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La UE ultima un acuerdo para frenar a los mercados

La cumbre del próximo jueves tratará de rebajar el volumen de deuda pública de Grecia para alejar la amenaza que pende sobre Italia y España

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Los jefes de Gobierno de los países del euro articularán este jueves una batería de medidas destinadas a rebajar el volumen de la deuda pública de Grecia y detener la especulación contra Italia y España. Los 17 líderes esperan acabar con la agria división interna, polarizada en Alemania y el BCE, que ha bloqueado durante semanas el acuerdo sobre el segundo rescate de Grecia. El peso específico de cada eje todavía está por determinar, pero la Eurozona estudia una combinación de tres acciones concretas. La más novedosa, apuntada en la última reunión de los ministros de Economía, consiste en comprar a los bancos y aseguradoras privadas bonos de deuda helena que venzan hasta 2014. Para ello, se utilizará el fondo de rescate actual, que ya ha sido utilizado para reflotar a Irlanda y Portugal.

Según los cálculos del ministro de Finanzas alemán, Wolfgang Schäuble, publicados por el semanario Der Spiegel, esa compra podría ascender a 20.000 millones de euros. Así, Grecia podría olvidarse de devolverlos a corto plazo, mientras sanea su economía y reduce el volumen de su desbocada deuda pública, que alcanzará en 2012 el 166% del PIB, según Eurostat. Tanto el portavoz de Angela Merkel, Martin Kotthaus, como el ministerio de finanzas alemán, han abierto la puerta a utilizar el fondo con este uso, a pesar de que lo habían rechazado rotundamente en enero, cuando se planteó por primera vez para cualquier país.

El objetivo, según fuentes del Ejecutivo comunitario, es reducir hasta el 120% la dimensión de la deuda que maneje Atenas, un volumen comparable al de Italia, todavía lejos de la media de la zona del euro, que ronda el 80%, o la española, en el 60%. Con esa reducción, confían los líderes europeos, los mercados darán una tregua a Grecia y aflojarán la presión sobre el resto de países acosados, especialmente España e Italia. Al mismo tiempo que esta opción cobra fuerza, los países más acosados por los mercados han resucitado el viejo sueño de las instituciones europeas: la emisión de eurobonos que Alemania veta cada vez que resurge el debate.

Merkel se muestra optimista sobre la posibilidad de llegar a un acuerdo El viceprimer ministro irlandés, Eamon Gilmore, se declaró'a favor' de la propuesta, que durante el fin de semana ha visto renovada su popularidad con el apoyo expreso del ministro de Economía belga, Didier Reynders, o el propio Yorgos Papandreu. La decisión de comprar bonos de deuda en los mercados secundarios (a los bancos) sería un paso intermedio. La unión no emitiría títulos, pero intervendría decisivamente en los mercados, extendiendo un aval europeo, considerado como un seguro infalible, a uno de sus miembros en apuros.Sin embargo, los 20.000 millones que Alemania calcula que resultarían de la flexibilización del fondo de rescate no serán suficientes. Según el primer ministro griego, Grecia necesita una 'cantidad similar' a los 110.000 millones del primer rescate. Para ello, los líderes prevén nuevos fondos y suavizar el interés y los plazos de los préstamos para los países rescatados, incluyendo a Grecia.

Por último, Alemania, Holanda, Finlandia y Austria insisten en que el sector privado arrime el hombro aceptando una reformulación de los títulos que venzan a corto plazo. Esta exigencia, motivada según numerosos analistas por la impopularidad de los rescates en esos países, evitaría a Atenas la misión imposible de buscar nuevos acreedores en los próximos años en los que, a priori, seguirá despertando desconfianza entre los inversores.

La zona del euro estudia comprar 20.000 millones en bonos griegos El BCE se opone tajantamente a esta opción y alerta de que obligar a la banca a participar podría provocar una estampida de los inversores y un efecto similar a la caída de Lehman.Merkel, de quien en buena parte depende el éxito de la cumbre, se mostró optimista sobre la posibilidad de llegar a un acuerdo el jueves, aunque insistió en su negativa a una reestructuración (o impago) de la deuda griega.

El ministro portavoz español, José Blanco, consideró 'imprescindible' llegar a un acuerdo, ya que si no 'todos los países sufrirán las consecuencias'.