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Schommer, el osado

El Museo de Bellas Artes de Bilbao acoge una retrospectiva sobre el fotógrafo español

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Esta historia de fotografía comprometida, transgresora y universal comenzó en Vitoria en los años cincuenta, cuando un joven alejado de las cámaras dio la vuelta al estudio de su padre y descubrió sin pretenderlo, con un simple cambio de luces, el valor del retrato. Aquel día Alberto Schommer (Vitoria, 1928) alteró su propio destino: 'Hubiese sido un gran pintor'. A cambio, se convirtió en un referente de la fotografía en España.

El Museo de Bellas Artes de Bilbao presentó ayer la muestra Schommer. Retrospectiva 1952-2009 abierta hasta el 16 de mayo con más de un centenar de obras que representan su recorrido vital, desde los vintages de su primera época hasta su última edición de fotomontajes, pasando por imágenes captadas en sus viajes por el mundo. 'La mayor aspiración es que el artista se reconozca', dijo el comisario, Alejandro Castellote.

A sus 82 años, Schommer sigue pletórico. Como él dice, 'estoy buscando la forma de hacer un nuevo trabajo'. Lo que le puede llevar a China, Brasil o África. 'Las personas de color me preocupan mucho. África está abandonada. Merece la pena ser retratada'.

Ese es su eventual futuro. La muestra retrospectiva es, en cambio, el reconocimiento al trabajo de este autor, inspirado siempre por su instinto y su obsesión por vivir pegado a la realidad. Y la realidad no siempre es, a sus ojos, esa imagen desgarradora e impactante que da la vuelta al mundo. Porque en su mundo, lo cotidiano, sin más, importa.

Nadie se ha atrevido a retratar como él a los poderosos

Esta exposición temporal es la primera de las cinco programadas para este año por la pinacoteca de Bilbao, que reserva otro tiempo al modisto Cristóbal Balenciaga, él mismo que en el París de los años cincuenta hizo a Schommer una tentadora oferta para que se convirtiera en su fotógrafo. Fue en vano. El entonces prometedor fotógrafo hizo su camino hasta salir del anonimato para siempre al final de la dictadura, aunque no fuera precisamente por el favor del régimen. Franco llegó a ordenar a sus ministros que no posaran para él. Aunque el desafecto era mutuo, porque Shommer siempre se negó a retratar con al dictador.

¿Se arrepiente pasado el tiempo? 'No, nunca. Me alegro muchísimo de no haberle hecho la foto, sino su mascarilla', dijo ayer. Aquel reproche a Franco forma parte de la exposición, como otras obras que con sarcasmo ideó para socavar los cimientos de la dictadura. Como esa otra en la que sentó al director cinematográfico Carlos Saura en una silla de ruedas entre guiones tirados por el suelo. Era la forma de Schommer de denunciar la falta de libertad en la época.

Delante de su cámara han posado poderosos de todas las calañas: políticos, empresarios, los reyes de España, cardenales... Y los retrataba como nadie se atrevía. A los monseñores Tarancón y Suquía los dejó levitando en el aire con un efecto fotográfico. Era, y es, su forma de mostrar su carácter transgresor hasta para definirse así mismo. 'Yo soy un autor, y no un artista', insistió ayer, sentado a una mesa en la sala de exposiciones.

Allí sólo echaba de menos a un personaje que no pudo fotografiar: 'Piccaso se me murió'. Quien no se le escapó fue otro ídolo, Andy Warhol, a quien convenció para que se envolviera con una bandera de Estados Unidos, mientras pintaba una barra roja.

'No soy malo. Deseo hacer obras para que los demás estén satisfechos'

La exposición retrospectiva presentada en la pinacoteca de Bilbao colma, al menos, parte de sus deseos: el reconocimiento a la fotografía. Hace diez años, Schommer decía en una entrevista: 'Los museos aún no valoran la fotografía. Si les dan un millón de pesetas para comprar una obra, no se plantean comprar una fotografía. Y esto quiere decir que no han entendido de la misa a la media'. Y una década después lo mantiene: 'Los museos pagan mejor la pintura y la escultura. Otra cosa son ya las exposiciones. Cada vez hacen más de fotografías. Esto ha cambiado'.

Su frustración es otra: no haber visto el nacimiento de un Centro Nacional de Fotografía. 'Eso es mejor olvidarse. No creo que exista. Tendría que haber en la Cultura algún elemento humano que tuviese tal interés en la fotografía que pensase que se debería fundar una escuela', dijo, sin perder la esperanza.