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El silencio de Márquez

Marc cancela su vida pública para ser campeón de 125 cc 

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La rutina en el box de Márquez pretende engañar a los nervios. La misma sintonía de cada gran premio tras el entrenamiento. Charla de Marc con Patrick Unger, su telemétrico, y su manager Emilio Alzamora. Palabras que entremezclan mecánica y sensaciones mientras, al fondo, un ejército de mecánicos ejecutan sigilosa y armónicamente sus tareas en la Derbi. La aparente calma no impide, sin embargo, olisquear en el ambiente el final del rito de paso. La transición en el frente del carenado. Del 93 al 1.

'Marc ya no será el mismo si gana el domingo (por mañana) el título (le vale con ser octavo). Cuando uno se convierte en campeón del mundo, el tratamiento que te hace el resto de pilotos en pista varía. El aumento de pleitesía viene también acompañado de una mayor agresividad. Todo el mundo quiere ganarte para demostrar que es capaz de ganar al mejor', explica Alex Crivillé a este diario. Discurso que suena a futuro en el entorno del piloto de Cervera. 'Debemos centrarnos primero en hoy (por ayer). Después, irá mañana (por hoy). Después, en la carrera del domingo', admite Aki Ajo, director del equipo de Marc. 'Sólo así conseguiremos nuestro objetivo', insiste el finés, poco después de que Márquez confirmase el planning, combinando el segundo mejor tiempo en la suma de las dos sesiones libres.

'Hemos mostrado un buen ritmo y me he encontrado muy cómodo encima de la moto. Ahora sólo falta que mañana (por hoy) acabemos de pulir la puesta a punto de la moto para la carrera, porque quizás los reglajes no son todavía los mejores'. Marc lo explicaba con la naturalidad con la que ha encargado diez triunfos esta temporada. Del último, cargado de épica en Estoril, aún se comenta en el paddock. 'A mí me habrían traicionado los nervios, pero él tuvo sangre fría y lo arregló en dos curvas', sostiene Pedrosa.

Un triunfo que ha terminado de convertir a Márquez en un icono para el público. Como sucede habitualmente alrededor de los camiones de Lorenzo y Rossi, el motorhome del líder de 125 cc se convertía ayer en el punto de peregrinación de cazautógrafos, vip, despistados y aprendices de moteros. Las fotos en el camino entre su box y camión se sucedían como los actos en la agenda de Márquez. Una faceta pública que ha quedado en silencio hasta después de la carrera. Su reclusión comenzó tras aterrizar de Estoril, a principios de una semana en que no se ha dejado ver por las clases. 'Preferí estar tranquilo en casa, descansando, con los míos y escapándome únicamente al gimnasio y a entrenarme con la bici, y con mucho cuidado para no caerme y no hacerme daño', explica.

Desde su llegada a Cheste, el hermetismo se ha acrecentado para no distraerlo del objetivo. De hecho, ni Marc ni sus padres atenderán ninguna entrevista personal antes del Gran Premio. 'En estos momentos, queremos la máxima tranquilidad para el piloto', admiten desde el equipo Repsol, a quienes han llegado varias decenas de peticiones. 'Está bien protegerse porque los actos promocionales en un fin de semana desgastan mucho al piloto. Tienes que estar pendiente de citas que en un momento así es mejor aparcar', sostiene Crivillé. Así hizo él los días previos a su título Mundial de 500 cc en 1999. 'Como me pasó a mí', reconoce el propio Crivillé, 'estoy convencido de que está más nervioso el entorno que el propio Marc'. 'No se duerme tan a pierna suelta como siempre', admite Márquez, quien conoce la mejor medicina ante el estrés. 'Cuando estoy en la moto es el momento más relajado del día'. D

 

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