Público
Público

Atletismo "Todo lo que sé es que tienes que correr"

De la admiración del cine por el atletismo han nacido magníficas historias. Cuando el Mundial del Atletismo de Londres está a punto de clausurarse, recordamos algunas de ellas al ritmo del 'Gonna Fly Now' y con Rocky Balboa subiendo la escalinata del museo de Filadelfia

Publicidad
Media: 5
Votos: 2
Comentarios:

'Carros de fuego', 1981

Rocky Balboa entrenando de madrugada, subiendo los 72 peldaños de la escalinata del Museo de Arte de Filadelfia al ritmo de Gonna Fly Now ("vas a volar, volar, volar") es estímulo puro. Corredores de todo el mundo han convertido esa canción de Bill Conti en su himno y en Filadelfia se escucha hoy en muchas competiciones deportivas. Ahora, con el Mundial de Atletismo a punto de clausurarse y con algunas de sus imágenes, fabulosas, grabadas todavía en la retina, recordamos otros momentos míticos de atletas en el cine.

Más allá del impresionante documental que rodó Leni Riefenstahl sobre los Juegos Olímpicos de Berlín de 1936, un prodigio en las tomas de movimiento –lástima que se le deba al funesto régimen nazi-, y de otros importantes filmes documentales, el cine de ficción ha dejado instantes imborrables y títulos legendarios sobre la épica del atletismo. Y en esa crónica cinematográfica es casi inevitable empezar con los británicos y con dos películas que han puesto muy arriba este subgénero.

Un delincuente de clase obrera

En 1962, Tony Richardson rodó La soledad del corredor de fondo, adaptación de un relato de Alan Sillitoe, con la que aprovechaba la competición de atletismo para hacer un retrato de la lucha de clases. Magnífico el esfuerzo que hacía en esta película del 'free cinema británico' el debutante Tom Courtenay, interpretando a Colin Smith, un joven delincuente de clase obrera al que envían a un reformatorio después de un robo en una panadería. "Correr siempre ha sido importante en mi familia, especialmente huir de la policía. Es difícil de entender. Todo lo que sé es que tienes que correr". El chico empezaba a correr en su encierro, era su forma de descargar toda su frustración, toda la ira que le dominaba. Poco a poco, la carrera se convertía en una forma de relajar la rabia y reflexionar acerca de su vida.

'La soledad del corredor de fondo', 1962

La historia de dos deportistas excepcionales, Harold Abrahams y Eric Lidell, y los motivos que les animaban a correr, son ya inseparables de la banda sonora que compuso Vangelis para Carros de fuego (1981). Primera ópera prima (obra de Hugh Hudson) que se alzaba con un Oscar a la Mejor Película, presentaba a estos dos atletas, un judío y un cristiano que veían el triunfo desde posiciones diferentes y que se enfrentaron en una rivalidad famosa en el mundo del deporte. Ben Cross interpretaba a Abrahams, que llegó a ganar los 100 metros lisos en los Juegos Olímpicos de París 1924, mientras que Eric Lidell, campeón en aquellos juegos de los 400 metros lisos, quedaba en manos del actor Ian Charleson.

La homofobia en el mundo de deporte

"Inspirada en hecho reales" también, aunque estos jamás fueron demostrados, Su mejor marca (1982) significó el debut en la dirección de Robert Towne, destacado guionista de Hollywood, autor, entre otros, de Chinatown –por el que ganó el Oscar-. Con esta película, el escritor se ponía tras la cámara para denunciar la homofobia en el mundo del deporte. Mariel Hemingway compartía protagonismo con la atleta Patrice Donnelly, que debutaba como actriz.

'Su mejor marca', 1982

Aquella era la historia de dos deportistas norteamericanas que se preparan para los Juegos de Moscú de 1980, a los que finalmente no irían por el boicot de EE.UU. La polémica, sin embargo, que levantó la película se debió al amor lésbico que protagonizaban las actrices y que provocó encendidas protestas.

El propio Towne volvió al mundo del atletismo en 1998 con Sin límites para contar la historia del corredor de los años setenta Steve Prefontaine, un atleta extraordinario que batió siete plusmarcas nacionales en siete pruebas diferentes, desde los 2.000 metros hasta los 10.000. Murió con 24 años en un accidente de coche.

'Sin limites', 1998

El actor neoyorquino Billy Crudup interpretaba a Prefointaine, mientras que el poderoso Donald Sutherland encarnaba a Bill Bowerman, el entrenador que trabajó con el deportista desde sus comienzos en la Universidad de Oregón. Un año antes, Jared Leto había encarnado al legendario corredor en Prefontaine, de Steve James.

De ídolo a ídolo

De ídolo a ídolo. EE.UU. había aclamado muchos decenios antes a Jim Thorpe, un indio de la reserva de Oklahoma, que se convirtió en uno de sus deportistas más venerados. El prolífico Michael Curtiz contó su historia en 1951 en El hombre de bronce, con la presencia de un Burt Lancaster musculoso y en muy buena forma. Thorpe ganó dos medallas de oro en los Juegos de Suecia de 1912, aunque luego se quedó sin ellas cuando se descubrió que había cobrado por jugar al béisbol en ligas menores, lo que iba en contra de las reglas del deporte 'amateur' en esos años.

'El héroe de Berlín', 2016

Y hablando de banderas del atletismo, imperdonable olvidar al grandísimo Jesse Owens, uno de los reyes de la velocidad y el hombre que humilló, ridiculizó e insultó públicamente a Hitler demostrando lo grotesco y necio que era su discurso de la supremacía de la raza aria. El héroe de Berlín, dirigida por Stephen Hopkins y protagonizada por Stephan James, recuperaba el año pasado la historia de este atleta.

Muchos más han corrido delante de las cámaras. El veterano Burce Dern, corredor en la vida real, protagonizó El último maratón (Rob Nilson, 1986); Dustin Hoffman corrió sin descanso en los entrenamientos y contra la injusticia en Marathon Man (John Schlesinger, 1976); y Ryan O’Neal, Charles Aznavour, Michael Crawford y Athol Compton eran los actores principales de La prueba del valor (Michael Winner, 1970), donde interpretaban a cuatro corredores de maratón en los Juegos de Roma de 1960.

'El atleta', 2016

La prueba real la ganó Abebe Bikila, primer atleta que conquistaba un oro olímpico para un país africano y que quedó inmortalizado en el cine gracias a Rasselas Lakew, en El atleta (2009). El propio director protagonizó la película, donde narraba los últimos años de Bikila, que murió inválido a causa de un accidente con 41 años, aunque antes siguió participando en campeonatos de tiro en los Juegos Paralímpicos.