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El bonachón impasible

Vicente del Bosque. Salmantino. 59 años. El gestor de La Roja

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Una leve cojera airea las secuelas de una lesión de cadera de la que se operó hace cuatro años. No ofrece más pistas de si llueve o hace frío, si está contento o disgustado, si nervioso o sereno. No hay repertorio en la expresión de Vicente del Bosque ni variedad gestual. Es siempre el mismo poblado bigote, cada vez menos pelo sobre su cabeza y una inconfundible mirada bonachona detrás de la que es imposible adivinar un estado de ánimo. A veces sonríe.

No le altera el elogio, tampoco el insulto. Le cuesta negar un favor y es especialmente generoso con el peor colocado, pero le molesta que le declaren buena persona, ya que advierte mala intención detrás, un giro perverso para rebajarle como entrenador. Lee todo lo que se dice de él. Escucha con atención y no se cree dueño de la razón. Encajador respetuoso, no se calla sus opiniones. Solidario, enemigo de las prohibiciones, zurdo de ideas. Debate sin agitación. No sube nunca el tono de voz, no grita ni en el campo de entrenamiento. Dirige desde el consenso o el convencimiento, nunca desde la imposición. En los partidos, a veces se le ve de pie y algo activo con las manos. Imposible descifrar a través de su imagen si España ha marcado un gol o lo ha recibido. No le gusta el protagonismo. Si la reina baja al vestuario, se queda en quinta fila.

Durante el himno, fieles a la moda que implantó Luis, los jugadores se abrazan. También en la zona de banquillos. Del Bosque escucha de pie con el mismo respeto, Miñano a su derecha y Grande a su izquierda, pero no se abraza. Si acaso pasa fugazmente la mano por la espalda. Es por timidez.

No superó que le apartaran de su casa en aras de la modernidad. Cierta vena antiatlética. Le encomendaron gestionar la selección triunfante que heredó de Luis y, sin renunciar a sus aportaciones personales, la cuidó desde el continuismo. Durante el Mundial, ha hecho mejores cambios que alineaciones. Su serenidad resultó vital en los momentos de mayor tormenta. Si España gana, no lo busquen en el primer plano. No lo encontrarán.