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Cien años de soledad "Si alguien analiza hoy a Vargas Llosa no se quedará con que fue procastrista en los 60"

El director general de la Fundación Gabo, Jaime Abello, sale al paso de las declaraciones del Nobel peruano en las que dejaba entrever un cierto oportunismo político por parte del escritor colombiano fallecido hace tres años.

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De izquierda a derecha, Antonio Rubio, Juan Manuel Uribe, Jaime Abello, Jaume Giró y Javier Ramos, en el curso 'Cien años de soledad: una caravana de historias', este viernes en el CaixaForum Madrid. / FUNDACIÓN BANCARIA ”LA CAIXA”

Las declaraciones con las que Mario Vargas Llosa tuvo a bien embadurnar este jueves la figura de Gabo ya tienen respuesta. El Nobel peruano, que —recordemos— tildó al colombiano de poco menos que de oportunista al entender que “era mejor estar con Cuba que contra Cuba”, librándose así del “baño de mugre” que cayó sobre los críticos con la “evolución de la revolución hacia el comunismo”, ha encontrado su réplica en Jaime Abello, director general de la Fundación Gabriel García Márquez para el Nuevo Periodismo Iberoamericano: “Creo que alguien que analice a Vargas Llosa no se va a quedar en los años 60 cuando él era procastrista y promotor de todo aquello”.

Abello, que ha querido dejar claro que sus palabras iban a título personal y no como director de la Fundación Gabo, ha confesado sentirse desconcertado tras las declaraciones de Vargas Llosa: “Pareciera que la valoración política, personal y literaria que se hizo ayer se hubiera quedado en 1976 y no hubiera evolucionado más hacia adelante”. Evolución personal y política que plasmó en una obra periodística que siempre trató de conjugar con su faceta literaria. Precisamente de literatura y periodismo es de lo que más se ha hablado en la clausura del curso de verano de la URJC Cien años de soledad: una caravana de historias, que ha reunido a diferentes expertos en esta obra ya clásica con motivo de la conmemoración de su cincuenta aniversario.

Cincuenta años de una novela que, como buena parte de su producción literaria, está claramente impregnada de periodismo desde su mera concepción. En ese sentido, Abello citaba unas palabras de Gabo en las que el escritor evocaba el proceso de escritura de su obra magna: “Consulté médicos, abogados y junté en mi casa una enorme cantidad de libros de medicina, alquimia, filosofía, enciclopedias botánicas y zoología. Quería que cada dato estuviera muy bien verificado y comprobado, no quería un solo error. Se creó, además, una especie de equipo solidario alrededor del libro y todos mis amigos me ayudaron”. Algo que Antonio Rubio, periodista y director del seminario, quiso sintetizar: “Lo que hace el maestro Gabo es montar un equipo de investigación y datos”.

Por su parte, Miguel Ángel Villena, editor de TintaLibre, planteaba si en un escenario periodístico “tan fragmentado y acelerado como el actual, una figura como la de García Márquez habría podido abrirse hueco”. Una duda que el periodista de Infolibre dejaba sobre la mesa y resolvía abogando por la necesidad de “un periodismo lento que conviva con la mera comunicación, que cuente con la mirada de un periodista comprometido con su tiempo y su época”. Un periodismo, a fin de cuentas, que haga las veces de antesala a la literatura.

“Periodismo mágico”

Simbolizando al extremo ese maridaje entre periodismo y literatura que permea la obra del colombiano, irrumpe Juan Cruz. “Estoy aquí y allí”, llega a decir, entre mesiánico y jocoso, al comienzo de su intervención. Ubicuo como pocos, avanza a los presentes que asiste como reportero para, acto seguido, adular —generoso en zalamerías— a organizadores y convocantes.

A continuación Cruz echa mano de su competencia para el chascarrillo literario y alude a una anécdota en la que Gabo, a altas horas de la mañana, llama a su amigo Jorge Fabricio Hernández para preguntarle cuánto tarda en morir un hombre mordido por un perro rabioso. Es entonces cuando Cruz, sorprendido quizá por la idoneidad de su ocurrencia, queda absorto en pensamientos diversos durante unos segundos. Plácida reflexión que interrumpe para informar a los asistentes que ya tiene título para su crónica: “Cuánto tarda en morir un hombre mordido por un perro rabioso”.

Por último, el avezado periodista zanja su intervención con otro hallazgo imaginativo. “Cien años de soledad es un ejercicio extraordinario de periodismo, podría llamarse periodismo mágico, en el caso de que ambos términos pudieran ir juntos alguna vez”.