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El falso compañero

Rossi y Lorenzo exponen un suicida duelo en los dos últimos giros que finaliza con el mallorquín fuera del podio. Los de Yamaha coquetearon con la caída después de varios interiores con roces de carenado

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En dos vueltas el Mundial salió del hastío. Encontró adrenalina donde la ausencia de Pedrosa abocaba a una sucesión neutra de vueltas hasta la coronación de Lorenzo. Delató a Rossi, vestido de compañero hace 15 días. 'Haré todo lo necesario para ayudar a Jorge a ser campeón', decía Il Dottore en Motorland. En Motegi, sin embargo, el ataque de amnesia le ha recuperado para la enemistad acérrima. Con trazadas repletas de navajazos, empujones y roces de carenado con tufo de bajos fondos que dejaron el episodio del último giro de Montmeló, de la pasada temporada, en un juego de niños.

Fueron dos vueltas atrapadas por el momento, en las que Lorenzo y Rossi se dejaron llevar como si del resultado de ese pique les fuera la vida. A los dos les sobraban los motivos. Al mallorquín, porque le persigue, desde ese último adelantamiento cedido en Montmeló, la necesidad de reducir al italiano en el cuerpo a cuerpo.

Porque sabe que superar a Rossi en carrera es el mejor reconocimiento a un título que puede certificar, la próxima semana, en Malasia. Con dos opciones matemáticas en función de la aparición o no de Pedrosa en la parrilla. Sin Dani, a Lorenzo le basta con finalizar noveno; con Dani, el mallorquín debe sumar siete puntos más que el de Honda.

Para Rossi, el juego suicida fue una declaración de intenciones para el futuro. Una especie de 'el viejo todavía va a seguir dando guerra con la Ducati'. La batalla de vanidades, a más de 250 km/h, cayó para Rossi ante la bandera de cuadros. Quizás por la decisión de dotar a su Yamaha del nuevo motor -Lorenzo eligió el antiguo por su fiabilidad- que transfiere más velocidad punta; quizás porque se sabe superior en el cuerpo a cuerpo con Lorenzo o, simplemente, porque el mallorquín oyó la llamada interior del sentido común en alguna de las tres ocasiones que estuvo a punto de cerrar la carrera en el asfalto.

El resultado del duelo, que significó el segundo cuarto puesto consecutivo de Lorenzo, la primera carrera desde Donnington 2009 sin un español

en el podio de MotoGP, dejó anónimo el triunfo de Stoner, renacido tras su éxito en Motorland. Una victoria que evitó a Dovizioso, pole en Motegi, reivindicarse en casa de Honda, la firma que le ha sacado de su garaje oficial para hacerle hueco al australiano.

Stoner firmó un triunfo a su estilo. Colocándose en cabeza desde el primer giro para dar libertad al puño de gas. A ritmo de vuelta rápida durante varios giros, Stoner y Dovizioso se separaron del dúo de Yamaha, que por entonces dominaba Lorenzo. Rossi se percató de la circunstancia y, al ver que Lorenzo no terminaba de reaccionar y tener un buen ritmo, decidió superarlo en un espectacular interior, para con una vuelta rápida en el siguiente giro intentar cazar a sus rivales, que ya estaban a casi dos segundos, margen que mantuvieron hasta el final.

Por detrás, Bautista firmó una excelente carrera que le sirvió para lograr la mejor clasificación (finalizó séptimo) de la temporada, por detrás de un Simoncelli que sólo cedió el quinto puesto en los instantes finales ante la Yamaha de Edwards. Con respecto al resto de españoles, Barberá finalizó decimotercero y Aleix Espargaró, decimocuarto.