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Crichtonsaurio: adiós al rey del Jurásico

Fallece Michael Crichton, creador de 'Parque Jurásico' y la serie 'Urgencias'. El autor, de 65 años y con más de 150 millones de ejemplares vendidos, muere de cáncer

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Inventor del tecno-thriller, productor de éxito de cine y televisión y hasta pionero de los videojuegos, Michael Crichton (Chicago, Illinois, 1942) fue, por encima de cualquier cosa, un escritor con uno de los mejores olfatos para la industria del entretenimiento.

El autor de Parque Jurásico supo utilizar sus conocimientos técnicos y científicos (se licenció en Medicina en Harvard en 1969) y combinarlos con las técnicas literarias características del thriller y el suspense, para hacer llegar al gran público tramas centradas en los conflictos éticos del hombre con los adelantos de la tecnología, como la clonación o la realidad virtual.

Crichton, aquejado en los últimos tiempos de un cáncer que su familia no ha querido especificar, falleció de manera imprevista el pasado martes en Los Ángeles (California) a los 66 años de edad. “La noticia nos ha cogido a todos por sorpresa, menos a sus familiares más cercanos”, decía ayer su editora en España, Debora Blackman, del sello Plaza & Janés.

Precisamente fueron su mujer Sherri y su hija Taylor los que dieron a conocer la noticia a través de un comunicado al programa Entertainment Tonight, de la cadena CBS, donde lo definieron como “un gran contador de historias que retó nuestras nociones preconcebidas sobre el mundo que nos rodea y nos entretuvo mientras lo hacía”. Su familia también ha resaltado “el humor irónico” de un autor que ha vendido más de 150 millones de libros en el mundo.

“Crichton fue un pionero en fundamentar sus tramas, en mayor o menor medida, con investigación científica y hacerlo con olfato comercial, al margen de lo denostado que resulte como casi todos los best-sellers. A ningún escritor de ciencia ficción se le ocurrió escribir sobre las posibilidades de la clonación como él lo hizo en Parque Jurásico”, dice Leon Arsenal, autor veterano de fantasía científica de nuestro país.

Crichton comenzó su andadura en los años setenta con novelas de ciencia ficción más o menos canónicas, como La amenaza de Andrómeda (que relata la propagación de un virus mortal a partir de la caída de un asteroide), El hombre terminal (donde juega con la idea tan de Cronenberg de unir carne y cables) y Almas de metal (un parque de atracciones dirigido por robots, llevado al cine y protagonizado por Yul Brynner ya en 1973). Fueron publicadas en colecciones de género, “para luego evolucionar de una forma muy coherente a temas más populares (y sensacionalistas)”, según asegura Julián Díez, coordinador de Las cien mejores novelas de ciencia ficción del s. XX.

“La suya ha sido una carrera de lo más inteligente”, resalta Díez, quien también avisa que “su deriva al thriller político es otra cosa. En cierta manera, se adelantó demasiado a su tiempo, como le pasó en el campo de los videojuegos”.

Entre sus primeros trabajos, antes de convertirse en el productor del momento, aparece su contacto con los lenguajes de programación informática (es autor de un ensayo para todos los públicos sobre BASIC) e incluso los videojuegos: en 1984 escribió y programó Amazon, una aventura conversacional. También fundó su propia compañía de software, Timeline.

Aunque durante los años ochenta comenzó a sentar las bases de su estilo en títulos como Congo y Esfera (ambas adaptadas no con mucho éxito a la gran pantalla en los noventa), no fue hasta la fiebre de los dinosaurios, despertada del letargo por Spielberg con Parque Jurásico, cuando Crichton alcanzó la categoría de best-seller mundial al que recurrir. Incluso para adaptar novelas antiguas, como fue el caso de Devoradores de cadáveres, escrita en 1976 y llevada al cine por Disney con Antonio Banderas bajo el título de El guerrero número 13.

También de la mano de Spielberg entró en televisión por la puerta grande, con la serie Urgencias, donde ejerció de productor. Su buena sintonía con el cine y el público (antes había escrito y adaptado las más realistas Acoso y Sol Naciente) cristalizó en Twister.

También tuvo proyectos fallidos, como recuerda su editora: “Es el caso de la novela Punto crítico, donde la trama parte de un accidente de avión y que no llegó a funcionar en ningún país”. En su última novela, Next, volvió a tocar hablar de tráfico de genes y de investigación poco ética: ¿Qué pasaría si se cruzara con éxito a un hombre y un mono?