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Portátiles de ejecutivo para niños de parvulario

Alumnos de tres años que utilizan PC mejoran sus notas en matemáticas y sus habilidades sociales

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Sólo tienen tres años y no saben ni leer ni escribir, pero los alumnos de La Salle Bonanova (Barcelona) ya manejan el ordenador con la facilidad de un ejecutivo. El proyecto Mátic, el primer estudio europeo sobre el impacto de las tecnologías en la educación y el aprendizaje de niños de tres años, ha hecho que los pequeños se familiaricen con la informática y obtengan resultados sorprendentes en sus clases de matemáticas. Después de tres meses de trabajo, el 84% de los alumnos que usaron PC portátiles en sus clases mejoraron en más de cinco puntos sus calificaciones, fueron más eficientes en el tiempo y realizaron cuatro veces más ejercicios que los compañeros de la clase ordinaria.

Así, el 84,6% de los alumnos que usaron los denominados Tablet PC, de Toshiba, finalizaron la evaluación del trimestre con una puntuación de notable (7 o más sobre una nota de 10) frente al 57,7% de los alumnos de la clase ordinaria. El progreso global de la clase fue notorio, ya que los primeros incrementaron la nota media de 3,4 a 8,5, mientras que los alumnos de clase ordinaria sólo lo hicieron de 4,7 a 6,9.

“La intención ahora es extender estos logros a otras áreas curriculares, como la lengua o el entorno”, explica Mercè Parcerisas, directora del parvulario La Salle Bonanova, quien añade que los alumnos han demostrado “una actitud más entregada a las actividades escolares, y han trabajado más motivados y atentos”. Y, lejos de enfrascarse cada uno en su pantalla, según explica la profesora Raquel Jorba, “los niños se han abierto al grupo, se han ayudado entre ellos”.

El ordenador se ha convertido en el gran aliado del profesor. La adquisición de buenos hábitos de comportamiento, como no gritar, no levantarse de la silla o levantar la mano para preguntar, en el caso de Mátic, se ha adquirido con mayor velocidad. Por otro lado, el estudio demuestra que los alumnos son más autónomos, atrevidos y curiosos, ya que, según explica Jorba, “los niños aprenden por ensayo-error, sin que sea necesaria la corrección del profesor”. Así, al no perder tiempo en la corrección individual, el maestro puede controlar mejor el trabajo que hace el conjunto de la clase.

“Son mucho más autónomos, y así acaban antes las tareas programadas, por lo que pueden emplear el tiempo restante en jugar”, dice Jorba. Por ello, los expertos insisten en la idea de que tanto las clases ordinarias como las Mátic adquirieron los mismos objetivos curriculares al final del trimestre, gracias a que se mantuvo un paralelismo estricto entre las dos clases, enseñando exactamente los mismos temas.

Pese a todo, las docentes no dejan de lado las herramientas tradicionales de aprendizaje, como los cuadernos, los lápices o los libros de texto. “Los niños también deben trabajar con plastilina, ensuciarse las manos”, dice Parcerisas. De hecho, la situación ideal es combinar ambas metodologías, por lo que ya se trabaja para utilizar las herramientas informáticas a razón de tres veces por semana, combinadas con las clases más tradicionales.

El proyecto Mátic ha sido posible gracias al Parque de Innovación La Salle, Toshiba España y el parvulario de La Salle Bonanova.