Publicado: 17.01.2014 07:00 |Actualizado: 17.01.2014 07:00

El desenfrenado ritmo de la codicia

Martin Scorsese retrata la delincuencia financiera en 'El lobo de Wall Street'. Lo hace desde la historia real de Jordan Belfort, un estafador de la bolsa que se hizo multimillonario en un tiempo récord

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Saca el dinero del bolsillo del cliente y mételo en el tuyo. Toma (le ofrece un frasco de cocaína). De esto se trata Wall Street, de esto y de las putas. ¡Que ganes una puta fortuna y que, tras hacerlo, aún te quede un mínimo trocito de alma!". Es el recibimiento a Wall Street que le hizo Mark Hanna a Jordan Berlfort, un veinteañero que antes de llegar a los treinta era multimillonario, un delincuente de las altas finanzas, criminal siglo XXI, que arruinó a miles de personas y que, después de que le pillara el FBI, escribió la historia de su ascensión y caída. Historia que llegó a manos del gran Martin Scorsese, quien la cuenta ahora en El lobo de Wall Street al desenfrenado ritmo de la codicia, con el frenético vaivén que provoca la cocaína y con el descaro de los bandoleros de la bolsa.

No cae, por supuesto, Scorsese en la trampa de ensalzar al personaje. Jordan Belfort, interpretado por Leonardo DiCaprio, que ha ganado el Globo de Oro al Mejor Actor de Comedia por este trabajo, es un bandido, un malvado de la peor calaña. Belfort es un tipo que roba a los pobres -cierto que estos son ignorantes y avariciosos y eso les pierde -, que se jacta de todos sus excesos y, además, que no se arrepiente de lo que hace. Y cierto también que Scorsese aprovecha todos y cada uno de los altamente rentables defectos de este personaje y de su mundo para crear algunos momentos de grandísimo cine.

'El lobo de Wall Street' cuenta la historia real de Jordan Belfort, un corredor de bolsaEl lobo de Wall Street, que tiene un sensacional arranque, cuenta la historia real de Jordan Belfort, un corredor de bolsa que creó la agencia Stratton Oakmant, con "unos chicos de Queen", y que amasó una fortuna descomunal, de forma fraudulenta, en un tiempo récord. Ganaba millones de dólares por el día. Y, rey del exceso, por la noche gastaba decenas, incluso cientos de miles de dólares. "La historia me hizo pensar en Calígula en la época actual", ha dicho Leonardo DiCaprio, que se mete en el pellejo de un tipo que con 26 años tenía seis coches de lujo (Ferrari, Jaguar...), un helicóptero que él mismo pilotaba, un yate de 50 metros de eslora que había sido de Coco Chanel... Un hombre que "llegó a gastarse 700.000 dólares de golpe en hoteles y prostitutas", según señalan las notas de producción de la película, y que cada día tomaba cocaína, morfina y unos 20 quaaludes, además de grandes cantidades de alcohol.

La Comisión de Títulos de Bolsa y el FBI le cercaron y, finalmente, fue acusado de fraude y blanqueo de dinero. Perdió todo lo que había robado con sus estafas y escribió un libro. Su historia es la historia reciente de América y del resto del mundo, es la historia de la época en que los hombres viven dominados por la locura del dinero. Es el relato del apogeo del capitalismo nocivo, dañino. Es el retrato de nuestro tiempo modelado por Martin Scorsese, un artista que ha demostrado que domina la esencia del delito. Y ‘su' Jordan Belfort es puro delito. Y es también, desgraciadamente, paradigma del triunfador de esta sociedad del éxito. El campeón del dólar que, finalmente, se despeñará y terminará gritando "¡Fuck America!".

Es "una historia que gira en torno a lo profano, no a lo sagrado; a lo obsceno, no a la decencia" La casi inocencia -sin vergüenza ni arrepentimiento- con que el auténtico Jordan Berlfort (que hoy otra vez se hace rico dando conferencias) contó su historia a Terence Winter (guionista de Los Soprano y de Boardwalk Empire) marcó definitivamente el tono del personaje en la película. Un ‘vencedor' que al mismo tiempo es patético, un perdedor que cree que está ganando, un tipo que no puede parar. Resultado perfecto de una historia de "lo obsceno". "Desde un principio, todos decidimos que llegaríamos hasta el final", reconoce Martin Scorsese, quien deja bien claro que El lobo de Wall Street

es "una historia que gira en torno a lo profano, no a lo sagrado; a lo obsceno, no a la decencia. La obscenidad y la profanidad no se esconden, son parte de una cultura. Creo que acaba siendo un estilo de vida, 'el estilo de los ricos y famosos', como decía un programa de televisión, que sirve para evitarse a sí mismo, por miedo a estar solo consigo mismo".

Solo no ha estado, precisamente, Scorsese en esta película, donde ha vuelto a trabajar con una de sus mayores cómplices, la montadora Thelma Schoonmaker, además de con Leonardo Dicaprio, inseparable del director desde hace unos años. La apuesta en esta ocasión ha sido Jonah Hill, actor de títulos como Supersalidos o Infiltrados en clase, que da la réplica al protagonista en el filme. Y uno de los aciertos del reparto es, sin duda, Matthew McConaughey, precisamente en el papel del mencionado Mark Hanna, el tipo que explicó a Belfort de qué trataba Wall Street.