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A puñetazos en la discoteca

La condena a 18 meses de cárcel impuesta a Marlon King convulsiona una sociedad que adora a los futbolistas

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Los futbolistas son sin duda los nuevos aristócratas de nuestra sociedad. Aunque en las peluquerías y en la prensa más rancia aún se opina sobre el último corte de pelo de la duquesa de Alba, los protagonistas del fútbol son los que acaparan el interés de los contribuyentes. Por ejemplo, en España pronto veremos aumentar entre los jóvenes el consumo capilar de gomina. A falta de títulos, esa será la gran contribución de Cristiano Ronaldo a la economía española. Nunca antes 96 millones de euros estuvieron tan bien invertidos.

Por eso, todos deberíamos mostrar nuestra sorpresa ante la condena a 18 meses de prisión de Marlon King. El jugador del Wigan salió una noche a celebrar con sus amigos la noticia del tercer embarazo de su mujer. ¿A tomar una cerveza en un pub? Ni mucho menos. Eso es lo que haría la gente corriente.

La gente que se divertía en la discoteca del Soho debería haberse sentido honrada con que un futbolista de la Premier se dignara a compartir un espacio físico con ellos.

La estudiante a la que un King borracho le tocó el culo no captó ese detalle. Como no pareció entender que los futbolistas son intocables, King le dio un puñetazo en la cara y le rompió la nariz. A una chica de 20 años.

Los jueces no leen la prensa deportiva y tienen el inconveniente de tener que aplicar eso que llaman la ley. Tampoco ayudó mucho que varios testigos relataran la reacción del agresor cuando la víctima protestó por el acoso: 'No estamos a la misma altura, encanto. Yo soy un millonario', le espetó King.

Crear héroes de personas que son buenas haciendo deporte tiene sus inconvenientes. No valen como modelo. Algunos te salen alcohólicos como Gascoigne. O te montan fiestas privadas (con el acceso prohibido a esposas y novias) que acaban en denuncias de violación, como ocurrió con los jugadores del Manchester. O le mandan al entrenador a un lugar oscuro y desagradable, como Guti, sabiendo que luego la prensa deportiva montará en cólera al saber que el héroe sufrirá las consecuencias por tamaña minucia.

Hay jugadores que son diferentes. Rio Ferdinand, del Manchester, se interesa por la moda y la música, y ha producido una película que se acaba de estrenar. Lo malo es que Ferdinand ni se atrevió a acercarse al estreno no fuera a enfadar a su entrenador.

El defensa no ha pegado a nadie. Antes al contrario. Está en tan baja forma que es como una madre para los delanteros y la prensa sugiere que no está concentrado en el juego, que tiene la cabeza en otras cosas.

Todo el mundo que rodea al fútbol tiende a perdonar los vicios a los futbolistas, a menos que vulneren el Código Penal. El Wigan pagó cinco millones de libras por King, a pesar de sus 13 condenas anteriores. Si a la primera alguien le hubiera dicho que se arriesgaba a quedarse sin futuro deportivo, quizá no se habría acercado a esa discoteca del Soho.