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“¿Le importa que me fume un peta?”

La película independiente ‘Smoking Club (129 normas)’ se suma a la liga de los fumetas del cine, en la que Robert Mitchum es el santo patrón, y a la que pertenecen desde Buñuel y Colomo, hasta Coppola, Spielberg y Tarantino

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'Smoking Club'

“En aquella época, la marihuana era el whisky de los pobres”. En la Gran Depresión, Robert Mitchum con catorce años era un vagabundo que recorría el país escondido en trenes. La marihuana crecía salvaje, a veces en matojos al lado de las vías. Antes de subir al siguiente tren, se llenaba los bolsillos y luego se la fumaba liada en papel de periódico. Le gustaba cómo le hacía sentir. Cuando ya había fumado mucho, distinguía la procedencia del hachís de una sola calada y coleccionaba las semillas para plantarlas en los jardines de las casas donde vivía. Sin duda, Mitchum, el actor de una sola toma, el gran granuja de Holywood, es EL SANTO PATRÓN DE LOS FUMETAS DEL CINE… Y Jeff Bridges –con su personaje El Nota, de El gran Lebowski-, su apóstol aventajado. “¿Le importa que me fume un peta?”

Pedro Vidal, ayudante de dirección de David Lean en el rodaje de La hija de Ryan, recordaba que “cuando Howard (Trevor Howard) fumaba la impresionante marihuana de Mitchum todo iba bien o medio bien. Cuando pasaba al alcohol estábamos perdidos”. Algo parecido pasa con los personajes de Smoking Club (129 normas) cuando se encienden un peta de una variedad un poco más fuerte de la que habitualmente consumen. Todo se desmadra.

Ópera prima de Alberto Utrera, la película que se estrena ahora –rodada en nueve días en una única localización- es la historia de Óscar, un tipo que decide abrir un club de fumadores de cannabis con su amigo Danny. Un local alegal que requiere cierto control. Rodrigo Poison y Jimmy Castro, actores formados en el teatro, dirigen estupendamente el tono de la película.

Ciego a canutos

Una fascista que no cumple ya setenta, un profesor de taekwondo y dos latinoamericanos ‘ralentizados’ son algunos de los ‘habituales’ del club de Óscar y Danny. Son los recién llegados a la liga de los fumetas del cine. Una alianza en la que no hace mucho se ganó un puesto a la izquierda de Mitchum, Joaquin Phoenix en el papel del alucinado detective Doc Sportello de Puro vicio (Paul Thomas Anderson, 2014). Phoenix deambula por Los Ángeles en permanente estado de ‘paz y amor’. Para fumetas avezados no hay secreto, el actor es uno de los suyos.
La revista sobre marihuana más importante del mundo, High Times, nombró a Jack Black 'Fumeta del Año 2002'. Con él, podría lucir en las portadas Matthew McConaughey, al que pilló la policía una noche en su casa desnudo y tocando la marimba después de la denuncia de sus vecinos; el mismísimo Francis Ford Coppola, que explicó que comenzó “a fumar habitualmente en Apocalypse Now. Era como en Vietnam: había hierba por todas partes y todo el mundo se hinchaba”; Oliver Stone, que aseguró que “si no hubiera sido por la hierba y por la música, nunca hubiese vuelto vivo de Vietnam”, o Quentin Tarantino, que se puso ciego a canutos en Ámsterdam mientras escribía Pulp Fiction, o Woody Harrelson, miembro del consejo asesor de la asociación pro-cannabis NORML.

Robert Mitchum

"Esos bares de hachís"

No es casualidad que todos ellos hayan llevado sus fumadas a algunas de sus películas. McConaghey participó muy joven en la memorable Movida del 76 (Richard Linklater), fiesta de cerveza y porros el último día del instituto. Coppola lo hizo en el viaje psicodélico de Apocalipse Now y en Peggy Sue se casó, Oliver Stone lo llevó a Platoon en 1986 y hace muy poco a Savages (2012), crónica brutal del narcotráfico mexicano del cannabis; Woody Harrelson era el narrador de Grass, el documental que hizo Ron Man en 1999 sobre la persecución del gobierno americano a la marihuana, y Quentin Tarantino plasmó su experiencia holandesa en el comienzo de Pulp Fiction.

Jules (Samuel L. Jackson): Bueno, háblame otra vez de esos bares de hachís.
Vincent (John Travolta): Verás, el rollo funciona así, es legal comprarlo, es legal poseerlo y si eres propietario de un bar de hachís es legal venderlo. Es legal que lo tengas, pero tampoco importa, imagínate esto ¿vale? si te detiene un poli en Ámsterdam es ilegal que pretenda cachearte. En Ámsterdam los polis no tienen ese derecho.
Jules: Joder, macho, yo me voy allí sin dudarlo, ¡joder que si me voy!

Jeff Bridges

Películas de fumados y para fumados

En la historia del cannabis en el cine hay películas de fumados y películas para fumados, ésas en las que un ‘habitual’ sintoniza inmediatamente, en las que hasta los chistes malos parecen geniales y de las que se sale con el incontenible deseo de fumarse inmediatamente un peta. En los últimos años, el efecto de la maría traspasó la pantalla con la británica El jardín de la alegría (2000), de Nigel Code. La fumada colectiva de los habitantes de ese pequeño pueblo donde se cultivan rosas y se bebe té es para amantes de la marihuana que no molestan a nadie.

Otros buenos porros que se han disfrutado en el cine son el que se fuma el protagonista de ¡Jo, qué noche! (Martin Scorsese, 1985) con una mujer a la que acaba de conocer; el mítico canuto de Nicole Kidman en Eye Wide Shut (1999), de Stanley Kubrick; el que comparten los padres de la pequeña Carol Anne en Poltergeist (1982), escrita y producida por Spielberg; los petardos de Easy Rider (1969), seguramente la primera película pro marihuana de la historia… con Jack Nicholson, Peter Fonda y Dennis Hooper, trío de fumetas. “Peter (Fonda) y yo no hacíamos como que fumábamos marihuana, sino que fumamos marihuana durante todo el rodaje”, dijo Dennis Hopper.

Unos cuantos paquetes de hachís

La lista de película de y para fumados, después de aquel título emblemático, tiene el tamaño de una buena ‘trompeta’. Ahí están Zombies Party, el alienígena Paul, el oso macarra de Ted, la camioneta de marihuana de ‘Como humo se va’ con los comediantes Cheech Marin y Tommy Chong; el peta de la libertad de la protagonista de Persépolis, de Marianne Satrapi y Vincent Paronnaud; los canutos en blanco y negro de Clercks (Kevin Smith), los que se fumaban en la estupenda Martín (Hache) (Adolfo Aristarain, 1997), los brownies con cannabis que se come Anna Faris en Smiley Face, los innumerables porros que se fuma el comediante Doug Benson en el documental Super High MeSuperfumados, Cómo flotas tío, Vendemos chocolate, Seguimos fumando, Lío embarazoso, Funny people, Virgen a los 40, Colega, ¿dónde está mi coche?….

Los grandes no se han resistido a rodar alguna buena fumada en sus películas. Woody Allen, en Annie Hall; Danny Boyle, en La playa; Terry Gilliams, en Miedo y asco en Las Vegas; Sam Mendes, en American Beauty… En un tono mucho más grave lo hizo Antonioni en Zabriskie Point (1971), en la que retrataba el inconformismo de la juventud norteamericana, o Alan Parker en El expreso de medianoche, donde pillaban a un estudiante de EE.UU. con unos cuantos paquetes de hachís y su vida se convertía en un infierno en las cárceles de Estambul.

'Volver'

"Marihuana, ¿quiere?"

En España, tan cerca del ‘moro’, Fernando Colomo lo pasó en grande con Bajares al moro, y Blanca Portillo en su papel de Agustina (Volver, de Almodóvar) confesaba a Raimunda, Sole y Paula: “Cada vez que me fumo un porro me acuerdo de ella (…) Si no fuera por los porros, ni comía (…) El porro me da un poquito de hambre”.
Antes y más transgresor que nadie, ya estaba el cannabis en el cine del gigante español, Luis Buñuel. Es la escena de los militares de ‘El discreto encanto de la burguesía’, película francesa, no podía en 1972 haber sido española:

- ¿Qué fuma Coronel?
- Marihuana. ¿Quiere?
- No, gracias.
- ¿Excelencia?
- ¡Claro que no!
- Yo quiero. Gracias.