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Cómo hacer vibrar a un Estadio Olímpico a los 50

La reina del pop convenció en su recital de anoche en Sevilla, pese a no llenar

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La reina del pop no puede ser puntual. Con 20 minutos de retraso se apagaron las luces del Estadio Olímpico de Sevilla. Y entonces, la histeria. Sonaban los primeros acordes de Candy Shop. Las grandes pantallas de última generación comenzaban a iluminarse. Detrás de la pantalla central apareció Madonna, la mismísima, postrada en un gran trono. Y entonces, el delirio.

Corpiño negro –cómo le gustan los corpiños a esta chica–, botas altas de cuero y sus clásicos y fabulosos bailarines alrededor. Puro sexo. Eso sí, cantar, lo que se dice cantar, Madonna no cantó mucho en el primer tema.

Y entonces, habló: “Hola, Sevilla” fueron las primeras palabras de Madonna al público español. Se trataba del primer concierto en España de la gira Sticky & Sweet, el primero sobre la piel de toro en años. El viernes repetirá en Valencia, su segundo y último concierto en nuestro país.

En Beats goes on, el segundo tema que tocó este martes por la noche, la voz de la cantante ya se hizo notar. A Madonna no le gusta salirse del guión, por lo que no hubo sorpresas en este concierto. Tampoco hicieron falta, porque el público se mostró enfervorecido en todo momento, a pesar de no ser esta una gira tan espectacular como las anteriores. Ni grandes bolas de discoteca, ni lujosos y gigantescos crucifijos... Eso sí, el despliegue de luz y sonido estuvo a la altura.

El concierto se dividió en cuatro partes en las que Madonna realizó un resumen de todas sus etapas y reinvenciones. Pimp fue la primera parte, donde la artista homenajea al Art Decó de los años 20. (Human nature o Vogue han sido canciones de esta parte del concierto, en la que lució modelos de Givenchy). En la parte más hispana, Gypsy, Madonna recogió temas como La isla bonita o Spanish lesson.

A la artista no se la vio espontánea, pero sí cómoda. Incluso se atrevió a saltar a la comba para comenzar el bloque Old school, donde la cultura dance de los ochenta fue el eje central. Music fue la guinda que hizo vibrar al público.

Finalmente, Madonna se adentró en un mundo futurista con tintes del lejano oriente, donde interpretó Ray of Light. Sevilla disfrutó de todas las Madonnas. La intimista, la reina de las pistas de baile, la mística e incluso la que todavía está por descubrir.