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Un Transformer en el Camp Nou

Arranca la gira europea de U2 con su púlpito marciano

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Treinta y una ciudades, tres millones de personas. He aquí el que se espera que sea el balance final de la mastodóntica gira 360 º Tour que arrancó anoche en Barcelona ante una primera tanda con casi 90.000 fans, muchos de los cuales decidieron dormir al raso en las inmediaciones del Nou Camp la noche anterior.

Hace dos semanas que los irlandeses ocupan las páginas de gente de los tabloides de la ciudad condal. Ya saben: Bono paseando por La Barceloneta o tomando cañas en Vilassar de Mar y circulando con una escolta tan discreta que parecía que el filántropo número uno de esta generación fuera andando a pelo como un Gandhi.

Pero ni The Edge, ni No Line On The Horizon, ni siquiera Bono pudieron disputarle durante los primeros minutos del programa el protagonismo a The Claw (la garra), ese macropúlpito sci-fi y circular que ya está instalado también en Saint Siro (Milán, próxima parada) y al que el profeta del pop le infirió dejes gaudinianos, pero que en realidad se parece mucho más un Transformer, que pinzaba el campo del Barça. El bicho es enorme y da miedo, parece un trasto de destrucción masiva.

La estructura se integra porque lo acapara todo: parte del público quedaba abrigado bajo sus faldas. Las dos patas delanteras llegaban a la altura de la posición natural de Touré Yaya o Sergio Busquets. Lo bueno es que dispara sonido por todas partes y hace de portalámparas a una pantalla circular extraordinaria. Lo nunca visto: luego ya, de saque, buen concierto. Tratándose de U2, ya se sabe, el tamaño importa muchísimo.

Igual que en el concierto para 500 vips que ofrecieron el lunes, empezaron con Breathe, No line on the Horizon, Get on your boots y Magnificent, esta vez ante un público ensordecedor.

Fueron interpretaciones enérgicas, lo justo para que aún parezcan en plena forma. Aunque, digámoslo así: Michael Stipe (R.E.M.) aún intenta cocinarle a su público algo a conciencia en cada estribillo, Bono lanza a saco mantas y alimentos para todos.

Bono habló por primera vez después de esta tacada desde el círculo exterior para agradecer la hospitalidad de una capital (la del surrealismo, dijo) que le había albergado durante dos semanas y dedicó a Barcelona Beautiful Day, antes de retroceder hasta Still havent found what Im looking for, del totémico The Joshua Tree. Al público sólo le faltaba agitar palmones y ramas de olivo. Simbiosis total.

'Escribimos esta canción para Billie Holliday, pero se la dedicaremos hoy a Michael Jackson', dijo Bono antes de Angel Of Harlem e incrustó con bastante gracia estribillos del rey del pop en los últimos compases. Aun se esperaban hits como Sunday Bloody Sunday, One o With or without you. Poco tema recóndito como alguien filtró por la red.

Desde ayer, queda más claro. Una macrobanda ya no se la juega en las tiendas. El dinero, en el césped. U2 compite hoy en la liga de los eventos junto a las visitas papales, la idea platónica del macroespectáculo o las ceremonias olímpicas.

Gracias a su legado (Coldplay, Keane, los mismos teloneros Snow Patrol), un concierto de pop un género no se acompleja por ser efímero suena en 2009 muy parecido a como lo hacía en 1985. Pero se mira y se siente distinto. Con U2, la comunión es imperativa y un show es un lugar tan envolvente que uno no puede ya decidir si le gusta o no le gusta. Se está técnicamente ahí dentro y punto.

360º, buen nombre de gira para un grupo que rota sobre sí mismo. La garra, buen nombre de escenario para un grupo que atrapa por la vía de la fuerza.