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"The rake's progress", de Stravinski, llega al Real con un montaje de Lepage

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El Teatro Real estrena el próximo domingo la ópera de Igor Stravinski "The rake's progress", una obra en la que el genio ruso hizo un homenaje a la historia del género y que llega al coliseo madrileño con una escenografía dirigida por Robert Lepage, que remite al glamour del cine americano de los años 50.

"La ópera es un deporte difícil, con leyes diferentes, es una especie de hiperteatro", ha afirmado hoy en Madrid el polifacético e innovador artista de escena Robert Lepage, que, con este montaje, acerca por primera vez a España uno de sus pocos trabajos en el campo del género lírico.

Sus escenografías en el terreno teatral han estado en España en varias ocasiones, la última en el pasado Festival de Otoño con su montaje "Lipsynch", de más de ocho horas de duración, y ahora muestra su trabajo en un contexto "más duro", el de la ópera, pero "del que aprendo mucho".

"Mi trabajo en el teatro se centra en el espacio o en el personaje. En la ópera, el centro es el tiempo, porque la música es la reencarnación del tiempo. La música está llena de ideas, por eso es un regalo para un director", ha comentado el escenógrafo.

El, como Stravinski (1882-1971), siente fascinación por "la seducción y la necesidad del diablo", uno de los personajes de esta ópera, que, en esta producción, tendrá como director musical a Christopher Hogwood, en su primer trabajo en el Teatro Real, y como intérpretes protagonistas a María Mayo (como Anne Trulove), Toby Spence (como Tom Rakewell) , Darren Jeffery (Trulove), y Johann Reuter (Nick Shadow).

La obra cuenta la historia de Tom Rakewell, un ingenuo joven del campo al que una herencia transforma en un libertino que acaba sus días en un manicomio, en una carrera autodestructiva conducida por Nick Shadow, una personificación del diablo que compra el alma del protagonista a cambio de tres deseos.

El joven, salvará al final su alma, gracias al amor de toda su vida, Anne Trulove, dentro de esta opera que fue inspirada por ocho grabados del pintor inglés del siglo XVIII William Hogart y que se estrenó en 1951 en Venecia.

"Fue controvertida, muchos la criticaron como un paso atrás, pero, más que eso, es una mirada hacia atrás en la que Stravinski, con todo el bagaje musical que tenía, se plantea hacer un homenaje a la historia de la ópera", ha explicado Antonio del Moral, director artístico del Teatro Real, un coliseo que ha producido este montaje junto con el Teatro de La Monnaie de Bruselas, la Ópera de Lyon, la San Francisco Opera y la Royal Opera House.

Y por eso en "The rake's progress" ("La carrera del libertino", en su título en español) el compositor incluyó referencias "nunca copiando, sino dando una cara nueva", según Hogwood, a óperas como "L'Orfeo" de Monteverdi, "Don Giovanni" de Mozart, "Don Pasquale" de Donizetti o "La Pasión según San Juan", de Bach.

Robert Lepage ha explicado que él no ha podido basar su trabajo en los grabados del siglo XVII que inspiraron a Stravinski porque moralmente "las referencias han cambiado" y "es importante ser fiel al espíritu de hoy".

Por eso, él se ha fijado más en la influencia que para el compositor, que escribió esta ópera cuando vivía en Los Angeles, tuvo el cine americano de los años 50 y 60 y su fascinación por el invento de la televisión.

"Pensó que este aparato cambiaría el mundo y, de hecho, su deseo fue hacer la primera ópera para televisión, aunque no llegó a hacerla", ha explicado Lepage, quien asegura que la música de películas como "Batman", "Embrujada", de los western o de las series de televisión de la época influyeron en los compositores.

Por eso su montaje tiene, con un ciclorama en el fondo que, entre otras imágenes, proyecta la de un cielo en movimiento, referencias cinematográficas.