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Catedráticos sin arrugas

Los jóvenes del Athletic jugaron maravillosamente y acabaron por borrar del mapa al Mallorca de Caparrós

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Los goles llegaron por arriba, pero se criaron por abajo. Fueron un golpe de democracia. Nadie abusó de sus derechos con la pelota. La idea se repartió entre todos. Pudo firmarse en Buenos Aires o en Montevideo. Pero se vivió en Bilbao, donde la pelota corre más, porque la hierba está más baja. En realidad, San Mamés está viviendo tiempos que no se olvidarán nunca. Algún día pasarán y saldrá otra gente, que tal vez devuelva el balón al cielo. Pero siempre quedarán partidos como el de anoche, en el que los futbolistas del Athletic se portaron como catedráticos sin arrugas. Fue muy bello y se pueden encontrar mejores metáforas, sí, pero no mejores jugadas. La sinceridad con la que corrió el balón hasta llegar a las cabezas de Llorente y Muniain fue aplastante. Lo hizo siempre por la derecha, donde el Athletic ha encontrado un tesoro.

El jefe es Susaeta, que ganó la plaza por oposición. Pero a De Marcos también le pierde esa banda. En realidad, De Marcos tiene poder en cualquier parte. Necesita esa libertad. No para quieto en ningún lado. Su cabeza es una solución ante la crisis. Bielsa ha entendido esas inquietudes que pertenecen a los jovenes. Anoche, De Marcos se convirtió en una misión imposible para los defensas del Athletic. Cuando esperaban un pase suyo, tiró a gol. Cuando lo imaginaban por el centro apareció por la derecha. Y así fue como crió el primer gol de Llorente, que no sólo fue un gol. También un monumento a la vida en común, a una generación moderna, en la que la pelota es un reflejo de la vida. O se comparte o estamos perdidos.

Los goles del Athletic llegaron de cabeza, pero se criaron por abajo

El segundo gol del Athletic fue parecido. También resultó un escándalo. Volvió a nacer del placer. La pelota se dio otra ovación. Acabó en la cabeza de Munian, que fue el lugar exacto. El delantero mide diez o 12 centímetros menos que los defensas del Mallorca. Pero donde hay vista que se quite la estatura. Cuando Muniain enganchó ese balón, los defensas del Mallorca ya habían cruzado los Andes sin enterarse de nada. No por dejadez, que no la hubo. El problema fue otro. El viaje indescifrable de la pelota los disculpó a todos por igual, al más viejo y al más joven. Fue otro mérito más del Athletic, que ha aceptado la pelota en la hierba. Allí ha encontrado tiempo para todo. Y si hay que soltar un disparo sin avisar se hace. Allí está Herrera, que entiende de esas cosas. Tiene cara de personaje de Spielberg. No necesita permiso para descubrir culpables.

El Mallorca fue un equipo valiente que impidió que Iraizoz pasase la noche en blanco. Su dignidad fue la de Caparrós, que tuvo un muy mal día en su ciudad favorita. Por la tarde conoció su sanción de dos partidos en Liga tras la expulsión frente al Madrid. Luego, en el césped, su equipo no tuvo nada que hacer. Sí amenazó en la primera parte en una pelea nivelada. Fue cuando más se activó Castro, un extraordinario futbolista que casi siempre encuentra en su momento. Lo hubo en San Mamés. Soltó la escopeta, pero Iraizoz lo impidió. Luego, fue Pereira, otra de esas gacelas que ha dado el fútbol por la derecha. La respuesta del portero fue estupenda. También encontró su esplendor en la hierba. Natalie Wood y Warren Beatty revivieron en San Mamés. La culpa fue del Athletic, al que no asusta la tradición. La pelota, ahora, tiene que estar en la hierba sí o sí.