Publicado: 26.03.2014 07:00 |Actualizado: 26.03.2014 07:00

Enrique Flores, el diarista que ilustra la rabia

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Enrique Flores (Badajoz, 1967) dibuja para no olvidar. Saca de la mochila un rotulador, como otros desenfundan un cigarro, y lo prende con la página en blanco de un cuaderno. "Tengo muy mala memoria y necesito plasmar el momento para acordarme luego de las personas que voy conociendo", alega este ilustrador extremeño adoptado por otro Madrid, aquel de Tierno. "La ciudad ha ido a peor", recapitula cinco alcaldes después. "He sufrido los gobiernos del Partido Popular, que la han convertido en una capital mucho más triste". Mientras insufla vida al papel, recuerda cómo la urbe fue griseando y evita reflejarse en el escaparate del kilómetro cero, "un centro comercial para guiris y gente con pasta" donde ha calado el eslogan "compra y vete".

En la primavera de 2011 hubo un interregno. La Puerta del Sol se declaró soberana, miles de personas ocuparon la plaza y él trazó con pinceles de agua su relato personal del 15-M. "Casualmente, vivía allí y me interesé por aquella gente que se reunía para hablar de sus problemas. Dibujar es una forma de entender lo que me rodea", sostiene el autor de Cuaderno de Sol, una selección de sus trabajos bajo las carpas que lo invistió como retratista oficioso de la revolución de mayo. "No inventó la rueda, pero politizó a muchos ciudadanos que antes se quedaban en casa, por lo que será recordada como el catalizador de la protesta", cree Flores, cuyas acuarelas siguieron la estela contestataria de las asambleas, manifestaciones y mareas que vendrían después.

Decenas de libretas que saturan su estudio y tratan de hacerse un hueco entre cuadernos de viajes, que atestiguan su condición de trotamundos. "Antes dibujaba mucha arquitectura, pero terminó agobiándome pintar cosas muertas", confiesa este diarista incapaz de mantener una conversación sin dejar huella en su diario ilustrado. "El dibujo es un lenguaje poderoso, antiguo y universal", explica Flores. Frente al esbozo húmedo de la acuarela, la dureza del objetivo fotográfico. "El retrato invita a la conversación y despierta simpatías en el prójimo, mientras que la cámara resulta más agresiva y fugaz. En estos tiempos de vértigo, la pausa es buena, porque te permite hablar con el otro".

Criado en San Vicente de Alcántara, estudió diseño gráfico en Londres tras licenciarse en Bellas Artes por la Complutense. Su currículo alza el vuelo en una agencia publicitaria, que pronto abandonaría para dedicarse a la ilustración. "Una profesión muy precaria, aunque peor están los poetas", ironiza este extremeño barbado, que presta sus colores a editoriales y diarios. "España tiene mucho nivel en ilustración de prensa, pero a veces adolece de originalidad por no pensar más de cinco minutos en la idea", concluye Flores, antes de mimetizarse en el granito hostil de la plaza. "Donde antes había fuentes, ahora hay stands de empresas. Llevo muy mal que me roben ciudad".