Publicado: 24.11.2013 08:00 |Actualizado: 24.11.2013 08:00

Tres finales a un mismo infierno

Laura, Mónica y Teresa son víctimas de violencia machista que un día decidieron denunciar. 'Público' repasa las historias de tres mujeres a las que la Justicia dio diferentes respuestas

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"No es un paso fácil, pero es dichoso". "Estás muerta en vida, así que no hay atajos". "Empieza un calvario, pero también tu liberación". Tres víctimas de violencia de género definen así el momento en que decidieron denunciar a sus agresores. Expertos y profesionales coinciden en que el sistema que protege a las mujeres maltratadas aún está lejos de funcionar al 100%, ¿pero qué opinan ellas? Público relata la experiencia de tres víctimas de violencia machista con la Policía y la Justicia.

Laura: "O le mato o me mata"

"Señora, se lo habrá merecido, es usted una pesada". Esa fue la respuesta que un agente de la Policía le dio a Laura (nombre falso) en el año 1983. Intentó denunciar varias veces y, al final, desistió. Acudió a una casa de acogida asesorada por la asociación de Mujeres Juristas Themis y ni si siquiera entonces, con una hija de un año, recibió el apoyo de su familia. "Mis padres me dijeron que una mujer de mi estatus no podía tener este tipo de vida, que eso era un problema mío, que no era real", recuerda esta mujer pequeña, rubia, que calza tacones y viste un mono de colores militares. Laura volvió con su marido, con el que tuvo otro hijo —"cuando no tienes autoestima no ves más allá, te crees el discurso: no eres nada", señala— pero al cabo de unos años, se separó. "Cuando vi que maltrataba a los niños dije basta. Eso fue el colmo de los colmos. Pierdes el miedo. O le mato o me mata, pensé". El juicio se celebró en 2001 y lo ganó.

Aunque es consciente de que en los años 80 era todo "muy diferente" —la Ley Integral contra la Violencia de Género entró en vigor en 2005—  y no había tantos recursos como ahora, Laura tampoco cree que la situación actual sea perfecta: "Confío en la justicia, pero en la justicia del partido que gobierna hoy en día no confío en absoluto".  

Pasados los años y superado el maltrato, Laura ya no tiene miedo de su agresor pero ha renunciado a rehacer su vida. "Somos muy dadas a caer en la boca de otro lobo. Estamos tan faltas de afecto que somos presa de cualquier gato callejero. Por eso me siento muy afortunada de saber que no quiero a nadie y que nadie me va a querer", se sincera esta mujer que logró dejar atrás casi 20 años de maltrato. El único recuerdo visible de ese infierno es su pelo: corto, a lo chico. "A mí ya no me tiran del pelo nunca más", afirma.

Mónica: "Cuando te dan la orden alejamiento te dan tu tranquilidad"

"Denuncié y desde el minuto cero me empezaron a proteger. Me siento muy respaldada por la justicia". Mónica (nombre falso) lleva dos años esperando el juicio definitivo contra su agresor, un hombre que ya había sido denunciado por violencia de género. Desde entonces tiene una orden de alejamiento y un teléfono móvil con GPS. "Cuando denuncias empieza un auténtico calvario porque tienes que contar tu historia a mucha gente, pero empieza también tu liberación. Cuando te dan la orden alejamiento te dan tu tranquilidad", relata sin dejar de abanicarse en una sala de la asociación Generando Igualdad.

Mónica aguantó humillaciones, acoso telefónico, amenazas y golpes. "Un día me intentó matar. Llevaba un cuchillo, me tiró en la cama y se sentó encima de mí. Me lo iba a clavar pero al acercarse, no apoyó la rodilla en la cama y cayó de lado", recuerda. Aun así, Mónica volvió con él. "Te dice que va a cambiar y te lo crees, estás tan tonta que te lo vuelves a creer, pero nadie cambia y menos a los 50", razona. "Estás abducida, pero si fuese tan fácil dejarlo a la primera bofetada no habría mujeres muertas, pero es que cuando llega la primera bofetada ya ha habido maltrato psicológico", puntualiza.

Igual que Laura, Mónica decidió denunciar cuando su pareja intentó agredir a su hijo. De hecho, él también tiene una orden de alejamiento. Desde entonces, como dice ella, tiene dos vidas: una familiar —su entorno más próximo sabe lo que le sucedió y la apoya— y una laboral, que ignora por completo ese capítulo de su vida. "Parece que si eres de clase media-alta, como yo, no te puede tocar y aunque te toque no lo puedes decir porque es vergonzoso y nadie te va a apoyar", relata esta mujer elegante, morena, con una larga melena oscura que comparte, además, la misma fobia que Laura: "No puedo soportar que nadie me coja del pelo. Es que de eso no te curas. Sólo aprendes a asumirlo".  

Teresa: "He denunciado dos veces pero no tengo pruebas"

A Teresa (nombre falso) su agresor nunca le ha puesto la mano encima. Es víctima de un maltrato psicológico feroz que le ha llevado a intentar suicidarse. "Estoy desesperada. He denunciado dos veces pero no me cogen la denuncia porque no tengo pruebas", cuenta.  Teresa llevaba cuatro años de relación con su pareja y los insultos, las vejaciones y las amenazas siempre han sido en privado.

"No tengo testigos, ese es el problema. Pero yo sólo quiero una orden de alejamiento. Este señor tiene dos denuncias por maltrato, ha venido a mi casa para amenazarme, dice que tiene una pistola. Pero aunque mande 40 veces al juzgado un informe de daños psicológicos, no hay manera de que me hagan caso", se queja esta mujer de 50 años con un hilo de voz. "Aun así, no tengo miedo a morir porque yo misma me he intentado quitar la vida", sentencia.   

016. Teléfono de atención a víctimas de violencia de género. Es gratuito y no deja rastro en la factura telefónica.