Publicado: 18.12.2015 07:44 |Actualizado: 18.12.2015 07:44

El gol que no ha visto Del Bosque

Entre Agirretxe (12), Lucas Pérez (11) y Aduriz (10) suman 33 goles en equipos de la clase media de la Liga BBVA. Un rango al que hace años, cuando parecían antihéroes, no se atrevían ni a soñar. Hoy, sin embargo, reivindican un sitio en la selección española. 

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Agirretxe, Aduriz y Lucas Pérez, los goleadores españoles del momento.

Agirretxe, Aduriz y Lucas Pérez, los goleadores españoles del momento.

MADRID.- El jefe de prensa del Deportivo, Rafa Carpacho, podría rellenar un cuaderno con las peticiones de entrevistas que tiene Lucas Pérez, el nuevo goleador del equipo. Imanol Agirretxe, el gol de la Real Sociedad, ya le ha pedido al departamento de comunicación que lidera Jorge Sánchez que, por favor, le rebaje el ritmo de las entrevistas. Aritz Aduriz, a los 34 años, ya es más antiguo en el Athletic. De hecho, ya solo le falta contar su historia, en las antípodas de la resignación, en canadiense. Pero esas son las consecuencias del gol: el escaparate perfecto para presentarse en sociedad.

Un democrático lugar que también puede ser propiedad de futbolistas de la clase media como muestra hoy Lucas Pérez en el Deportivo. Un cabezota declarado que en su página web recibe al público presentando su manera de ser. “Hasta que no me pego con la pared no abro los ojos”, explica Lucas, un tipo que, a los 27 años, ya no hace falta que se lo cuenten sus padres.



Ha descubierto por sí mismo que la vida a veces no tiene término medio. Por eso lo que vive hoy riñe con lo de ayer, con aquellos años en los que no le dieron por válido para jugar en el Rayo Vallecano o en los que emigró a Ucrania, donde se vio más solo que nadie, hasta sin cobertura sindical para reclamar un dinero que era suyo. “Pero Ucrania puede ser así”, explicó. “El 80% de la gente es pobre y el resto multimillonaria. Y el futbolista no puede estar en una burbuja porque ves el día a día en los autobuses, en la sanidad, en tantas cosas”.

Aduriz tuvo que dejar hasta dos veces el Athletic, en contra de su voluntad, y emigrar a lugares como Burgos, Valladolid, Mallorca y Valencia para hacer vida

El gol, en realidad, ha cambiado la vida de Lucas Pérez, 12 en 15 partidos de Liga, casi siempre decisivos, pero él se niega a olvidar, “porque el haber vivido cuatro años en el extranjero o el hecho de dejar a mi familia los 16, eso marca para toda la vida”. Una cosa que Aduriz, el gol del Athletic, conoce a otra escala. Tuvo que dejar hasta dos veces el Athletic, en contra de su voluntad, y emigrar a lugares que nunca soñó como Burgos, Valladolid, Mallorca y Valencia para hacer vida. Allí siempre intentó lo posible por curar su desilusión. “Si no te ilusionas, no aprendes”.

Quizá por eso volvió en 2012 al Athletic como actor secundario, teórico reserva de Fernando Llorente y, sin embargo, hoy no se entiende el Athletic sin sus goles. No se sabe si es su espíritu, el que heredó de sus padres, fanáticos de la montaña, pero a los 34 años no se recuerda delantero así en el Athletic. Ni siquiera el viejo Zarra del que se decía en la década de los cuarenta, “ahí está la mejor cabeza de Europa después de la de Churchill”. Pero Aduriz se ha igualado a todo. Y él, en vez de compararse a nadie, se compara a sí mismo. “A cada uno le llegan las cosas cuando le llegan”.

Eran antihéroes

Frente a esa idea, no hay debates. Ni siquiera la edad, su edad, un extraño pacto con el diablo que le ha permitido descubrir que los que dicen que el gol es innato mienten. “El gol también se aprende”, sostiene Aduriz, que al principio de su carrera no marcaba casi ninguno. Y esa es la letra de una canción que conoce de sobra en San Sebastián Imanol Agirretxe. Durante años fue el antihéroe, una mala influencia, incluso, para soñar con cosas mejores. Hoy, sin embargo, es el delantero que decide casi todos los partidos de la Real Sociedad. Porque él, que se debatió entre el frontón y el balonmano, más afortunado, según parecía, con las manos que con los pies, no tuvo una bienvenida fácil al fútbol profesional.

Agirretxe ya lleva 12 goles esta temporada, uno más que Lucas Pérez y dos más que Adúriz. Cifras casi de cine para delanteros de la clase media

Fue cedido al Castellón, de donde marchó sin procurar noticias, suplente tantos años en la Real Sociedad, donde siempre partió en segunda fila de una legión de delanteros centros (Seferovic, Necati, Abreu, Carlos Bueno, Irán, Vela…) que no lograron acomplejarlo. Agirretxe prefirió la humildad para llegar hasta hoy donde podría recordar que, desde la época de Satrustegui, no ha existido delantero centro más barato que él en San Sebastián. Pero no le hace falta. Loren, el director deportivo, el hombre que tantas veces le trajo sucesor, lo hace por él. “Imanol representa los valores de la Real Sociedad”, dice.

Agirretxe ya lleva 12 goles esta temporada, uno más que Lucas Pérez y dos más que Adúriz. Cifras casi de cine para delanteros de la clase media, llenos de cicatrices de vida, armados de paciencia como Lucas Pérez, hijo y nieto de hombres que trabajaron en el mar. “Clase obrera”, dice él mismo, “currante de barrio”. Un retrato que Agirretxe, que fue capaz de sufrir una rotura de fibras en infantiles al tirar un penalti, “era muy malo tirándolos”, también escoge para sí mismo. Es más, los goles de hoy le dan la razón, porque son el resultado de la paciencia de ayer cuando sólo parecía una masa de 1,87 centímetros, lejos de domesticar a la pelota.

En el pasado Aduriz también vivió días así. Antes de viajar al extranjero, transitó por carreteras secundarias en las que no se advertía en él más que un buen suplente para el Athletic. Se hablaba de él como un delantero de segundas partes que, sin embargo, hoy es pedido para la selección de Del Bosque. Pero así son los goles. Manejan influencias altas como bien saben estas últimas semanas Lucas Pérez o Agirretxe a los que les da lástima negarse a hacer entrevistas al recordar los tiempos que soñaban con ellas. Pero los tiempos cambian y, a veces, no se puede hacer frente a todo. Lo saben ellos, jugadores teñidos por el espíritu de la clase media, que reivindican lo español. El gol ya no tiene por qué importarse.