Publicado: 21.09.2016 07:43 |Actualizado: 21.09.2016 17:48

La selección española de los 22 nacionalizados: "Sentimos el himno y nos entregamos en cuerpo y alma"

El combinado de béisbol acaba de ser subcampeón de Europa con sólo dos jugadores nacidos en España El resto son extranjeros pero la gran mayoría están asentados en España desde hace años con familia y con antepasados de aquí. Defienden que tratan de mostrar un camino a las siguientes generaciones y que el problema es la falta de apoyo.

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Los jugadores de la selección española de béisbol.

Los jugadores de la selección española de béisbol.

MADRID.- Óscar Angulo cuenta treinta y dos años y, como muchos españoles, apenas es mileurista. Aun así tiene suerte porque no es lo habitual en su sector. Tiene una novia y una vida más o menos estable y, como llega muy justo a final de mes, de vez en cuando trata de buscar un trabajillo que le complemente el salario para vivir a medio camino entre Valencia y Barcelona, dos ciudades que no tienen un nivel de vida precisamente bajo.

Óscar es un inmigrante venezolano que desembarcó hace una década en nuestro país y que posee la ciudadanía española. Su perfil es muy similar al de buena parte de los veintidós nacionalizados de la selección española de béisbol, compuesta por sólo dos jugadores nacidos aquí, quienes el pasado fin de semana lograron un histórico subcampeonato de Europa en su primera final continental en más de medio siglo.

Desde hace unos años, pero sobre todo a partir de este éxito, se ha vendido al combinado como “la selección sin españoles” o la “campeona con dieciséis venezolanos”. Ellos lo ven de otra manera. “Si se invirtiera más dinero… Yo, cada vez que me pongo la camiseta de España, me entrego en cuerpo y alma. Sentimos el himno”, asegura Óscar.



“Si no quieres tener nacionalizados y pretendes un equipo que te represente bien, hay que hablar con los responsables para que haya mejores instalaciones y materiales. La crítica no tiene que ser contra nosotros, sino contra quien tiene que apoyar el deporte”, denuncia Daniel Martínez. Tiene veintinueve años y desembarcó en Tenerife hace diez procedente de su Venezuela natal tras pasar por EEUU, donde jugó gracias a una beca.

"Si no quieres tener nacionalizados y pretendes un equipo que te represente bien, hay que hablar con los responsables para que haya mejores instalaciones y materiales"

Desde 2009 se desempeña en el Sant Boi, pero su vínculo con nuestro país se remonta a hace mucho más tiempo, ya que sus abuelos y su madre son de la aldea gallega de Oural. Él creció al otro lado del charco viendo la televisión española y comiendo platos tan típicos de aquí como el pulpo o el cocido. Pasaba la mayoría de los veranos en Galicia visitando a la hermana que su abuela dejó y al resto de la familia. “Yo no me siento como un emigrante más, sino que vine a mi segunda casa”.

"Si hubiéramos promocionado lo suficiente a los jugadores de aquí, no habría que llamar a nacionalizados"

“A ellos les enorgullece poder representarnos. Se sienten de aquí. Llevan tanto tiempo que, en verdad, no los consideramos extranjeros”, afirma Eric Segura, uno de los dos nacidos en nuestro país. Jorge Balboa, el otro integrante que vino al mundo en España, les da la razón: “Si hubiéramos promocionado lo suficiente a los jugadores de aquí, no habría que llamar a nacionalizados”.

La Federación Española de béisbol tiene un presupuesto de 400.000 euros al año

El béisbol en España es uno de muchos deportes minoritarios. De esos que nunca aparecen al lado del fútbol o del baloncesto y para los que tampoco hay apenas lugar tras el tenis, el atletismo o el balonmano. Cuenta con unas 6.000 licencias, mientras que en Alemania, Francia u Holanda superan ampliamente las 20.000. La Federación tiene un presupuesto de 400.000 euros desde que al estallar la crisis se comenzaran a reducir las subvenciones para la gran mayoría de disciplinas. En su caso, el descenso ha sido del 60%. Del otro lado, en los países punteros europeos como Holanda o Italia, la cantidad que reciben anualmente gira en torno a los cuatro millones. “Nosotros, por tanto, tenemos que llevar a cabo otra política”, explica Juan Carlos Cerdà, director técnico de la Federación.

La burbuja inmobiliaria y su posterior estallido fueron a la vez el origen de esta selección cosmopolita pero con más de un 80% de jugadores con profundas raíces en nuestro país. El auge económico de mediados de la pasada década llevó a que la mayoría de clubes de la División de Honor, comenzando por los canarios, trajera a dominicanos y venezolanos, para los que el béisbol es uno de los deportes rey. Después todos copiaron el sistema. La mayoría acabó estableciéndose y formando una familia. Y así hasta hoy, que la Liga, formada por sólo ocho equipos tras una reducción progresiva motivada por la crisis, está poblada por ellos.

Un momento de la final del Europeo de béisbol entre España y Holanda.

Un momento de la final del Europeo de béisbol entre España y Holanda.

900 euros por un subcampeonato

Los subcampeones de Europa de béisbol han cobrado 900 euros por cabeza por tamaño éxito

La presencia de jugadores no nacidos en el país al que representan es una tónica habitual en Europa desde hace más de una década. Lo hacen combinados como Holanda o Reino Unido. “Nosotros no hemos nacionalizado a nadie por carta de naturaleza, como ha ocurrido con otros deportes en este país. Sobre todo porque no tenemos ni medios para hacerlo; no hemos hecho triquiñuelas de ningún tipo”, defiende Cerdà. Efectivamente, los medios son más bien escasos. A los 400.000 euros se suma una cantidad aún más significativa: los subcampeones de Europa de béisbol han cobrado 900 euros por cabeza por tamaño éxito. De haber alzado el título, sólo logrado en 1955, el caché hubiera ascendido a 1.140. Además, cada jugador ha recibido 60 euros por jornada por la veintena de días que han permanecido concentrados y disputando el torneo. Para ello, la mayoría ha tenido que dejar el trabajo en el que se emplean habitualmente, de manera que han perdido dinero por representar a España en el campeonato que ha tenido a Holanda como sede.

Buena parte de los jugadores de la División de Honor tiene un trabajo que compatibiliza como puede con los entrenamientos y partidos de su club. Lo más frecuente es que el sueldo de un jugador no pase de los 1.000 euros. Suele haber dos estratos: los que rondan los 500 y los que están en torno a los 1.000, el caso menos habitual. Eric, uno de los más jóvenes del plantel con veinticinco años, está en el grupo de los primeros. Trabaja en la Federación Catalana de béisbol y cuando acaba su jornada los martes, miércoles y jueves sobre las 20.00 horas, acude a los entrenamientos del Barcelona, mientras que los fines de semana toca partido. "Hay épocas y épocas; algunas con más ilusión y otras más saturado", dice.

Es también el caso de Jorge, que acaba de cumplir la treintena y es uno de los pocos que quedan de quienes jugaron en la extinta sección de béisbol del FC Barcelona. La necesidad de ajustar el balance llevó al equipo azulgrana a prescindir de ella en 2011, lo que supuso un duro golpe para este deporte en nuestro país. El hecho de estar bajo la cobertura de una gran institución tampoco aseguraba entonces poder vivir de ello: Jorge recibía una “ayuda” de 300 euros “por estar estudiando”. El montante se ha mantenido cinco años después en el nuevo Barcelona, ya sin el paraguas culé. Ahora lo compatibiliza con su empleo como coordinador de postgrados en la universidad de la ciudad condal.

"Mis abuelos emigraron porque en España comían pan y agua y buscaban una mejor vida en Venezuela. Discutir quién es más español está de más en el siglo XXI"

De los veinticuatro que componen la selección, sólo cuatro no residen o no han residido en nuestro país, pero sí tienen vínculos: Engel Beltre, de origen dominicano y cuyo padre reside en Terrassa desde hace tiempo, tiene el pasaporte desde 2012; Luis Guillorme vive en EEUU desde los doce años pero nació en Venezuela y sus abuelos son españoles; los padres de Daniel Álvarez son tinerfeños que emigraron a Venezuela; y el dominicano Jesús Martínez está casado con una española.

El mánager es Paco Figueroa, estadounidense de madre cubana y un padre gallego que está ahora disfrutando en Lugo de su jubilación. “Para mí, España es el país de mi familia, de mi sangre. El lugar donde naces es importante, pero, para los que llevan allí viviendo mucho tiempo, España ya es su casa”. Defiende que la política de la Federación y el resultado logrado en el Europeo puede ayudar a que los niños se interesen por el béisbol. “Si nos dejan hacer nuestro trabajo, los chamacos empezarán a jugar. Hay mucho talento”. “Estamos abriendo un camino para las futuras generaciones”, le da la razón Daniel Martínez, que añade: “Mis abuelos emigraron porque en España comían pan y agua y buscaban una mejor vida en Venezuela. Discutir quién es más español está de más en el siglo XXI. A mí lo que más me choca es que en el fútbol tengan que nacionalizar jugadores, con toda la inversión que tienen. Eso sí lo veo preocupante”.