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Armstrong, el derrumbe total del último gran mito del deporte

Al exciclista se le acumulan las consecuencias negativas de su mentira. A la pérdida de sus siete Tours, se une la esfumación de más de 100 millones de euros y hasta una posible pena de prisión por perjurio

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El imperio económico y mediático que fue generando con el paso de los años y los éxitos Lance Armstrong se está desmoronando cual castillo de naipes. El ciclista estadounidense no solo tuvo que comprobar cómo ayer la UCI le desposeía de sus siete Tours de Francia, sino que su implicación en la sofisticada trama de dopaje destapada por la USADA le está acarreando numerosos contratiempos económicos y podría terminar por encerrarle en prisión.

El ciclismo sigue asimilando el último gran golpe moral a la poca integridad que le quedaba. A la eterna lista negra de ciclistas dopados hay que unir a partir de ahora al más laureado de todos. Aquel que fue capaz de, tras superar un cáncer, sumar siete victorias seguidas en la carrera más importante por etapas. Sin eso, a Armstrong no le queda nada. El resto de sus resultados deportivos no son comparables. Un Mundial en 1999 y un bronce en los Juegos Olímpicos de 2000, que también podría perder.

Aunque sigue guardando silencio tras la demoledora decisión de la Unión Ciclista Internacional, Armstrong sí ha borrado de su cuenta de Twitter los siete Tours, lo que podría implicar que acepta la sanción. Ya solo figura en su descripción 'el crecimiento de mis cinco hijos, la lucha contra el cáncer, la natación, la bicicleta, correr y el golf siempre que puedo...'.

Pero el derrumbe deportivo de Armstrong no es el único al que tiene que hacer frente. Nadie quiere ver su nombre ya vinculado al del estadounidense. Y eso se traduce en muchos millones. Los que ya ha empezado a perder y los que tendrá que empezar a desembolsar. La espantada de todos sus sponsors ha sido total.

Comenzó por retirar su apoyo Nike, le siguió Trek, el fabricante de bicicletas que siempre estuvo a su lado, la cervecera Anheuser-Busch, la compañía de bebidas energéticas FRS, la de nutrición deportiva Honey Stinger, la fabricante de cascos Giro y, por último, Oakley. El fabricante de gafas de sol esperó a conocer lo que tenía que decir la UCI y después anunció que rompía con 25 años de relación con el deportista. No dejará Oakley que aportar dinero a la fundación Livestrong, que fundó él mismo en 1997 y cuya presidencia también ha abandonado.

Directa o indirectamente esta fundación de ayuda a personas con cáncer y que se había convertido en una de las instituciones más importantes de EEUU también se verá afectada. Penosamente podría igualar ya los 380 millones de euros que ha logrado recaudar en 15 años. 

La revista Forbes, que estima que Armstrong ganó en 2010 unos 16 millones de euros, ya ha hecho un cálculo aproximado de lo que podría llegar a perder Armstrong en conceptos de pérdida de patrocinadores, devolución de premios y gastos en litigios: 115 millones de euros. 

Además del adiós de los patrocinadores, ya hay otros que han empezado a reclamarle dinero al mito defenestrado. Para empezar el Tour de Francia, que ya ha pedido que los títulos de los que se le ha desposeído se queden desiertos, le reclama los premios en metálicos, que la Federación Francesa de Ciclismo ha valorado en casi tres millones de euros. También la aseguradora SCA Promotions va a exigir judicialmente la devolución de 5,8 millones que tuvo que pagarle tras el juicio en 2006. La compañía no quiso abonarle en su día ese importe como prima por ganar sus seis primeros Tours al sospechar que los había conseguido de manera fraudulenta. Lo mismo hará el Sunday Times para recuperar los 740.000 euros que le embolsó en un acuerdo privado tras acusarle de dopaje.

Pero por si fuera poco, Armstrong podría llegar a verse privado hasta de libertad. Es decir, que podría ser condenado a ingresar en prisión. Para eso, debería ser condenado por perjurio. Un delito tipificado por una ley federal que determina los casos en los que una persona comete perjurio. Y son los siguientes: Que haya prestado juramento ante un tribunal competente, funcionario, o persona; que en cualquier caso en que la ley de los Estados Unidos autorice que deba efectuarse un juramento; que testifique, declare, deponga, o certifique que es verdad, o que suscriba cualquier testimonio por escrito, declaración, deposición o certificación afirmando que es cierta; que contrario a dicho juramento, intencionalmente declare o suscriba cualquier material que sepa que no es la verdad.

Si se determina que alguien ha cometido perjurio se le puede imponer una multa económica, una pena de cárcel no superior a cinco años o ambas. Para que sea juzgado, se requiere que un fiscal presente una demanda contra el acusado ante un tribunal. No basta con la demanda de un abogado.

Un ejemplo reciente que podría servir de precedente es el de la exatleta Marion Jones. Pasó seis meses en la cárcel tras reconocer que se había dopado durante los Juegos Olímpicos de Sydney 2000. Hasta 2007 Jones había negado en reiteradas ocasiones su implicación en el caso Balco. Ahora, la historia se puede repetir con su compatriota. Y es que Armstrong también negado en repetidas ocasiones bajo juramento, entre ellas ante el abogado de SCA, haber consumido sustancias dopantes y haber tenido relación con el doctor Michele Ferrari.