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Cielo nublado sobre Grecia

El director griego Theo Angelopoulos muere en Atenas tras ser atropellado por una motocicleta

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Pocas veces lucía el sol en las películas de uno de los directores clave del cine contemporáneo. Como en un acto de resistencia ante esa Grecia de postal que siguen vendiendo ciertas películas, Theo Angelopoulos, junto a su habitual director de fotografía Giorgos Arvanitis, mostraba los escenarios de su país bajo la bruma. Así sucede en Paisaje en la niebla (1988), donde un par de niños emprenden la búsqueda de un padre inexistente en una Europa fría, gris y petrificada como esa mano de mármol gigantesca que, en una secuencia, de repente emerge del mar. Al final, cuando los dos hermanos ven rebelarse un árbol entre esa niebla, tienes la sensación de vivir uno de esos momentos epifánicos que sólo el cine puede ofrecer.

Theo Angelopoulos nació en la cuna de la civilización occidental en 1935, y estudió en la cuna del cine de autor, el antiguo Institut des Hautes Études Cinematographiques de París para, una vez de vuelta a Grecia, dedicarse a la crítica en un periódico que no tardó en ser clausurado por la junta militar en el poder. Tras debutar en el largometraje con Recontrucción (1970), recuerda en su segundo filme, Días del 36 (1972), un episodio de la historia de Grecia que le permite denunciar el presente, nos encontramos en plena Dictadura de los Coroneles, a través de los acontecimientos del pasado. Le sigue su primera obra maestra, El viaje de los comediantes (1975), una road movie en la que establece las constantes temáticas y estilísticas de su obra: los planos secuencia que señalan la inexorable relación entre pasado y presente, entre el individuo y la historia; la reactualización de los mitos de la literatura clásica pasados por el filtro del teatro brechtiano; el viaje como articulación del flujo del tiempo...

Sus películas posteriores, Los cazadores (1977), una metáfora, muy al estilo de Saura o Buñuel, sobre las víctimas del poder que resurgen del olvido, y Alejandro el Grande (1980), siguen reflexionando sobre la tiranía. Con Viaje a Citera (1984) y El apicultor (1986) inicia su colaboración con Tonino Guerra, el guionista habitual de Michelangelo Antonioni. Junto a él, Angelopoulos aparca los retratos de grupo para profundizar en la figura del individuo en crisis que no encuentra respuestas en el mundo en descomposición que lo rodea. Como el protagonista de El paso suspendido de la cigüeña (1991), uno de sus títulos a recuperar (están casi todos ellos disponibles en DVD gracias a la distribuidora Intermedio), ese político encarnado por Marcello Mastroianni que abandona la vida pública para retirarse a un pueblo fronterizo donde se agolpan inmigrantes de diferentes países.

Un retrato de una Europa que empieza a redefinirse desde los márgenes y cuya última gran cicatriz abierta, la Guerra de los Balcanes, sirve de telón de fondo para La mirada de Ulises (1995), una odisea a través de la historia colectiva, la del cine y la íntima del personaje que interpreta Harvey Keitel. Tres años después, con La eternidad y un día (1998) consigue una Palma de Oro en Cannes que también tiene algo de punto y aparte en su filmografía.

Eleni (2004) significa el inicio de una nueva y ambiciosa trilogía que pretende recorrer el siglo XX a través de Europa y América. Su continuación, The Dust of Time (2008), recibió críticas más bien negativas tras su pase en el Festival de Berlín 2009 y no llegó a estrenarse en nuestro país. Tras este revés, Angelopoulos decidió reconducir la tercera entrega de la trilogía hacia el presente y centrarse en la crisis que está afectando a Grecia. El cineasta había empezado a rodar este nuevo film, The Other Sea, con La ópera de tres peniques de Bertold Brecht como fuente de inspiración más explícita, el pasado diciembre. Este martes, como en el desenlace de una tragedia absurda, la muerte interrumpió su trabajo. Las noticias sobre el fallecimiento de Theo Angelopoulos no especificaban qué tiempo hacía en Atenas cuando una moto lo atropelló mortalmente mientras buscaba localizaciones. Al día siguiente, para todos amaneció gris y nublado.