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El tahúr de la eficacia

Van Marwijk, técnico holandés, fue campeón del mundo de una especie de póker que se juega en su país

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Holanda aterrizó en Johannesburgo muy entrada la madrugada del martes. Mientras los futbolistas aún dormían, Bert Van Marwijk apareció por el hall del Hilton Sandton. Un hotel de cinco estrellas, pero alejado de los opulentos resorts que le ofrecieron cuando programó su estancia en Suráfrica. El seleccionador holandés rechazó una estancia rodeado de lujos. Es tan austero en la pizarra como en su vida privada. Se le conoce una casa amplia en el campo, en el sur de Holanda, pero poco más. Cuando le ofrecieron el cargo de seleccionador para reemplazar a Van Basten, la federación holandesa buscaba un tipo de perfil bajo, un entrenador cuyo pasado y cuya trascendencia como futbolista en Holanda no provocara portadas grandilocuentes cada vez que abriera la boca.

Van Marwijk no tiene mucho foco mediático. Habla poco y desde ese silencio ha transformado a Holanda en una selección eficaz que bajo su mandato ha cosechado veinte victorias, seis empates y una sola derrota. El tropiezo fue en un amistoso ante Australia en su segundo partido al frente de la oranje. Recibió un chaparrón de críticas en lo que pareció el inicio del fin de una breve estancia en el puesto. Desde el primer día anunció que 'jugar con dos mediocentros es intocable'. De Jong y Van Bommel, que está casado con su hija Andra, son inamovibles. 'No me gusta jugar con futbolistas que sólo atacan', confiesa cuando le preguntan por las suplencias del creativo pasador Afellay o del habilidoso Eliá. Son recursos para los segundos tiempos. Lo mismo que Van der Vaart, que ayer descansaba feliz junto a su esposa y deseaba 'una final contra España'.

Se considera ofensivo, pero la realidad de su equipo es distinta

Dice que admira el fútbol del Barcelona y de la selección española, pero no lo practica. Se considera un entrenador ofensivo, pero la realidad de Holanda es muy distinta. Miente como el tahúr que es: fue campeón del mundo junto a su padre de Klaberjassen, una especie de póker que se juega en Holanda. 'Somos idealistas realistas', es decir, un pragmático camuflado.

Van Marwijk se enoja cuando le acribillan a preguntas sobre esta Holanda menos atractiva que sus predecesoras: 'No siempre se puede jugar bonito, depende de los rivales y en este Mundial hemos tenido varios que se han cerrado mucho atrás. Me gusta el ataque, pero sin riesgos. En la última Eurocopa todo el mundo decía que íbamos a ser campeones por lo bien que jugábamos y nos echaron en cuartos'.

Nada tiene que ver la concentración holandesa en este Mundial con la de Lausanna dos años atrás. Allí, al final de cada partido, en el despampanante Beau Rivage Palace, el champán y la música aguardaban a los futbolistas de Van Basten a su regreso de los partidos. Van Marwijk ha prohibido exteriorizar la euforia. Sólo quiere trabajo en silencio y por eso halaga a Kyut, 'es el ejemplo de lo que es un jugador de equipo' o reune en privado a Sneijder y Van Persie para que limen diferencias en durante un vuelo. Se siente orgulloso de su labor: 'Hemos conseguido un equilibrio cada vez mejor entre evitar los goles contrarios y jugar para ganar. Por eso estamos donde estamos ahora. No importa el cómo, nadie se acordará de ello si ganamos'.