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Ricky supera su regreso a casa

Pitos y pancartas reciben a la joya azulgrana, que se impone al caldeado ambiente con una sobria actuación. El Barça suma una nueva victoria y se mantiene líder

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Expuesto a una nueva prueba de madurez dentro de una cancha, Ricky Rubio confirmó su capacidad para de imponerse a los más exigentes retos sin que su edad le traicione. Enfrentado a su antigua afición por primera vez, el prodigio del baloncesto español defendió la camiseta del Barça sin la brillantez que caracteriza su juego pero con la sobriedad necesaria para abstraerse al caldeado ambiente y a los propios sentimientos. 'Me llevo sensaciones tristes por todo, aunque aún hay gente que me sigue queriendo', dijo el protagonista, con gesto sobrio, cuando ya todo había acabado.

El recibimiento había sido menos bronco de lo anunciado y, lejos de recordar sonrojantes escenas del pasado, destiló un resentimiento matizado. La corresponsabilidad de la directiva en la marcha de Ricky y las urgencias económicas aliviadas con la venta del crack movió a la hinchada verdinegra a comportarse con cierta indulgencia, con un sí pero no. Hubo pitos, sí, cuando Ricky asomó por la pista a calentar y dos pequeñas pancartas le saludaron así: 'Ricky, Judas'; 'De cerdo y de señor. Rubio: miserias'. Y cuando el base encabezó la comitiva azulgrana, tras es el descanso. Y, sobre todo, cuando la megafonía que tantas veces había tronado su nombre le alineó con el Barça y decenas de pulgares verdinegros apuntaron hacia abajo.

Ricky, con la serenidad que le define, apuntó con su índice hacia el cielo y amagó un saludo. Entonces, una pancarta con fondo verde le reprochó: 'Ricky desagradecido'. Y otra idéntica, casi al lado, matizó: 'Ricky siempre verdinegro'. Globos verdes tiñeron la grada y, al conocido grito de '¡pesetero, pesetero!', la afición verdinegra, muy numerosa, se preparó para jalear a su equipo.

Ricky, serio y concentrado, siguió a lo suyo. Pegó un par de botes antes de salto inicial y, a su espalda, surgió otro par de pancartas reveladoras. 'Ricky el rico ya no es perico', afirmaba la una; 'Las abuelas los crían; las madres las venden', rezaba la otra. Nadie desde el club hizo el gesto de retirarlas. Y ahí permanecieron hasta el final, cuando Ricky se quedó solo en la cancha para atender a la televisión y le llovió un nuevo chaparrón de pitos al que respondió con un tímido gesto de despedida.

La atronadora pitada que recibió su primera intervención se había ido diluyendo entre el abucheo generalizado hacia el Barça, inmune a la reprimenda. No se contagiaron sus compañeros del nerviosismo inicial de Ricky, autor de dos faltas en menos de cuatro minutos. Al repetido grito de '¡pesetero, pesetero!', la joya se sentó en el banco hasta el tercer cuarto y el Barça, muy acertado en el tiro exterior y atento al rebote ofensivo, aprovechó para acelerar hacia su 19ª victoria. Sin necesidad del brillo de Ricky ni de la mejor actuación de Navarro, los de Pascual amasaron una ventaja de 23 puntos (42-65), irrecuperable ya para la Penya, que apenas amagó un envite.

'Personalmente, esto ha sido más duro que Belgrado. Ha sido muy emotivo: he saludado a toda la gente que trabaja aquí y que quiero. Y dentro de la pista, te olvidas de la presión', confesó Ricky, que sumó siete puntos, seis asistencias y una de las valoraciones más altas del Barça. 'No era un partido fácil de llevar y lo ha hecho muy bien', le felicitó su técnico.

DKV Joventut (57): Valters (6), Tripkovic (8), Koffi (6), Eyenga (1), Hernández-Sonseca (5) -cinco inicial-; Tomàs (2), Tucker (8), Franch (7), Bueno (6), Bogdanovic (8) y Mario Fernández (0).

Regal Barcelona (81): Ricky (7), Basile (11), Mickeal (8), Vázquez (4), Lorbek (4) -cinco inicial-; Trias (2), Lakovic (3), Navarro (14), Ndong (8), Morris (5), Sada (2) y Grimau (13). Árbitros: Mitjana, Jiménez y Cortés. Sin eliminados.

Olímpic de Badalona: 11.121 espectadores.