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El único artesano de cencerros de Castilla y León vende en España y Portugal

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La Calle Argañán de Ciudad Rodrigo (Salamanca), después de 40 años ininterrumpidos, tiene como seña de identidad el habitual soniquete del martillo de José Luis Hernández, el único artesano de cencerros de Castilla y León, que vende en gran parte de España y en Portugal.

Este artesano ha explicado hoy a EFE que el oficio lo aprendió con 13 años, "ya que un día me fue a buscar a casa el cencerrero mirobrigense Ángel Alcalá, que tenía el taller en el barrio de San Cristóbal de Ciudad Rodrigo y necesitaba un aprendiz".

Esta actividad es muy poco conocida y "desde que me montara por mi cuenta, después de hacer la mili, en 1968, todos los cencerros que he fabricado los he tenido vendidos de antemano, ya que trabajo por encargo".

José Luis Hernández (1945) ha asegurado que, de momento, el oficio no se perderá en Castilla y León, ya que su hijo, José Antonio, trabaja con él en el taller.

Este vecino mirobrigense ha reconocido que, a pesar de lo que pueda parecer, "el oficio no es fácil; estuve cinco años para aprenderlo bien, ya que hay que tener mucha destreza y habilidad con el martillo".

Este hombre es capaz de fabricar 600 cencerros de media a la semana, todos a golpe de martillo y con el calor de un horno rudimentario.

Primero corta un trozo de chapa con una cizalla, que es moldeada y en la que coloca la hembrilla, un aro de donde colgará el badajo.

Una vez que la chapa se ha moldeado, el siguiente paso consiste en llevar la pieza a la "mesa de embarrar", para recubrirla de barro y de metal.

Concluido este proceso, toda la pieza se mete al horno durante quince o treinta minutos, en función del tamaño del futuro cencerro.

"Es muy importante recubrirlo con barro, ya que es lo que va a caracterizar al sonido del futuro cencerro", ha asegurado el artesano.

Después de haberlo sacado del horno, viene el momento más importante, puesto que "hay que darle una serie de golpes en lugares estratégicos del cencerro, para que suene más grave o más agudo".

Según Hernández, "si los golpes del martillo son más profundos sobre el metal del cencerro, éste sonará más agudo y, de lo contrario, el sonido será más grave".

El proceso concluye con la colocación del badajo y del collar de cuero.

Los cencerros que fabrica van desde los 3 hasta los 36 centímetros, ya que "los vendemos para ovejas, cabestros, perros, hurones, vacas o para cualquier tipo de mascota".

Un cencerro puede oscilar entre los 75 céntimos y los 60 euros, en función del tamaño.

José Luis Hernández insiste en que "todo el proceso es artesanal" y que "para hacer uno pequeño necesito darle unos 100 martillazos y para uno grande alrededor de 300".

Sus cencerros se pueden ver por todo el país, aunque sobre todo tiene encargos del Noroeste de España.

"Vendo muchos para León y Ponferrada, para Santander y La Coruña, aunque también me compran para Madrid o Barcelona", ha explicado este artesano.

Además, también ha afirmado que buena parte de su producción se la llevan para el distrito portugués de Leiria.

Este mirobrigense, de oficio cencerrero, ha reconocido que "en toda España no hay más de una docena de cencerros".

Tal es la destreza de José Luis Hernández que mientras es entrevistado, es capaz de contestar a las preguntas mientras moldea una chapa en el yunque a base de martillazos.

"Ya casi no me hace falta ni mirar", exclama el artesano desde su taburete de madera, en el que se sienta desde hace 40 años para elaborar los cencerros.