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Benicàssim obedece a papá

Ray Davies, uno de los padres del pop, convierte su concierto en el FIB en una fiesta para los hijos de sus fans

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El FIB se transformó anoche en un mar de veinteañeros cantando las canciones favoritas de sus padres. Las olas las agitaba Ray Davies, que a golpe de clásico activaba los resortes precisos para que la multitud decidiera montar una fiesta. Ray dijo 'bailad' y los niños fueron obedientes.

El ex líder de los Kinks sigue en forma. Sonó potente cuando quiso, levantó el pie del acelerador para recrear melodramas pop a su antojo y todo lo que ocurría frente al escenario principal del FIB parecía orquestado por una mente enferma de melodías. ‘Sunny afternoon', ‘You really got me', ‘Victoria' o ‘Lola' recuperaron la leyenda, eso que le gusta hacer al FIB de vez en cuando, como ocurrió con Cohen, Wilson o Reed.

Tras él llegaron unos Kasabian que tuvieron que lidiar con un sonido pésimo, algo poco habitual en el escenario grande de este festival. Sonaron bajo y embarullados, las peores condiciones para un repertorio que o se agarra al volumen y la contundencia o se convierte en un partido de fútbol de 0-0.

El grupo, superventas en Inglaterra pero poco conocido en España, demostró por momentos estar más cerca de Oasis que de sus adorados The Clash. Sólo cuando le dieron al play de las bases electrónicas y se olvidaron de las atmósferas épicas con ínfulas operísticas el concierto alzó un poco el vuelo.

Mucho mejor estuvieron los Dirty Projectors, que firmaron el mejor concierto de lo que va de festival (con permiso de papá Davies, claro). Indie-rock epiléptico y visceral, atreviéndose a mirar a África sin perder espíritu universitario y construyendo caleidoscopios vocales la mar de curiosos.