Publicado: 10.11.2013 08:21 |Actualizado: 10.11.2013 08:21

¿Votarían los estadounidenses a un presidente gordo?

El gobernador de Nueva Jersey, Chris Christie, tiene papeletas para representar a los republicanos en las próximas elecciones, pero sus dimensiones pueden ser un problema, en un país que en los últimos 100 años sólo ha

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Chris Christie es la gran esperanza de los conservadores moderados ante el avance del sector más radical dentro del partido republicano: el Tea Party de Sarah Palin, la mujer que aseguró poder "ver Rusia desde Alaska" , cuando le preguntaron por sus conocimientos sobre este país. Tras su reelección como gobernador de Nueva Jersey, varias voces dentro del partido republicano se han apresurado a señalarle como posible candidato republicano en elecciones presidenciales de 2016. ¿Su problema? Christie está gordo.

Aunque pueda parecer un problema menor, vestir una talla 60 de pantalón es una limitación importante para cualquier líder político de alto nivel, especialmente en un país en el que el culto a la comida basura está tan de moda como la obsesión por el físico... y en el que en los últimos cien años de historia sólo un candidato verdaderamente gordo ha descansado sus posaderas en el sillón que preside el despacho oval.

Con más de 136 kilos de peso, William Howard Taft, presidente entre 1909 y 1913, se quedaba atascado en la bañera de la Casa Blanca por sus formas rubenescas, hasta que decidió cambiarla por otra en la que cabían cuatro hombres, acabando con su problema para bañarse, pero no con sus curvas. Theodore Roosevelt, John Adams o el propio Bill Clinton subieron en algún momento por encima de su peso ideal, pero no traspasaron la barrera que separa el sobrepeso de la obesidad, dictaminada en función del índice de grasa corporal (más de 30 es sobrepeso, más de 40 obesidad). 

Los analistas aseguran que la preocupación por el peso de los candidatos no sólo obedece a motivos de imagen, sino que además está relacionada con la salud. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), 1.000 millones de personas tienen sobrepeso en el mundo, un problema creciente que cada año acaba con las vidas de 2,6 millones de individuos.

En un país con un 32% de su población con sobrepeso (el segundo en el ranking mundial del sobrepeso) en el que los políticos a menudo airean sus informes médicos para convencer de que están sanos y pueden cargar con la confianza de los electores, esta justificación no parece absolutamente ilógica. Sin embargo, el hecho de que el número de líderes mundiales con sobrepeso pueda contarse con los dedos de las manos hace evidente que un presidente delgado se vende mejor que uno que no lo esté, En una entrevista Christie se definió como "el hombre gordo más sano que ha visto en su vida", para después comerse una rosquilla le pese a quien le pese.

Christie sabe que está gordo, que su peso puede ser un freno en su carrera presidencial- nunca mejor dicho-, y en febrero de este año se sometió a una operación para colocarse una banda gástrica, que según medios estadounidenses le habría hecho perder hasta 18 kilos en los primeros meses. "No lo he hecho con vistas a las elecciones de 2016 (...) Lo he hecho por mí, por mi esposa y por mis hijos", dijo el gobernador de California en una entrevista a The New York Post. Para rematar la jugada, en octubre hizo público un informe en el que sus doctores aseguraban que está "perdiendo peso de forma sostenida", una decisión en absoluto casual.

Su rival demócrata ya usó en 2009 su sobrepeso para ridiculizar al republicano, que a pesar de las mofas logró hacerse con el cargo que disputaban, y el propio Christie ha llegado a bromear con su voluptuosidad en una entrevista con David Letterman, en la que se definió como "el hombre gordo más sano que ha visto en su vida", para después disfrutar saboreando una rosquilla que llevaba guardada en el bolsillo. Un gesto para restarle importancia a sus formas redondeadas, imposibles de disimular.

En cualquier caso, poco más de dos años antes de las elecciones para la presidencia de EEUU, a la pregunta de si los estadounidenses votarían a un candidato gordo para ser presidente, la respuesta parece ser la misma que la mayor parte del electorado daba hace años cuando le preguntaban si un candidato negro lograría hacerse con el cargo político más importante del mundo.

El tiempo ha cambiado la respuesta a la segunda pregunta, pero en vista de lo ocurrido en los últimos cien años, no es probable que el electorado esté hoy dispuesto a convertir a un candidato gordo en presidente de Estados Unidos, y teniendo en cuenta las últimas actuaciones de Christie, el gobernador de California lo sabe, y parece estar dispuesto a rebajar su volumen para ganar velocidad en su carrera hacia la Casa Blanca.

El aspecto saludable de Barack Obama -aunque cada vez más canas y arrugas hagan evidente el peso de su cargo- se corresponde con el que venden los asesores políticos, siempre atentos a la forma de vestir, la estatura -baste recordar las alzas de Sarkozy- o el peso de los presidentes.

Hay excepciones: Kim Jong-un, Evangelos Venizelos, Angela Merkel, Hugo Chávez o Winston Churchill fueron o son algunos de los políticos de la lista de líderes ligera -o no tan ligeramente- pasados de kilos, y en la que Berlusconi ocupa un puesto de honor gracias al apoyo de sus sesiones de rayos uva y las incontables inyecciones de bótox, que nunca podrán borrar completamente el rastro de las largas noches de "bunga bunga".

Angela Merkel, Evangelos Venizelos, José María Aznar, Kim Jong-un, Vladimir Putin, W. Taft, Barack Obama y Agustín Carstens. Fotos de EFE, Reuters, 'Il corriere della sera' y los Archivos Nacionales de EEUU. 

Al otro lado del espejo, el Aznar de las 2.000 flexiones diarias, y un Vladimir Putin preocupado por mostrarse fuerte y viril en varias instantáneas en las que consideró innecesario cubrirse con una camisa. El aspecto físico de los candidatos importa, y eso lo saben todos los líderes mundiales, pero la polémica desatada en EEUU en torno a la figura de Christie hace necesario plantearse hasta qué punto puede imponerse el aspecto físico del candidato a su valía como figura política.

Al otro lado del espejo, el Aznar de las 2.000 flexiones diarias y Putin sin camisa

Y desde luego, no deja de resultar una incoherencia que en la cuna de la comida basura, los refrescos hiperazucarados de litro y medio y el eat as much as you can -come todo lo que puedas- los servicios de gimnasios, centros estéticos y cirujanos plásticos estén cada vez más demandados, y se exija a los representantes encajar con una imagen estereotipada que en muchos casos es difícil adoptar.