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15-Ocupación

Los indignados aceptan la toma de edificios de bancos e inmobiliarias

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'Es una reacción, una necesidad. No nos estamos convirtiendo en un movimiento okupa'. Asun García, desempleada e indignada, no tarda ni tres segundos en encontrar una razón que explique por qué ha aumentado en los últimos meses la toma de edificios para, en algunos casos, acoger en ellos a personas sin recursos o que han sido desahuciadas de sus viviendas. El 15-M no está detrás de todas estas ocupaciones, ni puede decirse que todas las personas que integran el movimiento que se caracteriza por su pluralidad apoyen esta acciones, si bien hay un alto grado de aceptación.

Jorge Linares, de 26 años, es uno de los beneficiados por estas ocupaciones. Hace unos días se trasladó a vivir al último edificio 'liberado', un inmueble sin estrenar, propiedad de La Caixa, ubicado en Malasaña, uno de los barrios de moda de la capital. A su nueva casa ya ha llevado un par de sofás, dos colchones y unas maletas donde guarda sus pocas pertenencias. Viene de una familia conflictiva y desde los 16 años es independiente. Ha trabajado de fontanero, albañil o frutero. Se quedó en paro hace meses y ya ha agotado todas las prestaciones. 'Hace tiempo me habría dado reparo ocupar, pero ahora no. En la calle me habría convertido en un indigente. Si no tienes casa, no consigues trabajo, es una espiral', explica.

'Hace tiempo me habría dado reparo ocupar, pero ahora no'

Luis y Kristian fueron los que 'echaron el ojo' a este bloque y los primeros que entraron en la noche previa al 20-N. Entonces, muchos de los indignados que estaban en Sol para celebrar una jornada de reflexión 'colectiva' acudieron a darles su apoyo. Ellos sí pertenecen al movimiento okupa y simpatizan con el 15-M, aunque no participan en él. 'No puedo ver a familias con niños en la calle, me da igual jugarme mi libertad', apunta Luis, que tiene 19 años y se gana la vida haciendo malabares en la calle. 'Mientras una familia tenga techo, me da igual estar tres días en el calabozo', insiste Kristian, que trabajaba como educador en el Samur Social antes de que llegaran los recortes. Ahora, Jorge, Luis y Kristian son vecinos en la misma planta de este bloque, en el que también hay alojadas diez familias que han sido desahuciadas.

Precisamente para ayudar a las personas que tienen problemas para tener una casa, los indignados crearon la Oficina de Vivienda, instalada en el ocupado Hotel Madrid. Un edificio reconvertido ahora en centro social y en espacio de alojo temporal para desahuciados y personas sin hogar y que tiene entre 80 y 100 inquilinos. Este grupo trabaja en un proyecto que tiene como finalidad la ocupación de viviendas vacías de propiedad pública o que pertenecen a bancos o inmobiliarias.

'Mientras una familia tenga techo, me da igual estar tres días en el calabozo'

Alfonso Gómez es informático y forma parte del aproximado medio centenar de personas que colabora asiduamente en la Oficina de Vivienda. Asume que la ocupación crea dilemas, 'aunque nunca en términos de legitimidad'. Pero ¿cómo es la convivencia en estos edificios? 'Reunimos a las personas por grupos de afinidad, a veces surgen problemas, pero intentamos solucionarlos a través de la mediación. Hemos establecido normas como, por ejemplo, la prohibición de consumir drogas o alcohol', asegura Alfonso.

Los indignados aseguran que el sistema asambleario por el que se rigen estos edificios tampoco crea demasiados problemas. 'Es fascinante ver lo rápido que la gente asume ciertas pautas. Ocurre algo similar a lo del campamento de Sol', explica Alfonso.

Las ocupaciones de Madrid no son las únicas que se han producido al calor del 15-M. Hay inmuebles tomados en Barcelona, Sevilla, León, Granada o Santiago.