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El telescopio Herschel fotografía el nacimiento de estrellas

El mayor telescopio astronómico de la historia capturó imágenes de una nube de polvo espacial situada a mil años luz que eventualmente se convertirá en unas cien estrellas, según la ESA

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Herschel, el mayor telescopio astronómico de la historia, capturó imágenes de una nube de polvo espacial situada a mil años luz que eventualmente se convertirá en unas cien estrellas, informó hoy la Agencia Espacial Europea (ESA).

La 'espectacular' imagen de esta 'guardería estelar' corresponde a la galaxia Aquila, que cubre un área de 65 años luz de diámetro y está envuelta en una nube de polvo que ningún satélite infrarrojo anterior había sido capaz de alcanzar.

Es la primera vez que los astrónomos podrán analizar el interior de la nube, fotografiada gracias a un conjunto de cámaras y a un espectómetro que porta el telescopio, que ha capturado las regiones brillantes que proceden del gas de hidrógeno de las 'recién nacidas' estrellas, explicó la ESA.

Los expertos estiman que unas cien de las setecientas condensacones de polvo obtenidas por el Herschel son protoestrellas, que eclosionarán cuando sus núcleos se fusionen.

La nube es parte del Cinturón de Gould, un anillo gigante de estrellas, descubierto a mitad del siglo XIX por el inglés John Herschel, hijo de William, que da nombre a telescopio Herschel de la ESA, aunque el que atrajo la atención sobre el anillo fue Benjamín Gould, en 1874.

Las imágenes fueron tomadas el pasado 24 de octubre, dentro de la misión del telescopio, que consiste en estudiar el nacimiento de las primeras galaxias y su evolución hasta la actualidad.

El Herschel tiene un espejo de 3,5 metros de diámetro -una vez y media el tamaño del principal reflector del telescopio Hubble- y es sensible a ondas de luz infrarrojas y submilimétricas.

Está situado en una órbita a unos 1,5 millones de kilómetros de la Tierra en dirección diametralmente opuesta al sol y permanecerá operativo mientras duren sus reservas de helio, necesarias para enfriar sus sensores infrarrojos, que deben estar a menor temperatura que los objetos que observa.

Los científicos esperan que detecte restos de radiación dejados por el Big Bang hace unos 14.000 millones de años, y recibir datos inéditos del Universo cuando era extremadamente joven, es decir, unos 380.000 años después del Big Bang.