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El guaraní, como arma para despistar

Los paraguayos utilizan su lengua autóctona en la estrategia

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'Vaicho'. Una carcajada rompe el trabajo silencioso de los internacionales paraguayos durante un entrenamiento. Se ríen Benítez, Váldez, Cáceres... El que no despega los labios es Lucas Barrios, el delantero argentino del Dortmund que fue nacionalizado por petición expresa de su paisano y seleccinador, Martino. 'Vaicho'. Otra vez ríen todos menos Barrios, que encoge los hombros. No entiende nada. Sus compañeros se burlan de él. Le están llamando feo en guaraní. 'Lo hacemos de broma, no tenemos ningún problema con Lucas porque sea argentino, es un buen chico, pero debería ir aprendiendo palabras del guaraní si no quiere que le sigamos puteando', explica el delantero Benítez. 'No hablo guaraní, sólo español. Ya sé que los muchachos se meten conmigo en su idioma, pero qué le voy a hacer, son bromas de grupo', dice resignado Barrios, que toma mate argentino, aunque ya ha probado el tereré, un brevaje similar pero que se sirve frío. Martino, Santana, Ortigoza y el propio Barrios forman el clan argentino de la selección que se medirá a España en cuartos de final.

Barrios no se entera cuando sus compañeros le dicen 'vaicho' (feo)

Los paraguayos lo mismo utilizan el guaraní para amenizar los entrenamientos con los argentinos nacionalizados como para tener un arma lingüística indescifrable contra rivales de habla hispana. 'Es nuestro idioma, pero en la cancha sólo lo hablamos con los rivales que entienden el español', comenta Cáceres. La tradición de utililzar el guaraní como elemento desorientador se remonta a partidos de la Copa Libertadores.

Uruguayos, argentinos, colombianos... todos han sufrido esa treta cuando han tenido enfrente clubes paraguayos. La jugarreta también fue traspasada a los partidos internacionales de selecciones. 'Lo utilizamos sobre todo en las jugadas a balón parado que tenemos preparadas para que los contrarios no sepan qué vamos a hacer. Nos da cierta ventaja', prosigue Cáceres, que no duda de que los jugadores de Del Bosque escucharán sonidos como eike (entra) o epòi (centra): 'Claro que lo utilizaremos contra España, en un Mundial cuentan los detalles y el guaraní nos puede ayudar a que nos sean favorables'.

'Tienes que aprenderlo, es útil, me costó, pero poco a poco fui reteniendo las palabras clave', dice Santana, otro argentino, que ya disputó la Copa América de 2007 con Paraguay. Embojhasá (pasa la pelota), eyú (ven a apoyarme), esé (sal), ejopy (presiona). Estas palabras, tan utilizadas entre los centrocampistas, las escucharán Busquets, Xabi o Xabi Alonso. 'España toca bien y, si podemos sorprenderles con el guaraní para quitársela, lo haremos', afirma Benítez

Martino: 'Me colgarán por perder, pero no por nacionalizar argentinos'

Como equipo suramericano, Paraguay se maneja bien en el fútbol de los bajos fondos, en la desestabilización dialéctica y con gestos irritantes para los contrarios. Los jugadores españoles deberán tener cuidado si logran distinguir gritos como ehevipo'é (tócale el trasero) o epyvoí (patéalo).

'Yo tampoco me entero mucho de lo que hablan', dice Ortigoza, el ancho mediocentro también de origen argentino. Su nacionalización fue considerada ya excesiva por muchos medios de comunicación paraguayos que recelaban de la argentinización de su selección. Ortigoza estuvo en una lista provisional de Maradona, pero eligió la opción paraguaya: 'No me arrepiento para nada, es la mejor decisión que he tomado en mi vida'.

Cuando era acosado por la prensa que no veía con buenos ojos ni a Ortigoza ni a Barrios, que llegó a última hora para suplir al tiroteado Cabañas, El Tata Martino fino mediocentro de Newell's en los años ochenta argumentó con rotundidad sus razones: 'En Paraguay, me van a colgar por perder partidos, no por nacionalizar jugadores'. 'Hay que estar orgullosos de que hayan elegido jugar para nosotros. Tienen lazos familiares que los unen', los defiende Chilavert, mítico ex portero de la selección rojiblanca.

'Tengo sangre paraguaya', presume Barrios aunque suspenda en guaraní, la lengua autóctona de su madre.