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La crisis del sexto banco español Santander saca partido del nuevo mecanismo de rescate europeo

La compra por un euro del Popular puede ser un solución limpia que evita el recurso a los contribuyentes y el caos financiero, pero otros bancos sentirán ansiedad.

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La presidenta de Banco Santander, Ana P. Botin, a su llegada a la rueda de prensa en la que ha anunciado la compra por un euro del Banco Popular. REUTERS/Juan Medina

La presidenta de Santander, Ana Botín, ha sido la primera entidad en aprovechar el nuevo marco regulatorio para el salvamento de entidades financieras europeas en apuros.

El banco español ha comprado Banco Popular por un euro tras convertirse en la primera entidad que es objeto de una resolución por parte de las autoridades europeas. Es una solución limpia que evita el recurso a los contribuyentes y el caos financiero, pero otros bancos sentirán ansiedad.

La Junta Única de Resolución (JUR) parecía irrelevante después de que varios bancos italianos recibieran inyecciones de capital estatal, aprovechando agujeros en las normas bancarias del continente. Con Popular, ha demostrado que tiene colmillos y que puede usarlos con rapidez. El banco estaba tratando de captar capital, pero la autoridad de resolución intervino cuando empezó a afrontar una crisis de liquidez. Con poca señal de contagio financiero, este caso alentará al regulador a actuar con rapidez en otras situaciones.

En líneas generales, parece un buen acuerdo también para Santander. Aunque el precio es de sólo un euro, el coste real son los 7.900 millones de euros de déficit de provisiones total que estima Santander.

La compra debería aportar un retorno de la inversión del 13%-14% en 2020 (por encima de la rentabilidad sobre recursos propios pronosticada hasta ahora por Santander para 2019, de alrededor de un 11%). Los riesgos: los accionistas que han participado en anteriores ampliaciones de capital de Popular podrían demandar a Santander, mientras que el balance de Popular podría resultar peor de lo previsto.

Un par de personas utilizan un cajero automático de una oficina del Banco Santander, en Barcelona, situada junto a una sucursal del Popular. REUTERS/Albert Gea

La lección real de la operación quizá esté en el manejo de los tiempos. La caída de Popular demuestra lo rápido que los bancos pueden desmoronarse y que lo pueden hacer de formas insospechadas. El difunto banco superó las pruebas de estrés el año pasado y su ampliación de capital fue bendecida por reguladores y banqueros. Los titulares de bonos Tier-2 o de capital de nivel 2, que estuvieron cotizando un 80 por ciento de su valor nominal, acabarán sin nada. Quizá se lo piensen dos veces antes de comprar este tipo de deuda en el futuro.

No obstante, la caída de Popular podría no resultar una guía perfecta para casos futuros. Era relativamente pequeño (en el ranking internacional) y estaba en un estado visiblemente peor que sus rivales en España. El crecimiento relativamente alto de la economía española facilita que otros bancos generen capital y explica la voluntad de Santander de expandirse. Extrapolar la resolución a contextos donde la banca está más débil o es menos rentable (digamos, Italia) podría ser complejo.