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No es país para referendos

Los expertos piden mecanismos que aumenten la influencia de los ciudadanos en los asuntos públicos

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La ausencia de ratificación mediante referéndum de la reforma de la Constitución por la que se limitará el déficit de las Administraciones públicas ha abierto el debate sobre la influencia real de la voluntad de los ciudadanos en aspectos que afectan al desarrollo de la sociedad.

La demanda de más participación es una de las banderas del Movimiento 15-M, pero no es una reivindicación nueva. Antes que el movimiento de los indignados, sindicatos y otras organizaciones de la sociedad han demandado durante años mayores cotas de influencia popular. A pesar de la presión popular que se ha ejercido en algunas ocasiones, la historia de la democracia española no arroja datos demasiado alentadores. Desde el año 1976 sólo se han celebrado cuatro referendos a nivel estatal y siete en varias comunidades, todos ellos sobre asuntos relativos a la autonomía.

En tres décadas de Constitución sólo ha habido dos consultas estatales

Entonces, ¿dónde surge este recelo de la clase política a someter a consulta pública determinadas cuestiones? 'Desde su posición de privilegio, a todos los políticos les da miedo ampliar el debate', asegura Ariel Jerez, profesor de Ciencia Política de la Universidad Complutense. Fermín Bouza, catedrático de Sociología, lo ejemplifica de manera muy sencilla: 'Los referendos tienen el defecto de que se pueden perder. Los políticos tratan de crear el menor número posible de situaciones de riesgo', asegura. En el caso de la negativa de PP y PSOE a someter a consulta la reforma exprés de la Constitución, Bouza observa más perjuicios que beneficios. A los socialistas, además, les augura un mayor coste político y electoral.

Los expertos recomiendan echar la vista atrás y buscar las razones de este recelo en la herencia de una dictadura que se alargó durante casi 40 años y en una Transición hecha desde la desconfianza en la madurez de los ciudadanos. 'En 1978, los constitucionalistas quisieron evitar que hubiera muchas posibilidades de referendos. No había confianza en que el pueblo español hubiera asumido la cultura democrática', asegura Carlos Vidal, profesor de Derecho Constitucional de la UNED, quien piensa que, 33 años después, este texto debería cambiar. 'La Constitución debería actualizarse para respaldar la capacidad de decisión del pueblo', asegura.

Los expertos creen que hay una cultura política obediente y carente de crítica

Francisco Palacios, profesor de Derecho Constitucional de la Universidad de Zaragoza, insiste en la misma idea. 'Resulta muy poco democrático que en 33 años de Constitución sólo haya habido dos consultas y resulta muy poco constitucional que no se haya establecido ninguna normativa que propicie la participación', asegura.

Ariel Jerez, por su parte, aparca la legislación para buscar en la represión de la dictadura las razones de la falta de cultura política de los españoles. 'Hubo tres generaciones que vivieron en un contexto regresivo, por eso España adolece de un exceso de cultura obediente y de falta de pensamiento crítico', asegura. Palacios, sin embargo, vuelve a poner el foco en los políticos. 'La cultura política se adquiere con su ejercicio, los ciudadanos se interesarían más por las decisiones públicas si pudiera participar en la toma de esas decisiones y si los poderes públicos les dieran mayores herramientas formativas e informativas', sostiene el profesor.

Lo cierto es que la historia de la democracia española arroja unos datos poco alentadores. En los cuatro referendos que se han hecho desde 1976, la participación ha ido descendiendo de manera sensible. Más del 77% de los españoles participaron en la consulta sobre el proyecto de ley para la reforma política de 1976, un 10% más que en el referéndum sobre el proyecto de Constitución de 1978. En 1986, la permanencia de España en la OTAN también fue sometida a una consulta en la que participó el 59% de la población.

'España adolece de un exceso de cultura obediente', opina Jerez

En las consultas celebradas sobre los proyectos de creación o reforma de los estatutos de autonomía de Euskadi, Andalucía, Catalunya y Galicia en ninguno de los casos la participación superó el 65%.

Para los expertos consultados, esta circunstancia no es un problema de indiferencia, sino de carencia de interés en sí mismos de los asuntos sobre los que se preguntó a los ciudadanos, así como de falta de información. 'No es una cuestión de apatía política, sino de no querer participar, a toque de corneta, sin formación para saber qué se pregunta y sin información suficiente sobre lo que se pregunta', asegura Palacios, que pone de ejemplo el 15-M como movimiento que ha llevado a las calles sus demandas de mayor participación ciudadana en las decisiones políticas.

Bouza, sin embargo, se decanta por la falta de atractivo de algunas de las cuestiones sometidas a referéndum en España hasta la fecha. 'La gente confía en que las vanguardias políticas decidan por ellos cuando el tema no les seduce demasiado', explica.