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Nadie puede frenar a Nadal

El número uno del mundo gana a Andy Murray en tres sets (6-4, 7-6 (6) y 6-4) y se medirá en la final a Berdych

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Ni la gran esperanza británica. Ni un torneo con un fuerte desgaste físico en el que dos veces tuvo que irse a cinco sets. Ni tampoco las famosas rodillas de las que la prensa británica no hace más que hablar. Nada de eso se interpuso en el camino de Rafael Nadal hacia su cuarta final de Wimbledon. Este viernes ganó su derecho a jugarla pasando por encima de Andy Murray (6-4, 7-6 y 6-4).

Fue una victoria de las que hacen daño al contrario, no porque Murray fuera arrollado, que no lo fue, sino por todo lo contrario. Nadal ganó los puntos clave, los que tenía ganar y dejó que el escocés se hiciera con un montón de puntos y juegos que al final resultaban irrelevantes. Y en la única ocasión en que el mallorquín concedió una ventaja a su contrincante -en el comienzo del tercer set-, Nadal despejó luego la incógnita llevándose cuatro juegos consecutivos.

En el primer set, quedó claro desde el principio que Murray podría vivir muchos juegos de su saque, pero que necesitaría algo más. La bola pasaba a escasos milímetros de la cinta en intercambios larguísimos, de los que en hierba sólo están al alcance de un puñado de jugadores en el mundo. El partido estaba a la altura del ranking de los jugadores.

Tras varios juegos de igualdad, Nadal aplicó el bisturí en forma de un gran resto sobre el saque al rival y luego un gran golpe para subir a la red. Murray, sorprendido, la tiró fuera. Se golpeó con rabia la cadera. Había perdido su servicio y sabía que sólo eso podía dejarle sin el set. Y así ocurrió.

Jugador de talento y físico de gran nivel, a Murray sólo se le reprocha su fortaleza mental. Su cabeza no está a la altura de la muñeca. Pero en el segundo set, no se le vio vulnerable. Se mantuvo firme, mientras Nadal corría de un lado a otro de la pista con una plenitud física que los agoreros no le suponían.

Tras una hora y 10 minutos de partido, Murray disfrutó de su primera opción de romper el servicio de Nadal. No la aprovechó. En el tie break, llegó a tener una bola de set. El partido podría haber sido diferente si Murray la hubiera ganado. Nadal volvió a sorprenderle subiendo a la red y ganando la volea. En los momentos clave, Nadal hacía cosas que no estaban en el manual que Murray llevaba preparado. Y por supuesto él no se conformaba con amagar. Ganó el tie break por 8-6.

La intensidad del segundo set hizo que Nadal perdiera brevemente la concentración en el inicio de la última manga. La semifinal entró en una fase que resultó ser un espejismo. Murray no tenía que alterar su estrategia para ir por delante por 4-2. La vida le sonreía... hasta que dejó de hacerlo.

Nadal tenía otra marcha y la puso en práctica cuando lo necesitó. En ese set, subió siete veces a la red y ganó todos esos puntos. La presión pudo con el escocés, que empezó a ver cómo su primer servicio se desmoronaba. En el último juego del partido, Murray tiró dos veces la bola a la red y otra fuera. Nadal no había tenido piedad con las debilidades de su adversario.