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Acuerdo nuclear El futuro de Irán, cada vez más negro

Casi cuatro décadas después de la revolución islámica del imán Jomeini, Irán se encuentra en una gran disyuntiva que le enfrenta a Estados Unidos. Los iraníes han depositado su confianza, una confianza limitada, en la Unión Europea, pero la amenaza de las sanciones económicas prometidas por Washington pone en peligro el futuro del régimen de Teherán.

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El presidente de Irán, Hassan Rouhani, en una imagen de archivo. Arif Hudaverdi Yaman/Reuters

Las demandas de Estados Unidos e Israel son numerosas y sólo algunas de ellas pueden ser satisfechas por Teherán. Incluyen finalizar el programa nuclear a perpetuidad, permitir el acceso de inspectores a todas las instalaciones nucleares, poner fin al programa de misiles balísticos, acabar con la ayuda a grupos considerados “terroristas” como Hamás o Hizbolá que están en conflicto con Israel, acabar con el apoyo a las milicias chiíes, acabar con el apoyo a los Houthis de Yemen, o evacuar todas las fuerzas chiíes de Siria.

La mayoría de estas demandas no pueden ser aceptadas por Teherán, pero aún en el caso de que lo fueran, todo indica que los estadounidenses pondrían sobre la mesa nuevas demandas puesto que lo que Washington e Israel pretenden es acabar con el régimen islámico, que ahora mismo es el principal obstáculo para el dominio completo de Israel en Oriente Próximo.

En estas circunstancias, el papel que puede jugar la Unión Europea es simbólico. Bruselas y las principales capitales europeas han expresado su apoyo al acuerdo nuclear de Barack Obama, pero su capacidad de maniobra es muy reducida. Los europeos están manteniendo reuniones intensas con los responsables iraníes, aunque el margen de estas operaciones es estrecho.

Las empresas europeas que desde la firma del acuerdo nuclear, en 2015, establecieron negocios en Irán, han sido amenazadas por las sanciones que la nueva administración de Estados Unidos ha prometido aplicar contra ese país. Aunque algunos líderes europeos han expresado su intención de compensar a dichas empresas, esta es una circunstancia que solamente beneficiaría a una pequeña parte de empresas, y en ningún caso a las mayores.

Las amenazas de Estados Unidos han subido de tono este lunes, cuando el secretario de Estado, Mike Pompeo, ha prometido que Irán deberá elegir entre salvar su economía o continuar con su política exterior en Oriente Próximo. Los dirigentes iraníes se están preparando para lo peor y las amenazas de Estados Unidos están jugando a favor de las corrientes iraníes más radicales.

Las posibilidades de un conflicto armado parecen ahora remotas pero no pueden descartarse si se tienen en cuenta los vínculos del consejero para la Seguridad Nacional, John Bolton, y del secretario Mike Pompeo con los dirigentes israelíes radicales, que lógicamente no ocultan su satisfacción.

El papel que Teherán juega en la región, a diferencia de lo que ocurre en el interior de Irán, es altamente positivo para la estabilidad de Oriente Próximo y para contar con el desarrollo de las minorías chiíes que sistemáticamente han sido aplastadas por las mayorías suníes. Esto es así en Líbano, Yemen o Siria, por más que Arabia Saudí e Israel digan lo contrario.

Desde luego, los rivales de Irán que luchan por obtener una hegemonía regional, como es el caso de esos dos países, no ven las cosas de esta manera. Arabia Saudí está invirtiendo una enorme cantidad de dinero en esa dirección en los países mencionados y cuenta al efecto con el apoyo político de Israel, y con el apoyo de Bolton y Pompeo.

Hace sólo unos meses se reveló que Bolton instó a Israel a lanzar una guerra unilateral contra Irán durante el mandato de Obama, una sugerencia que entonces fue rechazada por los israelíes. En Israel lo que se busca es que sean los Estados Unidos los que inicien y financien una guerra contra Irán, o que por lo menos impongan sanciones muy duras contra el régimen islámico de manera que la situación económica fuerce un golpe de estado o una guerra civil. Esta misma política la ha aplicado Israel en la Franja de Gaza sin éxito y con un elevado coste humanitario para la población civil.

Puede decirse que, a diferencia de lo que ocurre en Irán, Teherán no se inmiscuye en el fundamentalismo de los grupos a los que apoya en Oriente Próximo. Quizá pueda parecer lo contrario en el caso de Irak, donde hay una mayoría chií. Sin embargo, son los iraquíes quienes tratan de desarrollar sus propias políticas en lo tocante a la religión, y no Irán.

Esto se ve con claridad en Líbano, Siria y Yemen. Hizbolá, por ejemplo, es un partido religioso, aunque en ningún caso intenta imponer la religión sobre quien no la desea, a diferencia de lo que ocurre en Irán. El fundamentalismo iraní con las mujeres es característico de ese país, pero no es característico en Líbano o Siria, donde existe una rigurosa libertad en esta cuestión capital.

Las sanciones que Washington piensa aplicar contra Irán empezarán en noviembre próximo. Hasta ahora Europa ha dado un apoyo político al acuerdo y será más difícil que dé un apoyo económico, aunque así lo han prometido los responsables de Bruselas. El monto de las inversiones europeas en Irán asciende a los 23.000 millones de euros. Irán desea que se incremente hasta los 100.000 millones para reactivar la economía, pero con las amenazas de Estados Unidos es muy posible que a partir de ahora se reduzca. Esto contribuirá sin duda a crear inestabilidad en el país.