de la ministra de Sanidad (ya lo había sido con Pastor en este puesto). Murillo, junto con el padre del co-cabecilla de la Gürtel Pablo Crespo (Manuel Crespo, integrante también de este clan en sus inicios y procedente de la militancia franquista), se jacta siempre de ser el culpable de que Rajoy entrara en política y, por tanto, de que sea ahora el presidente del Gobierno. Precisamente, de la expulsión de Pablo Crespo de la cúpula conservadora gallega se ocupó Xesús Palmou -también natural de Pontevedra-, actual conselleiro del Consello de Contas de Galicia y académico de honor de la Real Academia Gallega de la Jurisprudencia y Legislación. Palmou fue secretario general del PP entre 1999 y 2006 y conselleiro de la Xunta de Manuel Fraga y su liderazgo de los conservadores gallegos acabó con la Secretaría de Organización del hoy imputado Crespo y, por tanto, de su situación de influencia para captar presuntamente financiación irregular destinada al PP y a su desproporcionado enriquecimiento personal.

Palmou realiza hoy desde Galicia una de las defensas más apasionadas de la 'honradez' de Rajoy frente a los papeles de Bárcenas y el presidente le debe la expulsión de Crespo del PPdG. Según informó La Voz de Galicia hace semanas, el ex conselleiro de Xustiza se negó a pagar una deuda de 68 millones contraída con Correa a través de Crespo y ordenó que el PPdeG no volviera a hacer ningún contrato con Special Events, la empresa por excelencia de la Gürtel. El PP nacional fue informado entonces de todos estos movimientos, que entraban en el afán de Rajoy de liquidar al llamado sector de la boina, liderado por el difunto Xosé Cuiña -que llegó a ser delfín de Fraga- y que fue sustituido en la cabeza del aparato gallego por el propio Palmou. Hoy, según personas que lo conocen bien, éste ejerce el papel de 'vigilante' del aparato gallego para el presidente del Gobierno, informando de cualquier movimiento extraño que pueda producirse. Con todo, también lleva una espina clavada por culpa de uno de sus paisanos, el hoy secretario general del PP gallego, Alfonso Rueda, que lo excluyó de las listas electorales en las primeras autonómicas que ganó Feijóo.

A través de la amplia trayectoria política de Rajoy -en la que siempre ha tenido Pontevedra el hueco especial-, el clan se ha ido ampliando y conforma ahora un auténtico núcleo de influencia y protección del presidente. La prueba está en las muchas veces que Rajoy acude a Pontevedra, ya sea para inaugurar una estancia del Museo municipal, organizar una cena con el PP provincial o inaugurar su etapa pública como presidente del Gobierno, pues el primer acto de Rajoy tras el triunfo electoral de noviembre de 2011 lo realizó en Pontevedra, junto a Alberto Núñez Feijóo (hoy miembro del clan ampliado y potencial delfín del presidente ), Pastor, Louzán y Alfonso Rueda (secretario general del PP gallego y pontevedrés también).

'Una cosa es la relación de Rajoy con la vicepresidenta o la secretaria general del PP, de la máxima confianza política -asegura un buen conocedor de este grupo inseparable-, y otra muy distinta la que el presidente mantiene con estos compañeros de Pontevedra, amigos de toda la vida', junto a Tomás Iribarren, por ejemplo, o Telmo Martín. Iribarren, la persona que acompañó a Rajoy a su debate electoral con Alfredo Pérez Rubalcaba en 2011, es el director gerente de Madrid Plataforma Logística, una entidad más que relevante promovida por las administraciones madrileñas y con la participación de los agentes más importantes de la comunidad logística, tanto públicos como privados. Su finalidad es convertir a la capital española en la mayor plataforma logística del Sur de Europa, con conexiones con el Norte de África e Iberoamérica. Martín, por su parte, ex alcalde de Sanxenxo (Pontevedra) relacionado con varios casos de irregularidades urbanísticas, ha sido presidente del PP de Pontevedra y hoy ocupa un escaño en el Congreso de los Diputados por esa provincia.

La influencia de José María Aznar se reduce cada día más y de la gente de su núcleo duro como líder de la oposición y presidente del Gobierno, apenas queda nadie; tampoco de la generación posterior que en las mieles de la mayoría absoluta entre 2000 y 2004 sonaba como relevo generacional. Es más, el PP de Mariano Rajoy y, sobre todo, el de María Dolores de Cospedal no quieren ni oír hablar del clan de Valladolid o del de Becerril, que representaban el presente y el futuro de la derecha española de Aznar.

Ambos grupos, que lo fueron de influencia decisiva en la calle Génova, se vinculan ahora inevitablemente a Francisco Correa y a Álvaro Pérez, El Bigotes, cabecillas de la trama corrupta Gürtel que desembarcaron en el PP de los grandes fastos -como la boda de Ana Aznar Botella en El Escorial- de la mano de Alejandro Agag -yerno del ex presidente y líder y modelo a seguir del extinto clan de Becerril- y se instalaron a lo grande en la calle Génova con Jesús Sepúlveda -ex alcalde de Pozuelo imputado por corrupción, amigo personal del presidente de FAES y miembro del clan de Valladolid-. Esta vinculación retumba en el PP como una maldición con la que tienen que lidiar sus actuales dirigentes frente a los graves indicios de corrupción de esa etapa.

El relevo de Mayor Oreja en las listas europeas se da por hecho en el PP, en contra del deseo del político vascoHoy, del clan de Valladolid (Miguel Ángel Cortes, José María Michavila, Carlos Aragonés, Alfredo Timmermans, Ana Mato o Jesús Sepúlveda, entre otros) queda activa políticamente la ministra de Sanidad, cuyo matrimonio con Sepúlveda -roto hace años, a pesar de una confusa y larga continuidad de la relación económica - la tiene en el centro de la polémica corrupta por los pagos que Correa hizo a toda la familia de una considerable cantidad de fiestas, viajes y regalos de lujo sin que ella -dice- se hubiera percatado de nada, aunque sí disfrutado.

La relación de Rajoy con Mato es buena y el presidente le tiene aprecio (la citó en televisión al poco de ganar las elecciones generales como una de las cuatro mujeres que la acompañaron lealmente en la dura travesía hasta La Moncloa), pero Cospedal, ninguno. Apartó a la ministra de Sanidad de la dirección nacional del PP en 2012 y ahora maniobra para que entre en el exilio dorado de las listas europeas del partido para 2014, en donde el relevo de Jaime Mayor Oreja se da por hecho en la calle Génova, aun en contra del deseo de quien fue aspirante a suceder a Aznar.

Cospedal ni siquiera quiere que Mato ocupe el puesto de salida del ex ministro del Interior, que podría reservase para Miguel Arias Cañete o Luis de Guindos si se materializa un cambio de Gobierno, apuntan con cautela los conservadores. Lo que parece seguro, garantizan las mismas fuentes, es que Rajoy buscará un perfil de peso para encabezar la lista al Parlamento europeo, al considerar decisiva este área de influencia en los tira y afloja de España en Bruselas en momentos tan complicados.

El clan de Becerril, por su parte, está más deshecho todavía que el vallisoletano: sobreviven políticamente y dispersos Esteban González-Pons, la consejera madrileña Lucía Fígar -casada con Aragonés-, Juanma Moreno o Tomás Burgos, secretarios de Estado de Servicios Sociales e Igualdad y de la Seguridad Social, respectivamente, entre otros sin apenas poder e influencia orgánicos. A ninguno le gusta hablar de esa etapa dorada como cachorros de Aznar, que dan por completamente zanjada -y 'prescindible' en sus currículos, según apunta alguno de ellos con sorna-.