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Ricky: "La plata es lo mínimo y ya la tenemos"

Los españoles confían en desmentir el favoritismo de Estados Unidos

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Apenas sonó la bocina en el pabellón de Wukesong, Juan Carlos Navarro pegó un bote en el banquillo y, como si tuviera muelles en las piernas, él que apenas salta, se plantó en medio de pista para abalanzarse sobre Pau Gasol. Pero a la Bomba le costó darle un abrazo a su gran amigo porque el líder de este grupo dorado pegaba saltos de alegría junto a Rudy Fernández, como si nunca hubiesen celebrado nada, como si no fueran ya campeones del mundo, mientras el resto del equipo formaba un círculo en el centro de la cancha.

Navarro dudó. Y, por unos segundos, corrió sin saber hacia dónde, hasta que se encontró con Marc Gasol y se subió sobre él y lo apretujó. Y después, buscó de nuevo a su hermano Pau y, esta vez sí, lo rodeó con sus brazos y lo besó. Los dos amigos habían firmado otra vez un logro histórico juntos. Y juntos se unieron al círculo que seguía botando en el medio de la pista, y cantando, y gritando, celebrando su primera final olímpica, la segunda en la historia del baloncesto español. 

'Si llegar a las semifinales ya fue una pasada, imaginad lo que significa esto', señaló Ricky Rubio, explicándose ante los periodistas, mientras los veteranos celebraban el éxito en la intimidad del vestuario. 'Este grupo, que perdió en cuartos en Atenas, cuando no se lo merecía, ha logrado ahora algo que sólo se había conseguido una vez en la historia', recordó el joven base de la selección, como si lo logrado él, su presencia en una final olímpica con sólo 17 años, no fuese algo extraordinario. 'Eso es algo que poca gente tiene la ocasión de vivir, así que, con 17 o 28, se debe disfrutar igual porque puede ser la primera y la única vez', añadió Ricky, haciendo gala de la misma madurez que exhibe en la pista.

No le pesó la ausencia de Calderón -un estiramiento en el adductor lo mantiene como seria duda para la final-, a quien, dijo, dedicaban la victoria, ni el vértigo de situarse ante una final que para él, como para el resto, es algo más que un 'sueño'. 'No nos lo acabamos de creer', admitió Raúl López, el otro encargado de suplir la baja del base de los Raptors.

'Todo ha sido muy complicado porque, había tanta presión y tantas expectativas dentro y fuera, que nadie se conformaba con otra cosa que no fuese jugar la final', abundó el base del Madrid. 'El reto era muy difícil', convino Aíto García Reneses; 'y lo hemos superado lo suficientemente bien como para estar en una final olímpica por segunda vez en la historia. Es un orgullo haber llegado hasta aquí', reconoció el seleccionador.

No hubo esta vez en el análisis de Aíto reproches para sus jugadores y sí reconocimiento al grado de 'concentración' exhibido. 'Ahora', concluyó el técnico en un discurso que repitieron sus pupilos, 'tenemos que apurar el mínimo porcentaje que tenemos para ganar la final'. 'Nunca podemos estar satisfechos con la plata. Eso es lo mínimo, que ya tenemos, y tenemos que aspirar al máximo, que es el oro', advirtió Ricky.