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Este lugar de la Mancha encanta

El municipio de El Toboso (Toledo) busca convertir su encanto en atracción turística

PANCHO TRISTÁN

Esto es El Toboso, uno de esos sitios a los que el cincel de la Historia y la vanidad de la naturaleza confirieron una belleza especial, un singular deje de encanto. Y después estuvieron Don Miguel de Cervantes, claro, y Don Quijote y también Sancho. Del escritor se cuenta que pasó por aquí como recaudador de impuestos y se marchó enamorado. Pero tampoco hay que extenderse demasiado en presentaciones. Bastante elocuente es el lema con el que pronto comenzará a ser promocionado el municipio: 'El Toboso: Patria de Dulcinea, cuna del amor'.

Por lo demás, todo normal. Este es un municipio toledano de unas 2.300 almas mal contadas y un alcalde del Partido Popular, Marciano Ortega, que tiene muchas ganas de hacer cosas durante éste su primer mandato. El alcalde proclama una verdad triste que podrían suscribir la gran mayoría de los regidores de los municipios pequeños y rurales de España, que son al fin esa gran mayoría de los muncipios del Estado que sólo aparecen en televisión cuando las cámaras de España Directo se van a la caza de algún suceso o del nacimiento del increíble niño de siete cabezas y nueve dolores. Habla el alcalde: 'Jóvenes, la verdad es que no nos quedan. Éste es un pueblo donde hay una muchos mayoría de mayores. Aquí no hay una industria y los jóvenes se van a otros pueblos a trabajar. El Toboso es un pueblo agrícola y ganadero'.

Pero a uno le da pereza ir al Toboso y hablar de estas cosas. Prefiere recuperar esa otra afirmación del regidor según la cual algunos vecinos del pueblo están cabreados con Cervantes. Viene a suceder, explica Ortega, que esa exaltación del amor más puro y loco que realizó Cervantes habría generado en el pueblo una cierta pasión por la fantasía. Y que ahí comenzó la postración del municipio, mientras los pueblos vecinos crecían libres de diletancias. Y los jóvenes que continúan yéndose. Pragmático y realista, el alcalde Ortega va con el mazo dando y también aprovecha,a propuesta de Público, para hacerle una petición al próximo presidente del Gobierno: 'Hay que cambiar la financiación de los pueblos, porque dependemos mucho de las diputaciones y de las autonomías, y no siempre son neutrales -con respecto a la identidad de siglas políticas- al repartir los fondos'. A menos de cien metros del discurso del alcalde, espera hermosa la casa en la que vivió Dulcinea.

Y es que, con postración o sin ella, pasear por El Toboso es sumergirse en lugar diferente y singular. Hay en las esquinas de las calles frases de Cervantes escritas con letras de metal, hay tres conventos, hay una serie de pozos antiquísimos, hay enormes casas manchegas que ocultan tesoros arquitectónicos. Como la casa de Dulcinea, que realmente se llamó Ana Zarco, según dicen. Y esa Ana Zarco era la única hermana de Esteban Zarco y ni Cervantes ni ningún otro pudieron acercarse a ella. Para llegar a su cuarto, al de ella, había que atravesar el de Esteban.

Un día él murió y Ana Zarco, aún soltera, fue a refugiarse a una de esas casonas de monjas en las que se encerraban para siempre las mujeres que sufrían fracasos amorosos o cuyos padres querían desaparecer para evitar deshonras. Y la amada Dulcinea terminó sus días en el rincón de las víctimas del desamor.

Así es El Toboso. En este pueblo pequeño hay tres grupos de teatro, un sinfín de fiestas y un Cristo negro como patrón: el Cristo de la Humildad. Dice el alcalde que quiere atraer más turismo. No le ayudan demasiado. En la autovía de más reciente construcción, ni siquiera hay una señal que diga que allí está la tierra de Dulcinea, cuna del amor.

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