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'Rillington Place', así logró este asesino en serie que colgasen a otro en su lugar

Basada en hechos reales, 'El estrangulador de Rillington Place', protagonizada por Tim Roth, cuenta la historia de John Reginald Christie, un asesino en serie británico que durante los años cuarenta y cincuenta asesinó a varias mujeres impunemente hasta el punto de acusar a otro de sus propios crímenes.

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Un fotograma de la serie Rillington Place.

Un grito desesperado de un joven a punto de morir ahorcado sirve de pistoletazo de salida para El estrangulador de Rillington Place, una miniserie británica de tres episodios con el indiscutible sello de calidad de la BBC que desde hoy está disponible en Filmin. "Fue Christie". El que grita así es Timothy Evans (Nico Morallegro), acusado de la muerte de su mujer Beryl (Jodie Comer) y de su bebé Geraldine. El Christie al que menciona es su vecino y testigo principal de un juicio al que Tim ya entró condenado y del que salió con la horca como castigo por un doble asesinato que primero confesó, después negó haber cometido y del que con el tiempo y la declaración de Christie se demostró que no fue autor. Una historia real de la que Craig Viveiros se apropia para darle una nueva vuelta de tuerca -ya fue contada con anterioridad en 1971 en formato película- obteniendo como resultado tres horas de angustia y tensión sin tregua. 

John Reginald Christie (Tim Roth) es uno de los asesinos en serie británicos más célebres. Durante una década, entre 1943 y 1953, asesinó a varias mujeres -el número no está claro del todo aunque en la serie se atreven a dar uno hacia el final de la misma-. Basta una rápida búsqueda en Internet para que quien no conozca su macabra historia y cómo fue capaz de engañar a casi todo se empape de su currículum como estrangulador. Pero lo mejor y más recomendable para disfrutar al máximo de esta producción es resistir la tentación y dejarse arrastrar de lleno a ese ambiente lúgubre, oscuro y asfixiante que consigue El estrangulador de Rillington Place. Tres capítulos aptos para devorarlos uno tras otro sin descanso.

Tim Roth firma una de las interpretaciones más notables de su carrera

Uno de los grandes aciertos de esta miniserie de la BBC y por el que se llevó un BAFTA es su fotografía. Obra de James Friend, se consigue trasladar al espectador a ese Londres húmedo, pobre y cochambroso, plagado de grises y humedad en el que viven los protagonistas y que durante una parte de la serie se encuentra bajo el asedio de los bombardeos. Rillington Place está en Notting Hill, uno de los barrios ahora más visitados por los turistas gracias, en parte, al cine. Esta producción, ambientada en los 40 y 50, da una imagen totalmente distinta de él. Allí es donde vivió uno de sus asesinos en serie más sádicos, perturbadores y, por qué no decirlo, inteligentes. No es fácil conseguir engañar a todos durante 10 años levantando solo las sospechas de con quien se comparte techo y cama. 

Tim Roth, que se maneja muy bien con personajes inquietantes, firma una de las interpretaciones más notables de su carrera. Con una caracterización pensada para darle un aspecto físico más parecido al del personaje real, da vida a un tipo con una capacidad de autocontrol pasmosa. Si no fuese porque el público sabe desde el inicio de su culpabilidad, este resultaría también engañado como les ocurre a quienes entran en contacto con él. La única que intuye lo que esconde, pero que no quiere ser consciente de ello y que con su silencio le sirve de coartada, es su mujer Ethel, interpretada por una impecable Samantha Morton. 

La ambientación, el reparto y la estructura narrativa de Rillington Place, título con el que se estrenó en Reino Unido en febrero del año pasado, hacen que esta serie de solo tres episodios funcione como una maquinaria bien engrasada. La decisión de Viveiros de organizar el caso en torno a sus tres protagonistas clave fomenta que la tensión vaya in crescendo. El primer capítulo está dedicado enteramente a Ethel. Después viene el de Tim y cierra, claro, el de Reg. De esta manera se van dando poco a poco las pinceladas necesarias para comprender cómo fue la carrera criminal de Christie, quiénes fueron sus víctimas, cuál era su modus operandi y cómo consiguió eludir la horca durante tanto tiempo. Se va dibujando al personaje a través de sus interacciones con el resto hasta que le llega su momento. 

La serie se guarda para el final su verdadera cara, la que se podía intuir en las dos primeras partes pero que en realidad era mucho peor aún

Ese en el que se descubre que tras su carácter calmado y voz susurrante -un problema médico según él le impedía alzar la voz- se escondía un monstruo. Sin embargo, nadie veía más allá de su careta de amabilidad. Siempre solícito para ayudar al prójimo (o más bien, a la prójima), tras esa fachada se agazapaba un auténtico depredador depravado con una habilidad especial para manipular a todos a su alrededor. La serie se guarda para el final su verdadera cara, la que se podía intuir en las dos primeras partes pero que en realidad era mucho peor aún. De hecho, no se muestra un crimen en pantalla hasta la recta final, cuando a Reg se le cae la careta por completo. 

Hasta entonces todo era intuir e imaginar en constante tensión. ¿Cuándo desaparecerá la siguiente chica? ¿Quién será su próxima víctima? Una angustia a la que contribuye lo reducido de los escenarios. Principalmente la serie transcurre en la casa de los Christie. Una vivienda de dos plantas para dos familias oscura, lúgubre, con mobiliario pobre y paredes en las que el papel pintado de varias tonalidades se cae a pedazos. Todo orquestado para conseguir una ambientación claustrofóbica que aviva una mayor sensación de terror. La que supone adentrarse en la vida y proceder de un asesino en serie frío y calculador que se salió con la suya demasiado tiempo hasta el punto de convertirse en el testigo principal de la causa contra otro hombre al que colgaron por un delito suyo. 

El estrangulador de Rillington Place está disponible desde hoy en Filmin tanto en versión doblada como con subtítulos, en castellano y catalán. Además, para completar, en el catálogo también se encuentra la versión de 1971 dirigida por Richard Fleischer con Ricard Attenborough en el papel de Reg Christie y John Hurt en el de Tim Evans.